Ciudades

Vecinos del Distrito 7 usan agua de piletas, cisternas, ríos y pozos

Historias. En 45 zonas del sector Playa Verde padecen la falta del líquido

Problemas. Luciana Yujra, de Julián Apaza, lava ropa en un bañador acomodado encima de turriles.

Problemas. Luciana Yujra, de Julián Apaza, lava ropa en un bañador acomodado encima de turriles. Foto: Alejandro Álvarez

La Razón / Miguel Rivas / El Alto

00:00 / 15 de octubre de 2012

La familia Condori vive en San Luis del Distrito 7, una de las 15 zonas del sector denominado Playa Verde que no tienen agua potable. Para vivir, Lorenzo Condori recibe el líquido de un camión cisterna, entre tres y cuatro veces por semana.

Esta carencia de agua se repite en el 45% de los barrios de ese distrito, según los dirigentes. Es decir, que de las 106 urbanizaciones, 47 sufren carencias por la falta del suministro.

Condori recurre a los camiones cisternas, pero sus vecinos tienen otras formas de abastecerse. Lo hacen de pozos, de ríos y de piletas públicas.

Ésta es la situación del Distrito 7, uno de los tres que aún tienen problemas de abastecimiento del líquido elemento en esta ciudad, que echó a Aguas del Illimani justamente porque había zonas sin agua.

La Empresa Pública Social de Agua y Saneamiento (EPSAS) reconoce que la cobertura no llega al 5% de la población alteña, y lo atribuye al crecimiento constante de esta urbe de migrantes.

Condori no sólo sufre la falta de agua, sino que aprovisionarse le resulta oneroso. Explicó que por mes gasta entre 84 y 112 bolivianos, cuando las papeletas de consumo de esta ciudad tienen un promedio de 25 bolivianos.

Por cada turril, Lorenzo tiene que pagar entre 7 y 10 bolivianos, dependiendo del dueño del camión cisterna, y cada mes usa entre 11 y 17 barriles.

“Por ahora, mi familia no es numerosa, somos cuatro. Mi esposa y mis dos hijos gastamos el agua para cocinar, lavar ropa o asearnos. Qué será de otras familias donde hay más de cinco miembros”, comentó.

SECOS. Los pozos que se cavaron en el sector, hace más de diez años, ahora se encuentran secos, esto se debe a que en las temporadas cálidas el agua se evapora. Lo contrario sucede durante el periodo de lluvias.

Las piletas públicas se encuentran en la zona 5 de Julio, pero no siempre son útiles debido a que están ubicadas en un sector elevado y se quedan sin el líquido cuando baja la presión de distribución.

Las señora Francisca Choque que vive en San Miguel, también ubicado en el sector Playa Verde, cada día recorre uno 700 metros empujando una carretilla hasta el río. Allí lava la ropa de sus hijos y también recoge agua para su consumo.

Lo hace por la mañana, “mientras más temprano mejor”, asegura. Luego de lavar las prendas de sus tres hijas y, en otras oportunidades, la suya y de su esposo, además llena dos bidones de cinco litros con agua para volver a su domicilio. Tiene que empujar los bidones y además llevar la ropa mojada.

“Todos los días hay que hacer esto porque las wawas (niños o niñas) ensucian la ropa con tierra cuando juegan y el agua que llevamos es para cocinar. No siempre podemos pagar por los barriles y se hace necesario ir a buscar agua a los ríos donde hemos separado un sector especial para el consumo y otro para lavar”, explicó la vecina del Distrito 7.

Una vez que tienen el agua los problemas persisten, pues cuidarla y racionarla se hace a veces difícil por las diversas utilidades que tiene.

Al no tener el líquido en grifos, los vecinos de este distrito no cuentan con un cuarto para la higiene, por lo que se asean a la intemperie. “Da vergüenza, tratamos de hacerlo cuando no hay mucha gente, los varones no tienen mucho problema ni los niños, pero para nosotras es muy incómodo, lo mismo que ir al baño”, relató casi temerosa y tímida María Choque, vecina de Valle Hermoso, también del sector Playa Verde.

Algunas familias optaron por instalar el sistema de baño ecológico que propuso la Fundación Sumaj Huasi para evitar que los servicios improvisados se propaguen en las pampas y aumente la contaminación ambiental. Aquellas letrinas usan baldes y cal para acumular y neutralizar los desechos humanos

PILETAS. En la parte noreste del Distrito 7, el agua se suministra en piletas públicas, pero el área se encuentra a una relativa mayor altura y por eso a veces disminuye la presión. Por esta razón, aquí también utilizan recipientes para acopiar el líquido.

“Levantar un balde desde dentro del turril es todo un reto, pero sacamos más de uno para lavar la ropa, luego hay que refregar, tender y una vez secas las prendas hay que recogerlas, vaya que es trabajo y todo es gratis”, se quejó Luciana Yujra, vecina de Julián Apaza.

Para la gente que vive en estas zonas los baldes son un instrumento de trabajo y se convierten en su aliados a la hora de llevar agua desde una pileta pública debido a las distancias que recorren.

Jorge Ch. tiene diez años, aún está en el colegio y cuando su mamá se enferma él, como hermano mayor de tres niñas, ayuda en las labores de la casa principalmente en el traslado de agua en bidones o baldes.

Él contó que no puede levantar los bidones llenos, de modo que sólo los traslada con media carga y así se complica su trabajo.

Control a cisternas

Los vecinos desconocen de dónde procede el agua que proveen los cisternas y piden a la Alcaldía que controle la calidad de este líquido.

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