Ciudades

No hay norma edil para proteger los remanentes

El crecimiento de la urbe destruye estos contados espacios de biodiversidad

Fuente: Los Remanentes Naturales en un Área Urbana como la Memoria Ambiental

Fuente: Los Remanentes Naturales en un Área Urbana como la Memoria Ambiental

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 04 de octubre de 2015

No existe una norma edil para proteger los remanentes de biodiversidad o paisajes naturales que están dentro de espacios privados o ediles.

Hay casos en los que son usurpados por loteadores que erradican la flora nativa, terracean el terreno y transforman el espacio, denuncia Mariana Daza, secretaria municipal de Medio Ambiente de La Paz.

“Muchos de estos lugares son privados, ahí los dueños destruyen la flora nativa, y en otros casos están siendo víctimas de los loteamientos”.

No obstante, hay áreas municipales protegidas por la Alcaldía como el Área de Conservación Municipal de Hampaturi. Éste es “todo un ecosistema con un bodefal que además provee de agua a la ciudad”, precisa la autoridad, quien sin embargo admite que en La Paz cada vez se reducen los espacios de flora nativa.

Sergio Zambrana, gerente de Operaciones de la Empresa Municipal de Áreas Verdes (Emaverde), confirma que no existe una norma específica para protegerlos.

“Cuando alguien quiere construir le piden sus planos, verifican que no está en lechos de agua, en taludes de 45 grados, que no esté en aires de río, pero no hay una legislación sobre los paisajes naturales”, sostiene.

No obstante, al final de la Avenida del Poeta, de propiedad municipal, donde no se debería construir sin tener autorización, hay un sector que está siendo urbanizado.

Producción floral en emaverde

Cifras

Por año, la empresa Emaverde produce 2,3 MM de especies florales en el vivero de Aranjuez. La producción de especies forestales en cambio, entre árboles y arbustos,  alcanza a  180.000 ejemplares al año.

El valle que sedujo en 1548 a los españoles

Hace casi 467 años, las cristalinas aguas de los ríos Choqueyapu y Orkojahuira partían en dos a Chuquiago Marka, el valle donde crecían grandes bosques de kiswaras, sauces y queñuas. 

“El primer lago, llamado Laikakota o laguna embrujada, estaba frente al cerro de Santa Bárbara, y el segundo, cuyo nombre se desconoce, en Sopocachi”, dice la arquitecta Daysi Rodríguez, quien prepara junto a otros profesionales una memoria de aproximación de cómo era la ciudad de La Paz en el siglo XVI.

Antiguas crónicas dan cuenta de la presencia de oro a flor de tierra en los márgenes de los dos cursos de agua. En tanto, el nevado del Illimani tenía otra forma y completaba la postal natural de esa época. Fue este paisaje de ensueño el que enamoró al español Alonso de Mendoza y le motivó a trasladar la villa al valle de Chuquiago Marka, después de haber fundado el 20 de octubre de 1548 Nuestra Señora de La Paz en Laja.

“Ahora algo de esa belleza aún perdura en contados sectores de la ciudad”, expone Rodríguez. La Paz fue elegida en diciembre de 2014 como una de las Siete Ciudades Maravilla del Mundo en un concurso global organizado por la fundación por New7Wonders.

La arquitecta cita al libro La historia ambiental de Chuquiago Marka, según el cual en 1646 una cresta del Illimani se desprendió y se vino abajo. Años más tarde, en 1837, se hundió parte del cerro de Santa Bárbara, donde además había un lago y una iglesia.

De hecho desapareció el lago Laikakota y se formaron dos terrazas, una por donde está ahora el centro infantil Pipiripi y la otra al frente, en Laikakota”.

La historia de deslizamientos continuó cuando en 1873 un sector, de lo que en ese momento fue la aldea de Tembladerani—nació con ese nombre—, también se hundió y 32 personas perecieron.

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