Ciudades

Sebastián Obermaier: ‘Continuaré hasta que mi cuerpo me lo permita’

Nació el 24 de octubre de 1934, en Rosenheim, Alemania. Vivió  y sufrió de niño la Segunda Guerra Mundial. En 1949, su padre, Sebastián Obermaier, falleció y él se hizo cargo de su familia junto a su madre Filomena Mayer, quien murió en 1978.

El padre Sebastián Wilhelm Obermaier Mayer.

El padre Sebastián Wilhelm Obermaier Mayer. Foto: Archivo

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Rivas / El Alto

07:31 / 12 de julio de 2016

— ¿Cómo decidió seguir el sacerdocio, qué lo impulsó?

— Después de la Segunda Guerra Mundial estuve en contacto con jóvenes de la parroquia San Nicolás y con sacerdotes, además mis padres eran muy católicos, todo ello influyó para decidir mi vida.

— ¿Era la única opción o tuvo que pensar en otras?

— También pensé en ser profesor, me gustaba también la idea de poder enseñar o dedicarme a trabajos de agricultura; la decisión no fue fácil, he pensado mucho, pero creo que al final he decidido con el corazón y el cerebro.

— ¿Qué sintió el día que se ordenó como sacerdote?

— Alegría, me sentía más cerca de Dios, pero nacía una responsabilidad más, un compromiso personal y una meta con la gente. Hay muchas cosas indescriptibles, el apoyo de mi familia fue importante y determinante, su alegría junto a mí y conmigo. Pero supe que sí debía ser mi vida.

  — ¿Por qué decidió venir a Latinoamérica?

— Tenía el pensamiento de ayudar y me dije a mí mismo que quería ir a Latinoamérica, las razones no las sé porque no conocía nada de este lugar. El Cardenal me dio permiso de ir a Latinoamérica, pero con la condición de que trabaje como párroco de los católicos alemanes en Venezuela.

— ¿Usted escogió Bolivia como un nuevo destino?

— Después de 11 años de felicidad en Venezuela; el jefe, que tenía poder sobre mí, dijo que me vaya a La Paz, porque se comprometió con monseñor Jorge Manrique que enviaría a alguien y llegué directo a El Alto.

— ¿Cómo fueron los primeros años en esta ciudad?

— Cuando llegué a Bolivia, monseñor Manrique me dijo que iría a Villa Adela, un lugar lejano, donde no había ni agua. Lo primero que debía hacer era aprender aymara, luego pasar misas en medio de la lluvia, el viento, al aire libre; tenía la idea de que no iba a construir parroquias, sino un pueblo de Dios y me dijeron que me olvide de esas sonseras.

— Empezó sin templos, ahora hay muchas parroquias que resaltan por su arquitectura. ¿Por qué destacan?

— Un templo destaca por su altura, por su torre y de alguna forma comunica que en ese lugar hay misas y es parte de la Iglesia Católica, atrae más a los fieles.

— ¿Cómo se puede fortalecer la Iglesia ahora?

— Hay tantas formas, las misas deberían ser transmitidas por los canales de televisión. Si en una misa hay 150 personas a las que les llega la palabra de Dios, en una transmisión, además de esos 150, habrá otros miles.

— ¿Qué lo caracteriza de otros sacerdotes en esta ciudad?

— No puedo hablar de diferencias, sé que yo creo en Dios y me entrego totalmente, es mi vida.

— ¿Qué fue lo más difícil en todos los años que estuvo aquí?

— En un principio aprender de medicina y atención de partos, luego en 2003 la ayuda a los heridos por la balacera.

— ¿Se habló de que se retiraba, de que volvería a Alemania, esto pasará pronto?

— Yo he pedido seguir en mi tarea hasta que mi cuerpo y mi mente ya no puedan más, quiero seguir sirviendo con la fuerza y la fe que tengo hasta el final.

Perfil

Nombre: Sebastián Wilhelm Obermaier Mayer

Cargo: Sacerdote y director de la Fundación Cuerpo de Cristo

Sacerdote

Además de estudiar Teología y obtener el doctorado en esta rama, aprendió arquitectura, aplicó sus conocimientos en varios de sus proyectos, como la ruta elevada para la urbe alteña.

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