Ciudades

Lenocinios ilegales se camuflan en galerías, wallys y alojamientos

Los lenocinios clandestinos en El Alto funcionan camuflados en galerías comerciales, alojamientos, wallys e internets, según evidenció un operativo de la Intendencia, la Dirección de Migración y la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen.

La Razón / Miguel Rivas / El Alto

02:20 / 30 de julio de 2012

La supervisión se realizó el jueves 26 con la participación de La Razón. Se recorrieron las calles Jorge Carrasco, Franco Valle, Raúl Salmón y Tiwanaku, donde se detectaron 12 burdeles clandestinos y se detuvo a 30 mujeres, debido a que éstas no portaban identificación ni carnet sanitario.

Uno de los descubrimientos fue que cuatro de seis pisos de la Galería Azul, ubicada en la Raúl Salmón, estaban alquilados para negociar sexo pasajero.

En el primer piso se hallaron habitaciones separadas por vidrios y, en éstas, pequeños cubículos divididos por venestas y cortinas. Además, había una sala exclusiva para clientes VIP, como manifestaron las meretrices.

Lo llamativo de este lugar es que los catres estaban fabricados con ladrillos, estuco y tablas que soportaban el colchón de paja o de lana. Todos los baños estaban sucios con desechos humanos.

En las gradas para acceder a los pisos con burdeles habían carteles sugerentes que marcaban la dirección de los prostíbulos con textos como estos: “Dulces y cariñosas, placer total, atención con mucho cariño; sólo por hoy cholita sexy, 100% real; atención al gusto del cliente, mujer osada con ganas de llevarte al cielo”.

En las plantas de arriba habían paneles con hasta cuatro timbres para conseguir el servicio de una meretriz. Las habitaciones eran similares a las descritas más abajo.

En otro edificio, donde funciona un wally, se encontró un local de sexo que había sido desmantelado con apuros, como si sus dueños se hubiesen enterado del operativo y huido.

Hospedaje. El primer edificio intervenido en esa ocasión fue el alojamiento 15 de Junio, donde se hallaron a dos señoritas junto a un cliente. Cada habitación tenía a su vez cubículos, varios de los cuales habían sido desmontados a toda prisa.

En otra habitación, los uniformados detuvieron a una persona que bebía con dos meretrices, para que brinde información.

En el último local intervenido, de nombre Acapulco, se halló muebles de mejor calidad y ambientes más confortables. Aquí se encontraron videos pornográficos, cuatro varones y al menos diez mujeres, dos de ellas bebían en compañía de un visitante ocasional. El local cuenta con salas exclusivas para la realización de shows de desnudos, bailes y consumo de bebidas.

En la Jorge Carrasco también se encontró un lenocinio en el segundo piso de un internet. Quienes atendían el servicio de telecomunicaciones se alteraron y pidieron explicaciones cuando los uniformados ingresaron al piso de arriba.

Todos estos sitios de placer son oscuros, con las ventanas tapadas con sábanas o mantas y usan focos tenues de colores, preferentemente rojo o azul.

Hay locales donde rifan meretrices

En algunos lenocinios de El Alto se rifan mujeres y el ganador tiene relaciones sexuales con la expuesta varias veces en un cubículo que está colocado a la vista de todos.

En uno de estos locales, conocido como el Garaje Sexual, se cobra cinco bolivianos por el derecho a participar de una rifa que tiene como premio hacer pieza con una de las meretrices.

Según uno de los clientes, Luis C., este sorteo se presenta sólo en un local. “Yo no recuerdo el nombre, pero es en la zona 12 de Octubre, creo que en la calle 9. Ahí uno se compra una rifa y la muchacha se encuentra al medio de un escenario especial, esperando al afortunado que luego de ganar se traslada a una pieza con ella. Aunque he oído que el año pasado se la mantenía dentro de una jaula y sobre una cama para luego hacer el amor delante de todos, eso no lo vi, pero mi amigo me dijo que esto es así”, relató una de las personas que visitó este lugar.

Luis mencionó que la meretriz “rifada” no es la única que espera en una jaula, sino que hay varias. “Lo que pretenden es darle esa tónica de que aquí hay sexo salvaje”, agregó.

Según el representante del Defensor del Pueblo de El Alto, José Luis Hidalgo, la proliferación de locales clandestinos y las necesidades económicas de algunas mujeres provocan que éstas lleguen a estos extremos. “Son aspectos que deberían ser denunciados por las mismas meretrices que callan”, aseveró.

Los burdeles legales funcionan con hacinamiento y sin higiene

Miguel Rivas

Los lenocinios que tienen autorización de la Alcaldía alteña para funcionar lo hacen en medio de hacinamiento, precariedad y sin condiciones mínimas de sanidad, según comprobó La Razón en un recorrido por 11 prostíbulos de la zona 12 de Octubre, donde están concentrados los 18 burdeles legales de esta urbe.

Algunos de estos negocios, ubicados entre las calles 7 y 10 de la Jorge Carrasco, cuentan con hasta 50 cuartos de tres por tres metros ubicados uno al lado del otro, en donde sólo caben un catre de una plaza, un colgador y un basurero.

Las trabajadoras sexuales se paran en las puertas de esos cubículos en espera de clientes, los cuales rondan por las puertas como en una especie de romería en fila india en busca de la adecuada para que los atienda.

Ellas cobran entre 25 y 30 bolivianos por relación, y algunas se animan a salir del local a otro sitio, pero con un costo de entre 100 y 300 bolivianos. Los lenocinios se diferencian unos de otros por el espacio que utilizan, sin embargo, las condiciones son similares: no tienen ventilación, usan luces tenues, entre rojas y azules, sus pisos son de cemento y algunos locales tienen una cubierta sólo de calamina, lo que provoca que los ambientes sean fríos. Requeridas. Algunas chicas son requeridas por sus atributos, a ellas no les faltan clientes. En uno de los locales, una tuvo relaciones sexuales con cuatro personas en una hora, pero sin guardar las mínimas condiciones de higiene. No se cambió de ropa, no mudó las sábanas, ni limpió el ambiente. Y así trabajó toda la noche.

Ellas se muestran accesibles para conversar, aunque son reacias a hablar de sí mismas. Una se animó a contar los martirios que sufren en este negocio. Dijo que para ingresar a ese círculo, a veces deben pasar por pruebas que exige el dueño del local, como acostarse con él y con sus amigos.

“Si lo hace y el dueño piensa que está bien, la acepta, pero es degradante; el mismo hecho de llegar allí lo es, pero es por una necesidad, tenemos hijos, es la familia que debemos sostener”, afirmó.

El Servicio Regional de Salud (Seres) de El Alto informó que en esta gestión no otorgó ningún certificado sanitario a los burdeles de la Jorge Carrasco y que cuentan con licencia de la Alcaldía Municipal. Pero, debido a la falta de permiso sanitario, ahora están funcionando como ilegales, según el jefe de Acreditación de esa institución, Freddy Tarqui.

“Ninguno de estos sitios, sea nigth club, lenocinio o club privado, ha renovado este carnet en la presente gestión porque no reúnen las condiciones mínimas de salud ni de infraestructura”, resaltó el funcionario de salud.

Según Tarqui, en las habitaciones de las meretrices debería haber agua, desinfectantes, al menos 20 pares de sábanas y el piso debería ser de fácil limpieza, aspectos que no se cumplen en ninguno de los prostíbulos de la Ceja.

Las salidas de emergencia también son un requisito, pero estos locales no las tienen.

La autoridad también apuntó que una meretriz hace pieza con al menos 30 hombres de manera continua en una noche y este aspecto daña su salud por la falta de higiene, la trasnochada, la inhalación de humo y la ingesta de alcohol, además del frío.

Inseguridad ronda los lenocinios

Para el representante del defensor del Pueblo de El Alto, José Luis Hidalgo, los lenocinios trabajan con bajas condiciones de seguridad, ya que a estos locales ingresan todo tipo de personas, incluso menores de edad y otros portando armas.

“Los alrededores de estos negocios son peligrosos, los menores de edad por curiosidad asisten a estos centros exponiendo su vida; no hay control de la contratación de menores de edad y se dan casos de explotación sexual y laboral a niños, niñas y adolescentes”.

El intendente Rafael Cáceres aseguró que existen locales, sobre todo los clandestinos, donde los clientes son drogados para robarles. “Aquí los pildorean y roban; les quitan todas las cosas de valor que traen consigo”, afirmó.

La Razón comprobó la inseguridad que ronda por estos locales. En el recorrido realizado por el lugar, el periodista fue perseguido por tres sujetos que intentaron rodearle. Ellos simulaban que se fijaban en los letreros o buscaban algo en las paredes, pero su intención era otra. El periodista buscó refugio en uno de los locales.

No se dan permisos desde hace cinco años

En El Alto existen 18 lenocinios legales amparados en la Ordenanza 132/2007; desde ese año la Alcaldía no emitió ningún otro permiso. Los legales están en las zonas 12 de Octubre, Villa Dolores y Villa Bolívar A.

Sin embargo, en la Ceja hay al menos 40 burdeles clandestinos, según la presidenta de la Organización de Trabajadoras Nocturnas de Bolivia, Lily Cortez.

“Estamos a la espera de la convocatoria de las autoridades municipales de El Alto, para normar el funcionamiento de lenocinios, bares y cantinas clandestinos, para que no se cometan más atropellos a nuestras fuentes de trabajo; hay vacíos legales y contradictorios”, enfatizó.

Para Cortez, los bares y cantinas clandestinos hacen daño a la población. “En los bares, cantinas o antros en los que hay actividad sexual se llegan a vender hasta tres jarritas por diez bolivianos, mientras que en un club privado una cerveza vale entre 25 y 30 bolivianos. Además, a estos clubes privados no ingresan ni colegiales ni universitarios para comprar cerveza”.

“Estamos seguros de que este tema debe ser analizado, pero desde el punto de vista social y no comercial; debemos velar por la opinión de la gente”, comentó.

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