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La Alcaldía ‘pierde la pelea’ contra la tala y los terraceos

La SIB filial La Paz sugiere planificar la ‘bajada’ de los cerros. Al terraceo se suma la tala de árboles. Un ejemplo de ello es lo que sucede en la parte superior de la colina en la que se encuentra el bosquecillo de Achachicala.

Bajada de un cerro en la zona de Alto Irpavi en La Paz.

Bajada de un cerro en la zona de Alto Irpavi en La Paz. Foto: Miguel Carrasco

La Razón (Edición Impresa) / Guadalupe Tapia / La Paz

11:40 / 02 de febrero de 2020

La tala de árboles y el terraceo de cerros, especialmente en el Macrodistrito Sur, no dan tregua. Pese a las órdenes de paralización emitidas por el Gobierno Municipal de La Paz, esos trabajos —que buscan consolidar asentamientos humanos— continúan.

Así lo pudo constatar este diario en un recorrido que realizó por Alto Irpavi, Irpavi, Achumani, Següencoma, Achachicala y Plan Autopista, donde se puede observar a simple vista los cambios en el paisaje natural.

El secretario municipal de Planificación del Desarrollo, Marcelo Arroyo —quien respondió a un cuestionario de La Razón—, explicó que en ocasiones los fiscales municipales no pueden ingresar a las áreas donde se presentan infracciones relacionadas con asentamientos ilegales y terraceos, “debido a la agresión de los vecinos”, y al argumento de que “no pertenecen al municipio de La Paz”. También aludió a la ausencia de la fuerza del orden en estas intervenciones y el consiguiente riesgo que corre la integridad física de los municipales.

“La identificación de los infractores, sean éstos propietarios, poseedores, ocupantes, promotores o profesionales responsables de los terraceos, es una dificultad” adicional, añadió.

El martes 28 de enero, detrás de Alto Irpavi, dos tractores y volquetas aplanaban un cerro en el que habilitaron un acceso lateral colindante con el río.

“Han comenzado con los trabajos hace un año y ahora parece una planicie. Los vecinos se quejaron, pero se quedó así”, dijo la ciudadana Alina Pérez.

  • Aruntaya. Un tractor realiza el movimiento de tierra. FOTOS: MIGUEL CARRASCO

Algo similar se puede observar en la parte superior de Aruntaya. Ahí el movimiento de tierra se hace al lado de un condominio de al menos seis filas de edificaciones, cada una de unas 10 plantas.

Otro sector donde se hacen estos movimientos es detrás de la meseta de Següencoma; allí comenzaron a aplanar un cerro rojo y la parte alta de Alpacoma. Lo mismo pasa en la parte posterior de Alto Obrajes y en Achumani.

Pese a las cuatro dificultades identificadas por Arroyo, éste destacó que el gobierno local inició 300 procesos administrativos de fiscalización territorial en 2019.

Al terraceo se suma la tala de árboles. Un ejemplo de ello es lo que sucede en la parte superior de la colina en la que se encuentra el bosquecillo de Achachicala, que colinda con las zonas Santa Rosa de Tiji, Alto Vino Tinto y Tangani, entre otras.

Allí, las personas aprovechan los feriados y las noches para hacer desaparecer árboles y construir viviendas a medias aguas.

“Con todos los problemas sociales que hubo, se incrementaron. La Alcaldía no nos hace caso. Hemos ido al Ministerio de Medio Ambiente (y Agua) para hacer la denuncia, aunque con los cambios (de autoridades) no tenemos respuesta”, lamentó Félix Cusi, dirigente de Vino Tinto.

  • Achachicala. De la noche a la mañana aparecieron casas precarias.

La Razón también consultó a Arroyo sobre el problema de invasión de áreas forestales; sin embargo, este punto del cuestionario no fue respondido por el funcionario municipal.

Consultado sobre por qué la Policía no participa de sus operativos, Arroyo señaló que si bien la normativa municipal sobre fiscalización territorial establece que de ser necesario debe solicitarse el apoyo de la institución del orden, en la práctica no se cuenta con este respaldo efectivo.

“El Comando policial requiere la existencia de procesos administrativos de fiscalización concluidos. Asimismo, indican que deben realizar operativos previos para verificar la cantidad de personas que ocupan el sector, acción que dificulta su intervención oportuna en el área”.

Para Mario Galindo, presidente de la Sociedad de Ingenieros de Bolivia (SiB), filial La Paz, como la ciudad no tiene hacia dónde crecer, las restricciones que impone el gobierno local, por ejemplo, a los terraceos, no son acatadas.   “Hay una necesidad de la ciudad de desarrollarse y crecer, pero ya no (hay) dónde expandirse. Así que, si no queremos una ciudad que se estanque, debemos apoyar el crecimiento lo que significa pagar precios, construir avenidas más anchas, edificios más altos, e incluso bajar cerros”.

Respecto a la tala, al tratarse del medio ambiente, deberían emitirse sanciones y reposiciones claras, sostuvo. “Habrá algún cerro que cuidar, como la Muela del Diablo, aunque no todos. Si hacemos leyes que impidan el crecimiento, no se frena, solo se genera la ilegalidad y eso fomenta un crecimiento ilegal y desordenado, que al final debe ser regularizado”.

Según él, el crecimiento, que implica el aplanado de las colinas, debería ser acompañado por las autoridades. “La Alcaldía no tiene la fuerza necesaria en la ley para detener nada”, lamentó.

  • Següencoma. Maquinaria comenzó a hacer terrazas detrás del cerro.

En el caso de Alto Auquisamaña, durante el año pasado se realizaron tres terraceos ilegales. El gobierno local ordenó detener ese trabajo y paralizar la construcción de un edificio en la parte baja de la calle Jazmines.

Sin embargo, la disposición fue omitida y la edificación, que tenía cuatro plantas en el momento de la notificación, cuenta hoy con seis y se sigue elevando.

A Aruntaya todos los días ingresa maquinaria pesada, informó una vecina. “Parece que son los comunarios que quieren habilitar los espacios. Algunas veces hicieron explotar dinamita, lo que nos preocupó”, dijo Delia Peña.

Para el director del Instituto de Investigación Geográfica (IIGeo), de la Universidad Mayor de San Andrés, Javier Núñez Villalba, tanto la tala de árboles como el aplanado de cerros se han salido de control municipal.

“Los loteadores tienen una fuerza a veces hasta institucional, política, y es muy difícil poder controlarlos. Las normas existen, pero la cosa es hacerlas  cumplir. (Para ello) se tendría que utilizar la fuerza pública, pero a veces los loteadores son más agresivos”, manifesto el estudioso.

A contramano de lo que afirma Galindo, Núñez Villalba considera que no se debería fomentar el crecimiento hacia los cerros por el riesgo. Además, señaló que esto no se justifica por la disminución poblacional que sufre La Paz.

“La tendencia de la población es a la disminución. Entonces no hay justificativo para que se invadan otras áreas para el crecimiento urbano. En todo caso, si hay un sitio donde debería crecer la ciudad, es hacia El Alto”.

Núñez Villalba coincide en que se debería mejorar la planificación urbana y difundir información sobre estos movimientos. En 2019, el IIGeo identificó al menos 16 lugares en los que se realizaron terraceos y se procedió a la tala.

“En todos estos lugares la actividad continua”, ratificó.

Entre diciembre de 2019 y enero de este año, los vecinos de Chijipata e inmediaciones de la Muela del Diablo denunciaron trabajos con maquinaria. En el primer caso, la Subalcaldía Sur emitió la orden de paralización, que fue respetada; pero en el segundo, las faenas para dar pie a los asentamientos humanos continúan, sin que se pueda hacer nada. (02/02/2020)

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