Ciudades

Jóvenes que huyen de casa usan alojamientos alteños como refugio

La Policía alteña identificó a alojamientos clandestinos de la Ceja que sirven para este fin, incluso hay denuncias de que muchachas se prostituyen para dormir en estos sitios

Inseguridad. Un grupo de adolescentes ebrias y drogadas en una calle de la ciudad alteña.

Inseguridad. Un grupo de adolescentes ebrias y drogadas en una calle de la ciudad alteña. La Razón-Archivo.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Rivas / El Alto

04:02 / 27 de octubre de 2014

Adolescentes que huyen de sus hogares utilizan alojamientos, que proliferan en la Ceja de El Alto, como refugios. También usan casetas de los cajeros automáticos, pero en menor proporción. Ellos son reportados por sus padres como desaparecidos.

Melany A. G., de 16 años, fue reportada como desaparecida el 2 de septiembre. Sus progenitores la buscaban con desesperación, pero 24 días después, en un operativo policial del llamado Plan Chachapuma, se la encontró en un alojamiento clandestino. La institución del orden creyó que se trataba de un caso de trata y tráfico, ya que en el lugar hallaron además a otra menor, igualmente reportada como desaparecida, y a otras 11 adolescentes de entre 14 y 17 años.

“Pero no era así. El problema de Melany es de conducta, porque ella ya consume sustancias controladas”, explicó la cabo Betty Nina, una de las oficiales de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) de El Alto, de la División Trata y Tráfico de personas.  De acuerdo con la Policía, hay jóvenes que escapan de sus casas y buscan como una opción de refugio a alojamientos de la Ceja, donde pagan Bs 5 por un pequeño espacio en el que se halla tendido un colchón de paja.

Prostitución. Además, se reportaron casos de muchachas de entre 13 y 17 años que se prostituyen para poder dormir en un alojamiento. Llegan de la calle con una pareja, quien paga el uso de la habitación. Así lo reveló la jefa del área de Defensorías de la Niñez y Adolescencia de El Alto, Lourdes Flores,  

En la Ceja proliferan alojamientos clandestinos, lo que preocupa a vecinos de este sector. Por ejemplo, el presidente de la zona 12 de Octubre, Juan Carlos Gonzales, aseguró que se realizará un censo vecinal para conocer el tipo de negocios que operan en el barrio, aparte de la cantidad de población con la que cuenta este barrio.

“Esta actividad la realizaremos porque nos preocupa la proliferación de bares, cantinas, alojamientos ilegales, lenocinios clandestinos, que están atentando contra la moral de los niños, niñas y adolescentes”, anunció.Jóvenes que quedaron, en determinado momento, en situación de calle  corroboraron, según la Policía, que para ingresar a estos recintos, los varones solo deben pagar lo acordado con los administradores, es decir Bs 5. Sin embargo, las mujeres, además, son obligadas a llevar a parejas para cancelar el costo total de las piezas: entre Bs 25 y Bs 40.  El “cliente” es el que paga.

Flores indicó que es frecuente “escuchar y conocer”, a través de operativos municipales y policiales, sobre la presencia de menores de edad dentro de alojamientos. Igualmente se los encontró durmiendo en casetas de cajeros automáticos, tapados con cartones.

“Se investiga si son casos de trata y tráfico; pero como el último que tuvimos, cuando se aprehendieron a 11 menores de edad, todos ellos eran adolescentes que escaparon de casa y que se dedicaban al consumo de bebidas alcohólicas e inhalantes”.

En este último control, ocurrido el 26 de septiembre, se encontró a Melany; en sus declaraciones, la muchacha dijo que las otras jóvenes que se alojaban allí se prostituían, excepto ella. Flores explicó que por su edad, Melany fue remitida a la Defensoría de la Niñez y Adolescencia (DNA). Pero huyó de las personas que la custodiaban, después de mostrar una conducta agresiva. Ahora nuevamente se encuentra desaparecida.

“Lo que podemos informar es que Melany era trasladada hacia su casa, por el Faro Murillo, porque ella aseguró que era el lugar donde vivía con sus padres. Una vez que se llegó al sector, comenzó primero a dudar y luego a tornarse violenta. Se bajaron del motorizado para que se calme, pero ella agredió a una funcionaria edil y luego escapó”, explicó la jefa del área de Defensorías de la Niñez y Adolescencia.

Melany repite esta conducta desde hace tres años, según la Defensoría. De acuerdo con esta oficina, son cada vez más las mujeres que incurren en problemas psicosociales, como consumo de alcohol y drogas, abandono de hogar, conducta agresiva y suicidio. Los casos registrados en esta dependencia llegaron a 1.047 en el primer semestre de este año; del total, en 653 casos, o sea el 62%, las protagonistas fueron mujeres; y en 394, es decir el 38%, los involucrados fueron varones.

Edades más comunes

Las edades  de los adolescentes que incurren en los casos denominados psicosociales, registrados en las Defensorías de la Niñez y Adolescencia (DNA), son: en niños de 10 a 12 años y en adolescentes de entre 14 y 17 años, informó la jefa del área de Defensorías de la Niñez y Adolescencia, Lourdes Flores.

Hay más mujeres con problemas psicosociales

Cada vez son más las mujeres que  incurren en problemas psicosociales, como consumo de alcohol y drogas, abandono de hogar, conducta agresiva y suicidio, según datos de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia (DNA) de El Alto.  De acuerdo con las funcionarias de esta entidad y especialistas, esto se debe a que en los últimos años se habla mucho sobre los derechos de igualdad de género, pero nunca se instruye cómo debe lograrse esa igualdad desde los puntos de vista social, familiar e inclusive individual.

Como consecuencia, ahora las mujeres, especialmente las adolescentes, se encuentran más expuestas a la trata y tráfico, violencia, feminicidios, explotación sexual, laboral, entre otros, explicó la psicóloga Fernanda Vásquez.

“Al menos 80 o 90% de estos problemas tienen sus raíces en el hogar, pero también se profundizan en ese mismo porcentaje en las calles, que es el lugar donde los y las jóvenes escogen como refugio de inicio, temporal, pero luego tiende a ser permanente”. De acuerdo con el sociólogo Wilfredo Rivera, las características propias de El Alto hacen que su población joven sea más vulnerable. Apunta a la falta de empleo y a la migración, principalmente. 

“El crecimiento de una ciudad implica un mayor movimiento económico y la necesidad en las familias de que tanto el padre o la madre trabajen. Eso provoca el descuido de los hijos, la falta de comunicación e incluso se llegan a perder los valores”, agregó. Tanto Rivera como Vásquez coincidieron en que los adolescentes buscan en las calles lo que no encuentran en sus hogares: afecto y una relación humana.

‘No valoré a mi madre’ Tatiana tiene 17 años y es huérfana

Tatiana salió de su casa a los 13 años. Ella explicó que fue por rebeldía, porque su madre le prohibía muchas cosas, como salir a las fiestas por las noches. “Esa frase de que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde es real y dolorosa. Me escapé de casa tres veces, la cuarta fue la definitiva; la primera fue por una semana, le pedí a mi mejor amiga que me alojara porque mi mamá me pegaba, no era cierto”, relata.

Se escapó porque quería ir a una fiesta, pero su mamá le dijo que ella no iba a estar en casa y que debía ayudar a cuidar a su hermano menor. “Luego los papás de mi amiga la buscaron. Volví a casa, mi mamá habló conmigo, también me regañó, pero no me levantó la mano”.

En una segunda oportunidad, Tatiana quiso ir al cine, pero cuando su progenitora se enteró de que la habían invitado jóvenes de 20 años, se negó y ella volvió a escaparse. “Me disgusté mucho, porque uno de esos muchachos me gustaba mucho. Era exalumno del colegio y venía seguido, nos conocimos y me buscaba. Esta huida me dolió mucho y sé que a mi mamá también porque la vi en televisión, en la casa de ese chico. La vi llorar y pedir que me devuelvan, lloré esa noche”.

El adolescente que le dio cobijo y con quien prácticamente convivió dos meses, luego fue descubierto por Tatiana con otra enamorada. Tuvieron una pelea y ella se fue de su casa y posteriormente volvió donde su mamá. Ella, a pesar de estar molesta y nerviosa, la recibió con abrazos y besos. “Lloró a mis pies”, recuerda, con lágrimas.

“La última vez que me escapé y con la que me quedé en la calle es porque mi mamá no estaba de acuerdo con que salga con un chico. Me decía que era muy niña, me fui y en la calle comencé a inhalar y cobrar por sexo. El año pasado me enteré de que mi madre murió, por eso quiero convertir mi vida”.

‘Fui violada por mi primo’ Andrea, de 16, no fue apoyada por su familia

A las 23.00 de un domingo, Andrea fue atacada por su primo de 18 años, en su cama. Ella tenía 14 años, sus papás habían salido a una fiesta con sus tíos. “Siempre nos llevamos bien, pero unos meses antes ya empezó a tratarme algo extraño, incluso le pedía a mi mamá para que yo le acompañe a jugar o salir donde sus amigos y amigas, pero íbamos solo a caminar y me decía que se sentía solo, luego me abrazaba y una vez intentó darme un beso y lo rechacé”.

La noche en que fue agredida sexualmente, sus padres y sus tíos se fueron aproximadamente a las 18.00 y les dijeron que podían comprarse pollo. Andrea, sus dos hermanos menores y su primo comieron y vieron una película. Los más pequeños se durmieron y el primo la ayudó a acostarlos en una sola cama.

“Creo que cometí un error, como ya sabía de sus intenciones le pregunté sobre su chica y me dijo que no tenía, que había terminado con ella. Me parece que creyó que estaba interesada en saber, pero era más bien para que no se acerque a mí, porque sabía que salía con alguien”.

Hablaron por al menos 30 minutos. Ella le dijo que se iría a dormir y le pidió a su primo que haga lo mismo; él se acercó y le dio un beso en la mejilla, acompañado de una frase: “Estás linda, buenas noches”. Ella no pensó que mientras estaba en su cama su primo entraría a su dormitorio. “Estaba de espaldas a la puerta, sentí que ésta se abría y luego en segundos lo tuve a mi lado, dentro de la cama y comenzó a tocarme. Me dijo que me quería y que le gustaba, traté de zafarme pero no pude y posteriormente me violó”.

Ella contó esto a sus padres, pero le creyeron a él, quien había alegado que Andrea le llamó a su cuarto porque tenía miedo y después tuvieron relaciones sexuales. Eso la impulsó a escapar de la casa.

‘Mi mamá no tenía tiempo’ Gabriela quiere ser chef y tiene 17 años

Gabriela esquiva la mirada, trata de concentrarse en sus recuerdos que la agobian cuando se le pregunta las razones por las que salió de su hogar; luego, toma un poco de aire. “Salí de casa hace tres años y medio. Hoy tengo 17, me fui porque no me llevaba bien con mi mamá, nos reñía mucho, nos pegaba a veces y cuando intentaba hablar con ella, estaba cocinando apurada, o se iba a vender, pues tiene su puesto de venta por el barrio en el que vive”.

Acepta que ella también es culpable de la situación, porque una vez que llegó a la calle comenzó a conocer a jóvenes que también tenían problemas. “Aquí formamos la familia que queremos, la familia perfecta, no nos falta nada”, le dijo una de ellas. “Pese a que me mostraba segura ante ellas, en el fondo en mis primeros días tenía mucho miedo”. Luego de casi una semana en la calle comenzó a faltarle los alimentos, lo mismo que el aseo, por lo que pidió ayuda entre sus nuevas compañeras.

Una de ellas le comentó que para conseguir dinero los varones tenían que robar, trabajar anunciando cerca de los minibuses y en el caso de las mujeres, hacer algo similar o prostituirse, que según Rebeca (una amiga), era lo más fácil y rentable, porque incluso se podía sacar algo extra de lo acordado con el cliente.

“Así fue. Me dieron muchos consejos para mi primera vez en este rubro. Por dinero fue primera vez y me dijeron que cierre los ojos o que hable fuerte, que piense en otras cosas”.

Estuvo casi tres años en la prostitución, pero desde la calle, porque nunca fue a pedir trabajo a un lenocinio. Se hizo adicta de la clefa y el alcohol, en más de una oportunidad la buscaron para sus servicios sexuales policías y jueces, comenta. “Es la verdad, nos dicen que nos encarcelarán y piden favores”.Ahora está en un albergue, quiere recuperar su vida, los lazos con su familia y estudiar para ser chef.

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