Ciudades

Los ‘derroteros’, un eslabón clave en la cadena de los monreros

Este tipo de delincuentes puede infiltrarse en el círculo familiar para obtener   información que después es utilizada para asaltar una vivienda ya estudiada

Atraco. Simulación de un asalto armado a una vivienda, la Policía sugiere guardar la calma.

Atraco. Simulación de un asalto armado a una vivienda, la Policía sugiere guardar la calma. Ángel Illanes.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Quispe / La Paz

00:01 / 08 de febrero de 2015

“Jamás confíe información valiosa como ‘tengo guardado mi dinerito en casa’, porque eso puede llegar a los oídos de los delincuentes por donde usted menos se imagina”, advierte Jesús, un expresidiario de la cárcel de San Pedro, La Paz, quien hoy procura rehacer su vida. William, un próspero empresario paceño, jamás sospechó que Gabriel, un amigo cercano, se convertiría en el “derrotero”, “punto” u “orejón”, como se conoce en la jerga delictiva (coba) a los contactos de los asaltantes de viviendas o monreros.

“Los ‘derroteros’ son los informantes y con ellos los delincuentes estudian la casa para dar el golpe”, precisa un agente de la División de Delitos Contra la Propiedad de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) de La Paz, quien pide a La Razón no ser identificado.

Los “puntos” u “orejones” pueden ser amigos, parientes y hasta amigos de los amigos de los familiares de la víctima. “Usted no sabe qué círculos de amistad tienen sus familiares y sus amigos, por eso nunca confíe información”, insiste el exrecluso. 

A William le traicionó su amigo Gabriel, quien sabía que guardaba dinero y joyas en una caja fuerte en su domicilio y que recibió el 50% del botín según la denuncia registrada en la Policía anticrimen. Una vez obtenida la información sobre dónde está el domicilio en el que la víctima guarda dinero o valores, los monreros ponen en marcha la segunda fase del plan: el estudio del inmueble y de la rutina de todos sus moradores.

“Verifican cuándo salen y a qué hora vuelven, cuántas personas viven, si hay gente de la tercera edad y todo haciendo turnos de vigilancia. Una semana va una persona y a la siguiente, otra para no despertar sospechas”, cuenta  Jesús a La Razón.

Por ello, el oficial de la FELCC aconseja, siempre que se pueda, cambiar la rutina diaria, por ejemplo si utiliza una calle para retornar a casa, ir por otra por una semana. “La rutina y los mismos movimientos diarios convierten a uno en una víctima potencial”, agrega.

Fue un “derrotero” quien permitió dar su último golpe a la banda de atracadores armados desarticulada el martes 3 de enero en Cochabamba. En 2013, el colombiano Jhon Jairo G. J. estuvo recluido en un centro penitenciario. Allí conoció al propietario del departamento asaltado en el condominio El Portal el 27 de enero de 2015, quien le contó que había vendido en $us 800.000 un inmueble. Cuando la víctima recobró la libertad, la banda actuó pero la Policía logró frustrar el primer asalto.

Sin embargo, en enero de este año, los ladrones —bolivianos, colombianos y peruanos— lo secuestraron mientras trotaba por la avenida Uyuni y le obligaron a informar dónde guardaba la suma.  Después, asaltaron su departamento y al ingresar dispararon e hirieron al conserje del condominio situado en Cochabamba.

Cuando las grandes bandas delictivas quieren dar un golpe mayor, tienen a un segundo hombre encargado de vigilar al “orejón”. “No dejan nada al azar, por ahí el primer vigilante trae información falsa o quiere venderla a las futuras víctimas”, añade el exrecluso.  En ese caso el botín —dinero, joyas y otros— debe ser importante. “Para dar un golpe grande, contratan a personas armadas de Perú y Colombia, quienes harán frente a la Policía mientras roban”, precisa.

En esta cadena delictiva otro eslabón son los ‘“campanas”, antisociales que se sitúan a una cuadra del inmueble que va a ser asaltado y dan la luz verde al golpe o alertan de algún peligro para que sea abortado.   “Como le dije, estudian todo: desde cómo llegar, hasta por dónde salir, o qué calles tienen menos tráfico para escapar. No descuidan nada”, agrega el expresidiario.

¿Y qué pasa si el “derrotero” entrega información falsa?  Jesús —quien purgó en prisión por un homicidio y admite que participó en asaltos en Perú— se limita a indicar que “aquello ya es muy complicado”. “Seguro lo van a buscar para hacerle pagar por haber mentido o por haber alertado”, agrega en referencia  a los ajustes de cuentas.

El investigador de la División de Delitos Contra la Propiedad de la FELCC entrevistado por este diario insiste en que nunca se haga alarde “del dinero o joyas que tenga en su domicilio”. Si tiene efectivo es mejor que lo deposite a una entidad financiera. “Puede llamar incluso a Radio Patrullas 110 para que lo podamos acompañar a depositarlo”, agrega. Otros aconsejan construir una habitación fortificada dentro de la vivienda, lo que no está al alcance de cualquiera debido a su costo.

Viviendas. El investigador recomienda a las familias que si salen de viaje, dejen siempre a una persona en el inmueble y, si esto no es posible, prendan algunas luces, la radio o la televisión con el fin de hacer creer que hay personas dentro. También aconseja revisar todos los accesos a la vivienda y verificar el estado de las bisagras, chapas, marcos, luces, puertas y ventanas; cerciorarse de que están cerradas, y no dejar mensajes de que no está. Además, para quien pueda correr con el gasto, propone instalar un intercomunicador que le permitirá saber quién toca y una cámara de seguridad.

Si acaba de comprar la morada, la tomó en alquiler o en anticrético, la Policía advierte que es preciso, como medida preventiva, cambiar las cerraduras de los accesos principales.  Si extravió sus llaves, cambie la cerradura de la puerta y haga que un cerrajero la modifique, agrega.

Jesús, el exreo de la cárcel de San Pedro, avisa también que los delincuentes se infiltran en las fiestas patronales, particularmente las que se desarrollan en El Alto y las provincias de La Paz, para obtener información y dar el golpe. “En El Alto hay todavía la costumbre de guardar el dinero en la casa; ellos son los más vulnerables”, destaca.

Si los delincuentes ingresan a su vivienda, la Policía recomienda no resistirse, ya que lo prioritario es preservar la vida, aunque después pide llamar a la fuerza pública y denunciarlo para su investigación.

“Tengo dos perros que cuidan la casa y cuando viajo, dejo siempre a un familiar”, sostiene confiada Filomena, quien posee un inmueble de tres pisos cerca de la plaza Riosinho.  No obstante, hasta en estos casos, los asaltantes saben si hay canes, por ello llevan carne envenenada o con somníferos para que las mascotas no den la alerta con sus ladridos ni ataquen a los que ingresan a robar.

El español y el coba en La Paz

Según la definición de la Real Academia Española, derrotero  es el camino, rumbo  y medio tomado para llegar a un fin propuesto. También hace referencia al conjunto de datos que indican el camino para llegar a un lugar determinado o dirección que se da por escrito para efectuar un viaje por mar. Ambas no están lejos del significado que tiene esa palabra en el coba que hablan los delincuentes. Según la Policía, un “derrotero” es el informante que “escucha información útil para un asalto”.

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