Ciudades

El trabajo infantil en El Alto está vinculado a negocios familiares

Necesidad. Las familias llevan adelante iniciativas para lograr recursos económicos

Comercio. El Alto es una ciudad con amplia presencia gremial y los niños acompañan y ayudan en las faenas.

Comercio. El Alto es una ciudad con amplia presencia gremial y los niños acompañan y ayudan en las faenas. Wara Vargas.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Rivas / El Alto

03:30 / 16 de noviembre de 2015

Los negocios familiares en El Alto, principalmente en el comercio informal, son los que registrar mayor cantidad de niños y niñas trabajadores, según coinciden en señalar autoridades y especialistas en esta temática. También hay un importante grupo de menores de edad que se encuentra en situación de calle y que por necesidad busca una forma de obtener ingresos. En ambas situaciones predominan los niños, niñas y adolecentes de entre 9 y 15 años.

El representante del Defensor del Pueblo en El Alto, José Luis Hidalgo, explicó que los hijos forman parte del negocio casi automáticamente. Los familiares, la mayor parte madres, son quienes los llevan a cumplir roles en alguna iniciativa económica.

“Por ejemplo, una mujer que es contratada para cocinera o mesera, lleva a su hijo y éste ayuda en la limpieza o cualquier otra tarea. Es un empleado más, pero no es remunerado”, ejemplificó el representante defensorial.

Explotación. Hace dos años, la Alcaldía publicó un informe en el que desveló que cada día se registraban entre uno y dos casos de explotación laboral infantil en diferentes rubros: albañilería, lustrado de calzados, labores en fábricas o negocios de soldadura, electricidad y mecánica, además de tareas como ayudantes y voceadores del transporte. Asimismo, se evidenció irregularidades en labores domésticas como empleadas o niñeras.

La Defensoría del Pueblo refirió que el Ministerio de Trabajo y la Fundación Comunidad Wiphala desarrollaron un informe sobre la cantidad de niños y niñas que trabajan en el sector de la Ceja. Se constató que hay  un total de 320 menores de edad que trabajan en la vía pública.

De acuerdo con la Asociación de Niños, Niñas, Adolescentes y Trabajadores (Asonats) de esta urbe, hay cerca de 30.000 menores de edad que desarrollan actividades laborales y al menos el 60% está en el comercio informal. La investigadora del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), Silvia Escóbar, explicó que se hace difícil precisar la cifra de niños y adolescentes trabajadores por las complejas características de esta ciudad.

Hidalgo lamentó que aquéllos no estén exentos de la explotación laboral, ya que además de trabajar por más de ocho horas, perciben un salario por debajo del mínimo nacional o no les pagan. Según datos de la Federación de Gremiales de El Alto, hay al menos 50.000 afiliados y el representante del Defensor del Pueblo estimó que el 80%, es decir 40.000, son mujeres en el comercio informal.

Las jornadas superan las ocho horas de trabajo

Los niños y niñas trabajadores de El Alto cumplen jornadas laborales de hasta 12 horas diarias, tiempo que excede las ocho estipuladas por ley. Además se exponen a varios peligros: accidentes, secuestros, agresiones, entre otros, indicó el representante del Defensor del Pueblo en esta ciudad, José Luis Hidalgo.

Los datos revelados por esta institución, sobre un diagnóstico de la Fundación Comunidad Wiphala, señalan que el 83% de los menores que trabajan en vía pública, en la Ceja, realizan su actividad hasta por 12 horas. También se indica que el 5% de este grupo trabaja solo por las noches.

Jóvenes. De acuerdo con una investigación de Silvia Escóbar, del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), uno de cada tres jóvenes entre 20 y 24 años sigue estudiando, y esta proporción baja a uno de cada cinco después de los 25 años.

En El Alto, el 30% de la población es joven, entre 15 y 29 años, lo que representa más de 250.000 personas, según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística. El CEDLA señala que en esta urbe la tasa de desempleo es del 15% entre los jóvenes. Alcanza  13% en personas que tienen de 20 a 24 años y 10% en aquellas que son mayores de 24 años.

Sus trabajos son predominantemente temporales, con jornadas prolongadas y bajos salarios. El 90% de los jóvenes menores de 25 años y el 75% de los que están entre los 25 y 29 años tienen un trabajo precario en El Alto, sin grandes diferencias con los jóvenes de otras ciudades.

Menores generan ingresos familiares

No lo puedo dejar en otro lugar: Marcelina Cahuaya vende comida en la Ceja

“Tengo un hijo de siete años, no puedo dejarlo en otro lado porque creo que es peligroso, desconfío mucho y prefiero que me acompañe a vender sopa de fideo y refrescos en la Ceja de El Alto. Él aprende, me ayuda y yo lo cuido y lo vigilo todo el día”

Peligroso, pero te acostumbras: Anahí vende refrescos y dulces en la noche

“Estamos en las paradas de los minibuses que van hacia Villa Adela y a La Paz, en la calle dos. Es verdad, hay mucho peligro por el horario, pero te acostumbras a lidiar con eso, lo escogemos porque en el día estudio y cuido a mis hermanos menores”.

Hago mis tareas en el puesto: Brandon M. ayuda a su mamá en la Ceja

“Mi mamá a veces se mueve de este lugar y ofrece a otras personas la comida que preparamos; en la tarde estoy aquí, con ella, traigo mis cuadernos y hago la tarea; mientras ella cambia de lugar yo cuido las cosas y les sirvo a los clientes la comida que pidan”.

No podemos movernos del lugar: Martín, en un tambo de la Ceja

“No podemos movernos de este lugar, aquí hacemos las tareas, almorzamos, jugamos y sobre todo tenemos que ayudar a vender toda la fruta. A veces es interesante por lo que pasa alrededor y otras veces es aburrido porque se ve lo mismo cada día”.

Un amigo se fue de su casa: Shirley vende dulces

“Un amigo, cuando teníamos 10 años, se fue de su casa, comenzó trabajando en la calle y luego se quedó, ya no volvió y su mamá preguntó varias veces por él, pero luego ya no le importaba y no supimos más. Dicen que se fue a Brasil a trabajar, no se sabe”.

Lo más peligroso son los ebrios: Camila vende refresco de quinua

“Lo más peligroso de vender en la noche es que se acercan hombres borrachos que incluso quieren llevarte con varios pretextos, eso pasa generalmente los jueves, viernes y sábados, cuando la gente toma más; después hay que cuidarse de los choferes”.

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