Ciudades

Pandillas alteñas imponen pruebas de iniciación que lindan con el delito

Los grupos juveniles de El Alto obligan a sus nuevos integrantes a realizar actos para sumarse a ellos. Entre éstos: robos, golpizas, tatuajes, proezas e incluso relaciones sexuales.

Alcohol. La producción muestra una actividad preferida por pandilleros.

Alcohol. La producción muestra una actividad preferida por pandilleros. Miguel Rivas.

La Razón / Miguel Rivas / El Alto

03:53 / 20 de mayo de 2013

Las integrantes de las pandillas de El Alto, que superan las 200, exigen pruebas de iniciación delictivas. A los varones les obligan, entre otras, a robar, a participar en golpizas o a violar; y a las mujeres, a tener relaciones sexuales con ellos.

La Razón conversó con jóvenes que estuvieron involucrados de manera directa e indirecta con este tipo de grupos. Todos coincidieron en que el principal requisito para integrarse a esas agrupaciones, tanto para varones como para féminas, es que consuman  bebidas alcohólicas en la mayor cantidad posible. Pero luego sigue una larga lista de pruebas que deben superar, unas más osadas que otras, dependiendo de la pandilla.

Hace dos semanas, en la zona Alto Miraflores, dos mujeres adolescentes se vieron involucradas en lo que la Policía catalogó como un acto de iniciación. En la casa de una de ellas, el líder de la pandilla New Boys (NB) obligó a tener relaciones íntimas a la invitada de 14 años. La dueña de la vivienda, de 16 años, también fue sometida a la lascivia de tres integrantes de la banda.  Pero durante el forcejeo se armó tal alboroto, que los vecinos del barrio ingresaron al domicilio con violencia y doblegaron a los muchachos.

“Una de las adolescentes dijo que ella ya había pasado por este tipo de actos. Llevó a su amiga hasta su casa,  luego llegaron cuatro miembros de la pandilla, bebieron con ellos y las violaron. Los gritos provocaron que los vecinos invadan el inmueble”, relató el director de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) de El Alto, coronel Ramiro Magne.

Demostración. Según Magne, los grupos delincuenciales exigen a los nuevos miembros diversos tipos de iniciación. “Las que se les ocurra y no hay límites en sus exigencias”. En el caso de los varones, demandan, por ejemplo, hacerse heridas punzocortantes en los brazos, muslos o estómago, como muestra de valentía. También piden robar dinero a sus propios padres y tatuarse en determinadas partes de su cuerpo.

En el caso de las mujeres, las obligan a colocarse piercings o algún adorno en el rostro, en la oreja, nariz, lengua o en otro lugar de su físico. “En algunos casos, van más allá, porque descubrimos unos hechos de violación. Una de ellas sostuvo que para estar dentro del grupo tenía que tener intimidad con dos, tres o cuatro componentes de la pandilla juvenil”, comentó Magne.

Una muchacha, cuyo nombre no fue dado a conocer, rescatada de la calle por una institución que se dedica a trabajar con este tipo de jóvenes, relató que las obligaciones para que las mujeres ingresen a una banda  son mucho más duras que las que se determinan para los varones.

“Si bien a los hombres les piden que roben, que tomen o que golpeen a alguien, eso se resuelve en medio día, pero las chicas debemos pasar pruebas durante una y hasta dos semanas, en las que debemos tener relaciones sexuales con los miembros del grupo”, comentó.

Javier otra persona con la que habló La Razón expresó que a él y su amigo les pidieron golpear a una persona, para integrarse a una caterva del Distrito 8.  En una plaza, el líder les señaló a quién lastimar. “Nos acercamos, le dijimos que porque molestaba a mi hermana, aunque no tengo una. Ese chico se sorprendió y asustó. No le dimos tiempo para que reaccione y empezamos a golpearle, luego una señora gritó y nos escapamos, pero habíamos pasado la exigencia”.

Patricia, otra muchacha que conoció las demandas de iniciación, contó que a su hermana la obligaron a enamorar a un profesor de su colegio para ser parte del corrillo y logró hacerlo. “Ella era la chica del profesor, salía con él y tenían relaciones sexuales, consiguió los exámenes del curso en varias oportunidades”. La hermana tenía 15 años y le contó que la habían obligado a tomar alcohol durante dos días seguidos.

Esta banda se formó en el colegio  y ella quiso ser miembro porque uno de sus allegados le gustaba. Pero tuvo que cumplir los caprichos de los bandidos.

Abusadas en su vivienda

El jueves 25 de mayo, Ruth (14 años) fue a la casa de María (16 años), ubicada en una zona del Distrito 8. A las 19.00 tocaron a la puerta cuatro miembros de la pandilla New Boys, que ingresaron por  la fuerza. Pero más tarde bebieron alcohol juntos.  Al día siguiente, cerca de las 13.00, ellas fueron abusadas sexualmente. Ante los gritos de ambas,  los vecinos acudieron en su socorro, forzaron las puertas, y maniataron a los cuatro jóvenes de entre 16 y 19 años, que luego fueron entregados a la Policía.

El fiscal asignado al caso, Harold Jarandilla, dijo que no se descarta la posibilidad de que el hecho se trate de un caso de iniciación para ingresar a la pandilla porque Ruth conocía a los pandilleros y ellos llegaron a la casa de María, justo cuando allí no estaban los padres de ésta.

El director de la Fuerza Especial de Lucha Especial Contra el Crimen (FELCC), coronel Ramiro Magne, comentó que María declaró que ya había pasado la prueba muchas veces, haciendo referencia a los actos sexuales que se produjeron en su domicilio. Ruth explicó que una semana antes una amiga, de nombre Verónica, le presentó a los miembros de la banda.

“Sus apodos eran el Jefe (porque era el líder del grupo) y El Con Dinero. Ellos llegaron con otros dos muchachos, tocaron a la puerta y cuando los atendimos no queríamos que entren, pero lo hicieron por la fuerza. El Jefe me dijo que no le prohíba nada porque yo ya le conocía y que me iba a hacer lo que le hizo a la otra chica (la abusó)”, relató.

Una vez dentro del inmueble todos empezaron a consumir bebidas alcohólicas hasta las 21.00. Los varones se retiraron, pero regresaron a las 08.00 del día siguiente, con más botellas de alcohol. Esta vez las adolescentes les permitieron ingresar y a las 13.00 El Jefe llevó a Ruth a otra habitación, le quitó la ropa y la ultrajó. La menor de edad escuchó gritos en el cuarto contiguo, según su testimonio, y se zafó del Jefe. Cuando ingresó a la pieza su amiga lloraba.  Luego oyeron golpes en la puerta, eran los vecinos que vociferaban para que salgan.

Los Más Buscados, un peligro

La pandilla Los Más Buscados son el grupo delincuencial más peligroso en El Alto, según el director de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) coronel Ramiro Magne. Ellos, como muchos otros, exigen a sus nuevos integrantes que roben en sus casas, que lleven prendas y se hagan tatuajes.

Los jóvenes buscan afecto y respeto en estas bandas

La falta de atención en sus hogares por parte de sus padres o hermanos, la discriminación que puedan sufrir en el colegio o el barrio, o el grado de violencia que se presenta en la familia, son algunos de los factores por los que los jóvenes se inmiscuyen con pandillas callejeras.

La psicóloga Rosario Luizaga indicó que también ellos buscan una identidad en su espacio. “Como se sienten sin afecto o poco comprendidos llegan a formar parte del grupo que los acoge y le incentiva o alienta en lo que hace. Pelear, golpear a alguien, tener relaciones con una chica y robar son retos y logros a la vez”.

Luizaga dijo que en nuestra sociedad, los jóvenes, en su mayoría, tratan de identificarse con un estilo de vida en el que se sientan tomados en cuenta. “La solución es una pandilla. Se suma a esto la falta de control de los padres o el poco valor que le dan a sus problemas. Generalmente se escucha cómo los padres les dicen a sus hijos que sus preocupaciones son insignificantes,  que ya verán cuando crezcan y tengan verdaderas responsabilidades, y no les dan la oportunidad de manifestarse”.

La psicóloga expresó que en definitiva la comunicación puede  lograr un mejor acercamiento entre padres e hijos.

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