Ciudades

Nueve cines cerraron en El Alto por el crecimiento del video

Decadencia. La piratería y la falta de normativas también contribuyen a la caída

Abandono. El cine Fanola se encuentra vacío, los propietarios realizarán refacciones en él.

Abandono. El cine Fanola se encuentra vacío, los propietarios realizarán refacciones en él. Miguel Rivas.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Rivas / El Alto

00:00 / 20 de abril de 2015

Nueve cines de El Alto que operaron desde los años 60, cerraron debido a la proliferación de películas en formatos de uso doméstico, lo que generó que las salas sean poco concurridas y estos negocios den pocos réditos económicos, que no cubren el costo de operación.

En orden de aparición, Pedro Domingo Murillo, El Alto, Alfonso Ugarte, Pacajes, Fanola, Raúl Salmón, el salón múltiple de la parroquia Cuerpo de Cristo, Ross, y uno sin nombre, son los que, según los propietarios, debido a la incursión de los diversos formatos domésticos terminaron con las proyecciones de sus salas.

El padre Sebastián Obermaier, que también tuvo la iniciativa de crear una sala de proyección, dijo que las nuevas películas fueron creadas con argumentos de violencia y mucho sexo por lo que había poco de dónde escoger para ser difundidas, sumado al hecho de que la gente comenzó a comprarse los videos piratas e incluso ahora existe el sistema por cable.

En la dirección municipal de Recaudaciones y Políticas Tributarias de El Alto existen registradas 97 actividades relacionadas a los servicios de distracción audiovisual, de las cuales 88 son club de videos, siete cine videos y dos denominados “apivideos”. La directora de la Cinemateca Boliviana, Nela Márquez, aseguró que el cierre de los cines, responde a una suma de factores.

“Entre esos aspectos hablamos de la piratería, y El Alto es la capital de la piratería, también está la nueva forma de consumir cine, que en realidad es ir de compras a un centro comercial y de paso ver películas”, explicó. Márquez dijo que hace falta una ley que norme la apertura o cierre de teatros y cines en Bolivia. “En otros países si se cierra un teatro no se puede abrir en el lugar un supermercado, el teatro debe ser siempre un teatro y eso ayuda a preservar la cultura de un pueblo”, aseveró.

El primer cine que apareció en El Alto es Pedro Domingo Murillo, frente a la Base de la Fuerza Aérea, en la avenida Juan Pablo II, así lo comenta Jesús Pérez, quien siguió de cerca la aparición de los cines. “Éste se abrió en 1960, aproximadamente, la sala sigue, pero fue alquilada a grupos religiosos”, agregó.

Tres años después se abrió cine El Alto, en el sector de donde fue instalada la antena de canal 7, pero era un domicilio adaptado con una sala grande. También se abrió el cine Alfonso Ugarte, en la avenida del mismo nombre en la zona 16 de Julio. “Luego en 1965 mi papá, Víctor Pérez, con su indemnización de jubilación logró instalar el cine Pacajes en la zona Villa Dolores”, expresó Pérez.

En 1969 comienza la construcción del cine Fanola, así lo explica Dino Fanola. “Mi padre, Mario Fanola, tenía un sueño y lo hizo realidad y se convirtió en un cine conocido”. La suerte de los cines cambió con la aparición de los nuevos formatos, la televisión y posteriormente el sistema por cable, ahora las salas no reciben más público cinéfilo, sino más bien fueron adaptadas para congregaciones religiosas o galerías.

Venta de CD en la Ceja

El sector de la Ceja es el punto de mayor venta de películas en CD. Se pueden observar tiendas, kioscos, puestos callejeros y se pueden encontrar las últimas producciones cinematográficas.

Ahora son patrimonio cultural de la ciudad

Si bien no existe una normativa que haya determinado nombrar o calificar como patrimonio a los cines o excines de El Alto, los propietarios de estas salas aseguran que aportaron a la cultura y a sus zonas en esta área. “No hay que olvidarse que las películas no son solo extranjeras, también tuvimos difusiones de filmes nacionales y de los mejores, porque la producción nacional es muy exquisita”, expresó Dino Fanola, propietario heredero del excine Fanola de Ciudad Satélite.

El exdirector de Cultura de la Alcaldía Ivar Iriarte aseguró que los cines y sobre todo las máquinas y las cintas de proyección deben ser considerados como un patrimonio. “Los espacios han sido importantes en su momento, las personas detrás de cada una de las salas y lo que dejaron para la ciudad, se debe preparar una norma que considere estos aspectos relevantes”, agregó. La directora de la Cinemateca, Nela Márquez, dijo que las salas de cines eran un espacio social. “Era como un rito, un evento social diferente, esperado con otro significado y se debe retomar ese sentido, porque su esencia es otra y se ha desviado”, afirmó.

Salas son alquiladas a religiosos

Una de las características de las salas de cine que se cerraron, es que éstas ahora son utilizadas en el 80% por congregaciones cristianas. Mario Ross, quien abrió un cine con su apellido en 1990, y tras la baja de público en los siguientes cuatro años, se vio en la obligación de cerrar su negocio y alquilar el salón para eventos sociales. “En la actualidad, un grupo cristiano paga alquiler por el espacio, se hacen eventos de esta congregación”, dijo.

La directora de la Cinemateca, Nela Márquez, aseguró que estos grupos no católicos, prefieren alquilar los ambientes a construir unos nuevos. La no actualización y modernización de los aparatos y las salas ha provocado también el cierre y la apertura de otro tipo de cines, como el que se abrió en el supermercado Hipermaxi de Ciudad Satélite, denominado Cinema Gran Plaza proyectado en 3D.

Opiniones

‘Es un patrimonio de El Alto y la zona’: Dino Fanola, Cine Fanola

Mi papá tuvo la inquietud de hacer un cine en los años 60, cuando empezó el boom de las salas de cines en La Paz. surgió la posibilidad de hacer realidad sus sueños, a través de la compra de unos terrenos a Conavi en Ciudad Satélite. A partir de 1969 comienza la construcción del cine en el terreno y empieza a hacerse una serie de estructuras, y mi papá tuvo la precaución de que sea antisísmica que fue corroborada por la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), es una estructura flotante que ha sido diseñada por mi papá para soportar todo el peso del techo y permita la seguridad de 1.000 personas.

Se tardaron seis años en construir el cine y mi padre tuvo el emprendimiento de adaptar las máquinas proyectoras y fabricar las butacas, ejercer su sueño. No recuerdo cuál fue la primera película que se proyectó, pero sé que fue en 1975 y la última fue en 1992. La película más taquillera fue la primera versión de Furia de Titanes. Luego se convirtió en una actividad económica no rentable, mi papá en algunos casos tenía que proyectar con dos personas dentro de la sala.

‘Levantó la sala con la indemnización de su  jubilación’: Jesús Pérez, Cine Pacajes

El nombre de Pacajes se debe a que mi padre, Víctor Pérez, es de la provincia que lleva ese nombre, él trabajaba en ferrocarriles y tras su jubilación recibió el dinero de indemnización lo que le permitió, con su visión, edificar la sala y comprar las proyectoras. Mi padre no era experto en el tema, aún, por eso compró unas proyectoras de 16 milímetros (mm) cuando las películas eran de 35 mm, por eso tuvo que asociarse con otra persona y convertir las máquinas a ese sistema.

Fueron pasando los años y la gente se fue ausentado, por la curiosidad de la televisión, luego aparecieron otros aparatos donde ofrecía una nueva manera, más cómoda de ver películas y en casa con la familia entera. Entre 1987 y 1988, el cine cerró, quisimos reactivar, bajo la premisa de que se trataba de una herencia y un legado de mi padre, pero para poder modernizar todo hacía falta entre $us 30.000 y $us 40.000, un costo muy elevado sin la garantía de tener un público masivo permanente. La maquinaria la tenemos en casa, como una reliquia, están archivadas y estamos analizando qué podemos hacer con todo lo que era del cine Pacajes. ‘Hemos tenido baja de público, pero también  estafa’: Mario Ross, Cine Ross

El cine se abrió en la zona Paraíso, delante del centro gastronómico El Carmen, aunque todos conocen el lugar como Villa Adela, comenzó a bajar la presencia de la gente, pero también influyó en su crecimiento de que las personas que cobraban estafaron con las entradas. Me di cuenta de esta situación porque una sobrina que llegó de Canadá me ayudó una vez en el cobro de las entradas y me reportó el doble de lo que me daban los empleados y entonces detectamos que había estafa. En sus inicios, la sala del cine se llenaba de gente. La primera película que se emitió y tuvo gran éxito fue Duro de matar  con el actor Bruce Willys, la gente pidió que siga y lo concedimos, eso sucedió en 1990.

Las máquinas que compré en esa oportunidad eran del cine París, incluso las butacas que aún las conservo, tiene una capacidad para 700 personas. La erogación de gastos desde el hecho de traer los tambores y los rollos de películas, hasta el pagar al personal, los servicios básicos, y otros temas de mantenimiento, no justifican porque los ingresos comenzaron a ser mínimos con el ausentismo.

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