Ciudades

Maltrato y falta de comunicación causan fuga y deserción escolar

En este año, 22 adolescentes dejaron el colegio porque se aplazaron. Los especialistas señalan que esto es una consecuencia de la falta de comunicación y maltrato en el hogar

El Alto. Un grupo de estudiantes deja su establecimiento educativo.

El Alto. Un grupo de estudiantes deja su establecimiento educativo. Miguel Rivas.

La Razón / Miguel Rivas / El Alto

02:03 / 15 de diciembre de 2012

La falta de comunicación y las agresiones físicas y psicológicas en el interior de las familias son las causas fundamentales para que algunos adolescentes que reprueban el año escolar huyan de sus hogares. En lo que va del año, la Defensoría de la Niñez y Adolescencia de El Alto ha registrado 220 casos de abandono de hogar por parte de adolescentes, de los cuales el 10%, es decir 22, se refieren a menores de edad que huyeron de sus casas debido a que reprobaron el año escolar.

Para los expertos consultados por La Razón, el hecho de que existan aplazos, bajo las condiciones actuales, es decir que los escolares con bajas notas van a cursos de reforzamiento, significa que hay un “gran problema familiar”. Es un síntoma de que algo de su entorno está afectando el accionar del adolescente.

Los casos de los estudiantes de entre 12 y 17 años que escapan de su casa luego de haber obtenido malas notas en  el colegio, se presentan generalmente entre octubre y diciembre, porque es cuando se conocen las calificaciones finales.

Según los psicólogos, el hecho de que los adolescentes se aplacen en los primeros meses debe llamar la atención mucho más. “Generalmente los aplazos se conocen a fin de año, quiere decir que los estudiantes ponen de su parte para poder salir adelante, pero no lo logran”, explicó el psicólogo Ariel Ramírez, de la Fundación Munasim Kullakita.

Para Roberto Cartagena, profesor de Lenguaje de El Alto, no todos los problemas se originan en casa, pues también influye el entorno en el que se desenvuelven los menores, es decir los grupos de amigos de colegio y de barrio, a los que hay que incluir los familiares cercanos y vecinos.

“Es una cadena. Un muchacho o muchacha, a los que catalogamos de malos, tienen problemas en casa u otro lugar e influyen en otros, y éstos en terceros”.  La Razón conversó con cuatro adolescentes que huyeron de sus viviendas tras obtener bajas calificaciones o por problemas de violencia y desintegración familiar que también derivaron en aplazos.

Magaly conoció a amigas que la impulsaron a integrar una pandilla, en la que buscó la atención que sus padres no le daban. Pero el costo fue muy alto, pues allí la maltrataron y violaron. Luego se alejó y sus padres, en vez de conversar con ella, la golpearon e insultaron. De modo que sus notas comenzaron a caer y perdió el año.

Otro caso es el de Franklin, quien fue echado de su hogar porque un día defendió a su madre, quien era golpeada por su padre, como lo hacía continuamente. Dijo que esa vez pensó que la iba a matar y reaccionó para defenderla, sin embargo, su padre lo tomó como una ofensa y lo echó de la casa.  Por eso dejó el colegio.

Ana huyó de su casa cuando supo que estaba aplazada, ya que temía ser golpeada por su padrastro, pues él era muy agresivo con ella y su madre no la defendía.  Finalmente, La Razón dialogó con Jessica, que huyó de su casa a los 16 años y medio, y dejó sus estudios debido a que su padre se tornó violento después de la muerte de su madre. Ella se refugió en casa de su tío, pero allí fue violada.

Ramírez comenta que los padres agresivos provocan temor en los adolescentes. “Reaccionan de manera negativa cuando sus hijos fallan, no conversan sobre posibles soluciones. Entonces estos chicos piensan que serán maltratados u ofendidos y eso provoca que huyan de sus casas”. Andrés Lima, psicólogo en una unidad educativa, advirtió que el resultado final es que se convierten en menores en situación de calle.

Padres no asumen su culpa

Error

El psicólogo Ariel Ramírez, de la Fundación Munasim Kullakita, afirmó que los padres de hijos que huyeron de sus casas no entienden que el problema comenzó en ellos mismos. De lo contrario, éstos  culpan a sus hijos por haber provocado vergüenza y escándalo en la familia. Además  los catalogan de delincuentes y desobedientes.

Ana, 16 años Su mamá le quitó la atención para dársela a su nueva pareja

Ana y su madre vivían solas hasta que ella cumplió 15 años, pero ese año su progenitora consiguió una nueva pareja sentimental, quien resultó ser un hombre agresivo que terminó golpeando a la adolescente sin motivo aparente. “Este año cumplí 16. Estaba yendo al colegio hasta el primer trimestre, todo era normal, pero mi mamá se conoció con ese señor que ahora es mi padrastro. Él, cuando se enojaba o llegaba de mal humor de su trabajo, se desquitaba conmigo o con mi madre”.

“Un día le reclamé a mi mamá sobre esta situación, ya que había que soportar demasiada violencia en contra nuestra, pero ella no me hizo caso, también se enojó y me dijo que era irrespetuosa”.

“Creo que esto afectó mucho mi conducta y mi desempeño en el colegio, pues comencé a bajar mis calificaciones. Por eso me animé a pedir ayuda en el colegio y le conté todo al director, quien no me negó nada; pese a ello, mis notas bajaron mucho y perdí el año”.

“Antes de enterarme de que había terminado mal en el colegio, una de mis amigas me dijo un día que vayamos a tomar, allí conocí a un muchacho que era muy atento conmigo, frecuentábamos constantemente discotecas y bares, incluso me quedaba a dormir en algún lugar con él. Entonces había días en los que ya no iba a clases y me dedicaba a pasear por las calles”.

“Como sabía que iba a salir aplazada, decidí escapar de casa porque mi padrastro me iba a golpear. Mi mamá, en vez de apoyarme, me denunció junto con mi padrastro ante el director. Dijo que era una borracha y que usaba drogas, pero no hablaron de sus agresiones”.

Franklin, 17 años. Dejé el colegio para que no sepan la verdad

Franklin, desde sus ocho años, y su madre eran agredidos por su padre, quien se encontraba permanentemente en estado de ebriedad.  “Un día vi cómo golpeaba a mi madre. Intervine porque pensé que la podía matar, yo tenía 15 años. Pero eso fue tomado como una insolencia mía y fui golpeado también. Luego mi papá me echó de la casa y mi mamá, quizás por temor a más abusos, no dijo nada. A ella no la culpo, es una víctima más”.

“A pesar de toda esta situación, me iba muy bien en el colegio, sacaba buenas notas gracias al apoyo que me daba mi mamá. Pero una vez en la calle, no me quedé atrás y continué en el colegio porque mi madre me dijo que esto era muy importante”.

“Sin embargo, ya no tenía el apoyo económico de mis padres. Hablé con el director para que me ayude y me extendió la mano, pero mi papá fue al colegio a interrumpir mis clases y provocó que no me reciban porque arguyó que era un vicioso y que me escapé de casa”. “Perdí el año. Dejé el colegio porque no quería que mis compañeros se den cuenta de lo que estaba pasando en mi casa, ya que había mucho hostigamiento por parte de mi padre en ese sentido”.

“Ahora estoy viviendo en la calle, pero mi madre me inculcó valores que no voy a dejar, seguiré trabajando y trataré de salir adelante. Quiero terminar el colegio y tener una profesión con la que me pueda defender en la vida, que es injusta porque hay gente injusta. Voceo en los minibuses  y no me da vergüenza”.

Magaly, 16 años. Integré una pandilla en la que me violaron; les dije a mis padres, pero me culparon

A Magaly le hacía falta la atención y comunicación de sus padres, y buscó esto en otros lugares en los que resultó muy afectada. “No voy a negar que mis papás me daban muchas cosas, me compraban lo que yo quería o necesitaba, pero había días en los que quería conversar sobre problemas, cosas que me pasaban en el colegio y en el barrio, pero nunca tuvieron tiempo para sentarse y hablar de ello. Llegaban del  trabajo y se dormían”. “Una amiga me llevó para que sea parte de un grupo. En un inicio, me pareció muy divertido y al ser nueva me prestaban mucha atención, me hablaban de muchas cosas y se interesaban en mí o por lo menos eso parecía”.

“Pero un día pasó algo terrible, me violaron. Es difícil decirlo (hay silencio por uno segundos, llora y continúa), si tengo el valor de decirlo ahora es porque no quiero que otras mujeres pasen esto y que exista más comunicación en la casa”.

“Les avisé a mis papás de lo sucedido y me culparon,   de paso me golpearon. Fueron al colegio e hicieron un lío grande. Ya no quería ir al colegio, pues mi amiga me amenazó de muerte por haberle avisado a mis papás de lo sucedido”. “Dejé de ir al colegio y me aplacé, pero aun con esta experiencia mis padres ahora no hablan mucho conmigo”. 

Jessica 21 años. Asumí el rol de mi madre y dejé de ir a clases para ayudar a mis tres hermanos

Desde sus 15 años, Jessica tuvo que velar por sus tres hermanos menores porque murió su mamá. Luego dejó el colegio por el peso de la responsabilidad y por las agresiones de su padre.  “Creo que hasta mis 14 años la vida nos ha sonreído. Mi papá era muy bueno, mi mamá estaba siempre con nosotros en las buenas y en las malas, pero cuando yo tenía 15 años ella murió, ahí empezó el cambio”.

“Mi papá comenzó a tomar seguido, se convirtió en una persona agresiva y nos pegaba. Mientras, yo tuve que asumir el rol de mi mamá frente a mis hermanos, tengo tres que aún están yendo al colegio”.

“Las agresiones en casa cada vez eran más violentas, por lo que pedimos ayuda a uno de mis tíos, quien nos recibió amablemente, cuando tenía 16 y medio”. “Al principio parecía que entendía nuestra situación, pero ya después fui descubriendo cuáles eran sus intenciones; mi tío me violó y me dijo que me queje a mi papá, sabiendo que a él no le interesaba”.

“Esto me afectó mucho. Descuidé a mis hermanos porque me fui de esa casa queriendo escapar de todo. Tenía miedo de mi tío”. “Ahora estoy embarazada de cinco meses producto de otra violación”. “Nunca debí dejar el colegio, creo que allí pude haber aprendido más cosas que podrían haberme ayudado. Voy a rescatar a mis hermanos de un hogar transitorio”. 

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