Ciudades

La trata de menores en El Alto se origina en la violencia familiar

Los casos de trata y tráfico de menores ocurridos en la ciudad de El Alto se originan, en su mayoría, en la violencia física, psicológica, sexual y moral que los niños sufren al interior de sus familias, concluyen instituciones que atienden estos casos.

Dos instituciones que atienden casos de trata y tráfico de menores de edad en El Alto coincidieron en que la mayoría de las víctimas proviene de hogares disfuncionales.

Dos instituciones que atienden casos de trata y tráfico de menores de edad en El Alto coincidieron en que la mayoría de las víctimas proviene de hogares disfuncionales. Foto: Internet

La Razón / Miguel Rivas / El Alto

05:24 / 23 de abril de 2012

La Defensoría de la Niñez y Adolescencia (DNA) y la institución Medio Ambiente y Desarrollo en Acción (Enda, siglas en francés) coincidieron en esta apreciación, que es el resultado de las diferentes experiencias de tratar psicosocialmente a las víctimas que fueron rescatadas de ese flagelo.

“Lo que yo atacaría sería la violencia que se genera en los hogares, porque es el principal factor para que los niños, niñas y adolescentes busquen una alternativa de vida en las calles y otros lugares y se vean en problemas de trata y tráfico”, destacó la responsable y trabajadora social de Enda, María Estela Condori.

Este tipo de delito se encuentra dentro de la tipología delitos contra la libertad sexual y es el tercer negocio más rentable en Bolivia después del narcotráfico y la venta de armamento.

La trabajadora social de la DNA 24 horas de El Alto, Ana María Callisaya, también destacó que los problemas que llevan a que menores de edad se vean envueltos en este tipo de delitos pasan por el factor económico, la educación y el abandono de hogar.

“Se ha visto que muchos padres, por falta de dinero y al tener más de cuatro hijos, ‘prestan’ a los más grandes o los venden; tal vez conociendo lo que les sucederá a los niños o en algunos casos sin saber a qué los exponen”.

Según datos de las Defensorías de la Niñez y Adolescencia de El Alto, al primer trimestre de 2011 las seis defensorías de la urbe atendieron 5.021 casos de violencia hacia la infancia.

Los motivos de mayor denuncia fueron el maltrato, el abandono y la violación.  Estas cifras se repiten o se aproximan en lo que va de esta gestión.

Condori añadió que el 60% de los menores que están en situación de trata y tráfico fueron víctimas de violación y abuso sexual por parte de sus familiares.

“La mayoría de los abusadores son los padres o los hermanos, luego están los tíos, primos; lo cierto es que las mamás no los defienden y más bien los acusan de mentir. Los jóvenes toman esto como que les dan la espalda y huyen del hogar”.

La responsable de Enda explicó que la violación es el tipo de violencia que mayores problemas posteriores ocasiona en los menores de edad, porque en esos hechos se mezcla lo físico, psicológico, moral y sexual.

Callisaya añadió que algunos jóvenes abandonan a su familia por la rebeldía típica de la edad y otros por los problemas y la violencia u olvido a los que son sometidos. Una vez en la calle, conocen a nuevos amigos que sustituyen lo que no encontraron dentro de su hogar. 

Violación. Callisaya también señaló que en la ciudad de El Alto se atienden cada mes entre seis y ocho casos de violaciones a menores de edad.

En la gestión 2009, el número de violaciones denunciadas y registradas alcanzó a 843; en 2010 a 1.136 y en 2011 a 1.096. Hasta febrero de este año, las víctimas sumaban 208.

“Lo malo es que las madres y padres, que son los que deberían impulsar algún tipo de acción legal, callan si se trata de familiares o llegan a algún tipo de acuerdo económico. Con eso enseñan a las víctimas que las soluciones van en otro sentido y las dejan desprotegidas”, manifestó.

Las víctimas son niños, niñas, adolescentes y jóvenes de entre 12 y 17 años. Desde 2007 los casos se presentaban sólo en menores de 15 años para arriba, pero en la actualidad la edad disminuyó y aumentó la cantidad de afectados.

La calle los expone al dolor

Una vez que llegan a la calle los niños, niñas y adolescentes se convierten en potenciales víctimas de los tratantes de personas y de aquellos que comercian sexualmente con menores de edad. Son los integrantes más antiguos de los grupos a los que se acogen, los que se encargan de proponer, ofrecer o llevar a los que recién llegan ante los que negocian y comercializan con el sexo.

Estuvo encerrada en Argentina

En 2009, Carla, una menor de 15 años, fue llevada a la Argentina con el consentimiento de su mamá para que trabaje como mesera. Allí la prostituyeron, escapó y se lastimó una pierna y llegó a Bolivia con muletas y fue tratada por psicólogos.

“Una amiga de la madre se la llevó con el argumento de que allí ganaría dinero. La menor tuvo que compartir habitación junto a otros chicos y chicas”, relató María Estela Condori, responsable de la ONG Enda.

La niña estuvo seis meses en ese lugar, sin contacto alguno con sus familiares y sin poder salir a la calle. Dentro las explotaban laboral y sexualmente.

En una oportunidad, las personas que la tenían encerrada se descuidaron, la menor trepó un muro y saltó hacia la calle, allí se fracturó una de las piernas, pero logró pedir ayuda.

Intervinieron las autoridades argentinas. Luego de internarla a un hogar transitorio la deportaron al país.

“La recuperación de la confianza es muy difícil en estas víctimas”.

Jorge y Martín. Les mostraban películas pornográficas para que aprendan a tratar a los clientes

Dos adolescentes varones de 14 años, Jorge y Martín, fueron rescatados por la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen  (FELCC) a inicios de la presente gestión, de la zona de Villa Dolores, del Distrito 1.

Ambos eran obligados a mantener relaciones sexuales con otras personas, también varones. Una persona mayor los reclutó en la calle con engaños, pues les indicó que trabajarían y ganarían dinero.

Una vez en el lugar, a los menores les hacían ver videos pornográficos para que aprendan y pongan en práctica diversos actos para satisfacer a los clientes.

La captura de los proxenetas se produjo gracias a la denuncia de los vecinos que indicaron que en el domicilio intervenido había gran movimiento de adolescentes varones.

El trabajo de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia (DNA) logró averiguar que los menores involucrados habían abandonado sus hogares en diferentes circunstancias, luego de tener problemas con sus padres.

La persona que los reclutó aprovechó que deambulaban en la calle.

Manuel y Andrés. Los vendieron por dinero, porque la familia ya no tenía para mantenerlos

La Defensoría de El Alto atendió dos casos en los que las madres vendieron a sus hijos con el argumento de que necesitaban dinero por la cantidad de hijos que tenían.

En el primer caso, una mujer fue obligada por su nueva pareja a vender a su hijo Manuel de 12 años; esto ocurrió en la provincia Ingavi del departamento de La Paz.

En el segundo caso, presentado en el área urbana, la madre comerció a su hijo mayor Andrés (15) porque tenía otros cinco hijos más que criar y no contaba con recursos económicos. En ambos hechos, familiares denunciaron lo ocurrido y los menores fueron rescatados sin signos de haber sido explotados sexualmente pero sí laboralmente.

A ellos no se les permitía asistir al colegio y estaban condenados a tareas de limpieza dentro del hogar.

La responsable de la Defensoría 24 horas, Ana María Callisaya, dijo que las mujeres involucradas están siendo procesadas y se investiga el grado de culpabilidad de cada una de las personas que ofertaron y que aceptaron “comprar” a los niños.

Roxana. Se descubrió que fue raptada cuando fue internada en un hospital

En la Ceja de El Alto, una mujer se acercó a Roxana (14) y le ofreció un contrato como empleada doméstica y como trabajadora en una pensión familiar en  minas de una provincia de La Paz.

De inicio la trataron bien, le pagaron los pasajes, el alojamiento e incluso le compraron ropa, pero luego empezaron a cobrarle por todo lo gastado y comenzaron los malos tratos físicos y psicológicos.

No la dejaban salir de la casa y luego la prostituyeron. La niña, al tener relaciones sexuales sin protección, se contagió de Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) y llegó a ser intervenida quirúrgicamente.

Así se descubrió que la menor se encontraba en situación de trata y tráfico, ya que los galenos denunciaron y alertaron sobre el hecho.

La madre la buscó y la denunció como extraviada, pero no fue hallada hasta la denuncia del hospital que la atendió. Ahora la menor retornó a su hogar.

Roxana realiza terapias con profesionales de la Defensoría para superar las secuelas de lo vivido.

Sarita y Ninoska . Eran explotadas sexualmente en la zona 16 de Julio de El Alto

Las dos menores de edad, Sarita (14) y Ninoska (15), llegaron de Llallagua a inicios de este año, luego de que su madre las diera como “prestadas” a unos amigos de la familia.

Éstos, luego de tenerlas en custodia, las trasladaron hasta la ciudad de La Paz, las encerraron y las explotaron laboral y sexualmente en un domicilio de la zona 16 de Julio.

Un día, en la casa en la que se encontraban se perdió dinero, la mujer que las cuidaba se molestó y calentó un fierro, posteriormente  las amenazó con quemarles las manos si no aparecía la plata. Eso provocó que Sarita se asuste y decida lanzarse por la ventana. Cayó en un montón de ropa y provocó la atención de los vecinos, así se logró capturar a la mujer y ubicar a la madre de las niñas.

Una de ellas relató que sufrían maltrato físico todos los días dentro de su familia, situación que no cambió cuando llegaron a La Paz.

La madre dijo que no tenía dinero para mantenerlas. Pese a ello, las menores fueron enviadas a Potosí por su bienestar emocional.

Yolanda. Llegó a la calle a los 10 años, porque su tío y hermano mayor la violaron

A sus 10 años de edad, Yolanda fue víctima de abuso sexual por su tío y en una segunda oportunidad por su hermano mayor.

La menor denunció a las dos personas ante su madre, la que en lugar de denunciar el caso,  la regañó por tratar de culpar a sus familiares. Al verse incomprendida y desprotegida, la pequeña cambió de actitud y conoció a gente en la calle que le enseñó a beber, inhalar clefa y prostituirse.

Una de esas amigas de la calle la indujo a tener relaciones sexuales por dinero, y no sólo eso, sino también con los varones que pertenecían al grupo, pero con ellos de manera gratuita, y así entró en promiscuidad. Dos años después, en 2012, cuando cumplió 13 años fue rescatada por la Policía.

Antes, hizo golpear a su hermano con uno de los miembros de su grupo de la calle, como venganza.

Los profesionales de Enda intentaron reinsertarla en su hogar, pero la menor huyó, ya que hizo de la calle su forma de vida. Ahora se pretende que retorne con su madre.

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