Ciudades

Cuatro especies de aves de presa logran adaptarse a la urbe paceña

El águila mora, el aguilucho común, la maría y el killi killi son cuatro aves rapaces diurnas que se adaptaron a la ciudad de La Paz debido a la gran disponibilidad de palomas, por lo que podrían ayudar a controlar una sobrepoblación, según un estudio que plantea promover su cuidado.

Águila Mora. El ave planea con las alas extendidas. Enrique Richard

Águila Mora. El ave planea con las alas extendidas. Enrique Richard

La Razón (Edición Impresa) / Guadalupe Tapia / La Paz

00:00 / 11 de enero de 2015

El águila mora, el aguilucho común, la maría y el killi killi son cuatro aves rapaces diurnas que se adaptaron a la ciudad de La Paz debido a la gran disponibilidad de palomas, por lo que podrían ayudar a controlar una sobrepoblación, según un estudio que plantea promover su cuidado.   

La investigación Aves rapaces diurnas en la ciudad de La Paz: conservación e importancia ecológica, cultural, ecoturística, educativa y terapéutica, de los biólogos Enrique Richard y Denise Contreras, echó luces sobre este fenómeno.

“En la ciudad hay al menos cuatro (especies) que están de forma eventual y permanente, de las cuales tres se estudiaron con particular atención durante cuatro años”, explicó el investigador Richard.

El proceso de adaptación del águila mora o gavilán (geranoaetus melanoleucus), el aguilucho común o jaka (geranoaetus polyosoma), la maría o alkamari (phalcoboenus megalopterus) y el killi killi (falco sparverius) cernícalo americano o halcón de pequeño tamaño, tomó de 15 a 20 años aproximadamente.

Hasta 1995 estos cuatro grupos de rapaces o de presa permanecían sobre todo en el área rural y sitios no urbanizados de La Paz.

Richard y Contreras estudiaron a  estas especies entre el 10 de agosto de 2010 y el 31 de agosto de 2014.   

La primera es el águila mora, que habita en áreas donde predomina la vegetación baja, como sierras, zonas montañosas, mide de 65 a 80 centímetros (cm) y llega a 1,86 metros con las alas extendidas.  

En la ciudad, según Richard, se observaron al menos tres familias —integradas por dos y hasta tres miembros cuando tienen pichones—, las cuales cazan en parejas.

“Es la rapaz más grande que hay en La Paz y ha desarrollado una técnica sofisticada de caza que es muy eficiente”, destacó el biólogo. Vuelan al ras de los techos de las casonas situadas en torno a la plaza Murillo y levantan bandadas de palomas comunes (columbia livia).

 “Se puede decir que las arrían como ganado y las elevan a una altura aproximada de 4.300 a 4.500 metros sobre el nivel del mar”.

Como la columbia livia no es un ave voladora y las que habitan en la plaza Murillo están sobrealimentadas, cuando llegan a esa altura colapsan y el águila mora las atrapa con sus garras y poderosos picos.

Su horario de caza es de 13.45 y 16.45, y un ejemplar puede atrapar hasta 200 palomas al año.

Especies. En segundo lugar se estudió al aguilucho común, que mide de 45 a 53 cm y llega a unos 1,20 metros de envergadura alar. Prefiere vivir en matorrales, zonas con relieve abrupto, bosques y llanuras arboladas. En La Paz se identificó a dos familias de dos y tres integrantes.

Las aves levantan bandadas de sus presas en la plaza Murillo, se sitúan por encima de ellas y las capturan. Se estableció que su horario de caza es de 08.00 a 09.00.  

“Una vez que logran su objetivo, es posible verlas comer a su presa en algún sitio cercano, como en la Catedral (Metropolitana”, afirmó Richard.  

El hábitat natural de los dos grupos de ovíparos es el área rural o similares. Son cazadores de mamíferos, como liebres o viscachas, y no tanto de aves. Sin embargo, habrían incursionado en la ciudad por la gran disponibilidad de columbia livias.

La tercera rapaz que habita la urbe es la maría o alkamari, que mide unos 50 cm y llega a un metro con las alas extendidas.

Vive en las laderas desnudas, estepas altoandinas y pastizales de altura en la puna y prepuna. Los phalcoboenus megalopterus no cazan palomas, sin embargo, desarrollaron una estrategia para alimentarse de ellas, introduciéndose en sus nidos —en la Catedral Metropolitana y la iglesia de San Francisco—para robarse a las crías.

“También las podemos avistar en los ríos y en basurales porque son carroñeras. A veces se las confunde con las gaviotas andinas”, precisó.

La cuarta especie que se adaptó a la urbe paceña, aunque ya no se la ve frecuentemente, es el killi killi o halcón pequeño, que llega a medir 25 cm y tiene hasta 50 cm de envergadura alar. Según Richard, la población de esta ave fue disminuyendo.  

“De hecho, en el famoso mirador Killi Killi, donde se podían avistarse,  ya no se ven estos cernícalos. Estos animales se alimentaban de roedores, pero ahora se pudo observar que modificaron su dieta y, al igual que la maría, se introducen a los nidos de las palomas para robarse pichones”.

En el tiempo de estudio se observaron a cuatro killi killis llevándose palomos entre sus garras.  

Beneficios. De acuerdo con Richard, el hecho de que existan cuatro especies rapaces diurnas que se alimenten de palomas son un aporte importante para el municipio, pues podrían controlar su proliferación.

“Están cumpliendo una función ecológica. Como predadores, no van a terminar con ellas, sino solamente van a evitar su proliferación”, explicó.

También observó que se debe impartir a la población información sobre el rol de estas especies para que se las proteja, pues en el imaginario colectivo existe la idea de defender a los pacíficos plumíferos.

“Cuando sacaba fotos, la gente decía que había que matarlos —‘¡pobres palomas!’—, cuando en realidad esas aves son en extremo peligrosas por la cantidad de enfermedades que propagan. Se calcula que en La Paz hay 50.000 de esas aves”, destacó el investigador. La Alcaldía de La Paz aplica un programa de esterilización para controlar su sobrepoblación.

Proponen construir cajas nido por especie

El biólogo Richard Sánchez propuso construir cajas nido para promover el crecimiento de la población de aves rapaces en la ciudad de La Paz y educar a los moradores de la urbe para que las cuiden. Las cajas son nidos artificiales que se instalan tomando en cuenta características —altitud, sombra, abertura y otros—  específicos para cada especie. “Lo importante es promover su cuidado, impartiendo información. Nadie ama lo que no conoce y nadie cuida lo que no ama”, reflexionó.

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