Ciudades

Faltan frazadas y afectados por tubería sufren frío en las carpas

Los damnificados por la rotura de una tubería de alta presión de EPSAS apenas pudieron dormir en las carpas. Son 150 personas las que se quedaron sin techo

Campamento. Hasta ayer, Defensa Civil había armado 13 carpas de campaña que cobijan a residentes de 26 viviendas que sufrieron el golpe de agua.

Campamento. Hasta ayer, Defensa Civil había armado 13 carpas de campaña que cobijan a residentes de 26 viviendas que sufrieron el golpe de agua. Alejandra Rocabado.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Quispe / La Paz

03:27 / 06 de junio de 2015

Las frazadas no alcanzaron y  el intenso frío castigó a los refugiados en las carpas, otros durmieron a la intemperie cerca de sus casas afectadas. Así pasaron la primera noche los 150 damnificados por la rotura de una tubería  de EPSAS en Valle de las Flores.

La noche del jueves y madrugada del viernes, el termómetro bajó hasta los cuatro grados en La Paz, según el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), pero dentro de las tiendas con las que Defensa Civil habilitó un campamento la sensación del frío invernal fue mayor.

“No pudimos dormir porque entró mucho frío por el suelo. Los colchones no alcanzaron, apenas fueron cuatro y en mi casa vivíamos siete personas. Mis tres hermanos durmieron cerca de nuestra casa que se vino abajo. Además no hay frazadas”, describió Vicky (no quiso dar su apellido), una de las afectadas.

A las 23.45 del miércoles una cañería de alta presión de la Empresa Pública Social de Agua y Saneamiento (EPSAS), que aprovisiona del líquido a una decena de barrios del sur, reventó y causó graves daños en al menos 26 casas del área que paradójicamente no tenía el servicio. El siniestro ocurrió en el sector B de este barrio, donde hay vertientes y aguas subterráneas, que se encuentra a unos 500 metros del lugar donde el megadeslizamiento de febrero de 2011 enterró  a cerca de 400 viviendas. 

Mientras los cinco heridos evacuados al hospital Arco Iris se recuperan, los afectados trataban ayer por segundo día consecutivo de recuperar lo poco que quedó después de que el potente chorro de agua derrumbara paredes, puertas e inundara las habitaciones hasta el techo.

“Estas carpas tienen separaciones, pero el frío entra igual por abajo. Nadie pudo dormir, porque no es lo mismo que descansar en tu propia casa. Ya son casi las diez de la mañana y nadie puede lavarse al menos la cara, porque no hay agua”, contó Lucio Choquetancara, cuyo inmueble es uno de los 26 que resultaron más dañados.

Un día después del nuevo desastre que castigó a Valle de las Flores, personal del Ejército y funcionarios del Ministerio de Salud se apersonaron hasta el campamento, pero los damnificados pedían frazadas y ropa para abrigarse. “¡Mire cómo quedaron nuestras ropas, todas están llenas de barro!  Hay que secarlas y después lavarlas, pero con qué agua”, se preguntaba Julia Choque, en tanto desplegaba una pollera cubierta de lodo para que se seque al sol. “No tenemos ropa, ojalá puedan ayudarnos”, dijo mientras buscaba sus prendas en el lodo.

Cerca de las 10.30, una camioneta edil cargada de papel higiénico, pañales para los niños y kits de aseo llegó al playón de la manzana B donde se halla el refugio. 

Ayuda. “Nosotros estamos apoyando nomás, porque se está haciendo cargo EPSAS, pero igual trajimos frazadas, colchones y kits de aseo personal, pero falta ropa. Si la población quiere donar, puede llamar al 800-10-4100 o al 2319905 del Brazo Social de la Alcaldía”, indicó José Luis Gámez, uno de sus responsables.

La empresa del agua les proporcionó desayuno, almuerzo y cena, aunque más de uno se quejó de que las raciones no alcanzaron para todos.  Los funcionarios ediles esperaban organizar a los perjudicados para que puedan cocinar sus alimentos en una olla común con los utensilios provistos por la Alcaldía. “No podemos cocinarnos (sic) nada porque hasta las hornillas de las cocinas se han perdido”, apuntó Teresa Loza.

Otilia Blanco caminaba ayer sin cesar: primero buscaba a los vecinos, que intentaban rescatar sus pertenencias con la ayuda de personal de la Secretaría Municipal de Gestión Integral de Riesgos, después mostraba a ejecutivos de EPSAS los daños que su casa había sufrido y finalmente intentaba organizar una asamblea de los afectados para presentar un pliego de peticiones a la empresa.

Blanco junto a Teresa Loza, Hilda Choque y Lucio Choquetancara forman parte de la comisión que representa a los 150 afectados, cuya primera labor es elaborar la lista de los damnificados. Un recuento preliminar da cuenta de que son 150 personas, que pertenecen a entre 26 y 30 familias afectadas, entre ellas diez inquilinos.

Entre los damnificados se encuentra Daviana, de 13 años, quien sufre de síndrome de Down. La adolescente durmió en las heladas carpas y la mañana de ayer intentaba calentarse con los rayos solares mientras cuidaba la ropa mojada y llena de barro que su familia rescató y puso a secar.

Iván Sarmiento, jefe de Infraestructura de EPSAS, confirmó que la firma se encargará de la alimentación de los afectados y explicó que están en constantes reuniones con ellos. “Se firmó un compromiso con los vecinos y desde ayer estamos cumpliendo lo prometido con desayuno, almuerzo y cena para todos”, aseguró.

La tarde del viernes y tras horas de negociaciones, los afectados suscribieron un acuerdo con EPSAS, que se comprometió a correr con los gastos de reparación o reconstrucción de los 26 inmuebles y  los de curación de los heridos; a instalar piletas comunales para los moradores de Valle de las Flores y a trasladar el ducto de agua que abastece a parte del sur.

Datos del día después

Registro

Un fotógrafo del Semgir tomaba fotos a los daños que sufrieron las 26 casas, mientras familiares intentaban sacar de entre el lodo y las paredes caídas algunas pertenencias. “Hasta mi teléfono quedó sepultado, no puedo comunicarme con nadie”, dijo afligido un damnificado.

Apoyo

El Gobierno Municipal de La Paz coadyuva  en el tema operativo, además hace la evaluación geológica y estructural de las viviendas respecto a los daños sufridos. EPSAS aún cuantifica a cuánto ascienden los daños.

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