Ciudades

El poder está rodeado por unos 50 burdeles ilegales en La Paz

Son clandestinos porque no tienen autorización de funcionamiento, pero su ubicación es vox populi. Cerca de 50 lenocinios ilegales operan en el corazón político de La Paz, camuflados como oficinas y donde las mujeres se prostituyen incluso por Bs 10.

Producción. Una mujer se dirige a una oficina donde funciona un lenocinio en el edificio Krsul.

Producción. Una mujer se dirige a una oficina donde funciona un lenocinio en el edificio Krsul.

La Razón / Micaela Villa / La Paz

01:59 / 20 de julio de 2012

Los prostíbulos ilegales funcionan diariamente desde las 09.00 hasta las 21.00 y otros lo hacen a puertas cerradas durante las noches. Detrás del Palacio de Gobierno y la Gobernación, sobre la calle Potosí, operan ocho, tres que atienden en un edificio —y se promocionan como VIP (Very Important People por sus siglas en inglés)—, tres en una casa colonial y dos en una galería comercial.

Sobre la avenida Camacho,  detrás de la Alcaldía paceña, funcionan cinco más, en los pisos quinto y octavo del edificio Krsul, y tienen como vecinos a oficinas de abogados, constructoras, funcionarios públicos y hasta institutos de educación.

“Es una pena, estamos detrás de la Alcaldía, ya hemos acudido hasta a la Gobernación a denunciar esto, porque sabemos que un lenocinio atrae ladrones, drogas, alcohol, hasta nos han robado y sin forzar chapas (de otras habitaciones). Están aquí como nueve años funcionando y los dueños les alquilan a las chicas, no sabemos qué hacer”, dijo una copropietaria de Krsul, que además mencionó que en 2009 una adolescente que ofrecía sus servicios se suicidó lanzándose del quinto piso.

En la calle Potosí existen ocho; los espacios donde se ofrecen los servicios miden 3x4 metros, están separados por cortinas o mamparas, donde se acomodan colchones o payasas en el suelo, algunos tienen camas de plaza y media. En cada oficina pueden acomodarse hasta cuatro colchones.

La Razón ingresó a estos locales y observó que los ambientes son ófricos. El local denominado Sirenas tiene pegadas en las paredes flechas para que sus clientes puedan ubicarse. Al llegar, subiendo una planta, una luz tenue y música de discoteca dan la bienvenida. En una de estas antiguas casas, frente a un burdel ilegal, funciona un parvulario, que estaba cerrado con candado cuando este diario visitó el lugar.

“En la galería hay uno que es más conocido como ‘café piernas’ —Monsiur Le Paris— y hay otro subiendo las escaleras que abre todo el día”, dijo una fuente. Junto a estos prostíbulos hay tiendas de ropa. Cerca de la Pérez Velasco, sobre la calle Figueroa, a cuadras de la plaza Murillo, hay un edificio de cinco niveles, cuyos últimos tres pisos albergan a 27 lenocinios camuflados. En cada planta existen nueve oficinas. 

A las 09.00 sólo tres clientes se acercan a esta construcción para comprar servicios, sin embargo, a las 12.30 son como diez en un solo piso y sus edades oscilan entre 15 y 55 años aproximadamente. Uno toca una de las puertas, ésta se abre y se pacta el precio.

Mientras ellos preguntan los costos, tres muchachas suben las gradas de la construcción, tapándose el rostro, una con un archivador y una pañoleta; otra lleva un envase con pollo frito. “Aquí deben estar funcionando como hace tres años y hasta reparten avisos a los hombres que dicen que el tubo (donde las mujeres bailan y se desnudan) vale Bs 10”, indica una vecina del lugar. Por la misma calle, subiendo hacia la plaza Alonso de Mendoza, funcionan otros cinco y unos  dos prostíbulos más operan en la calle Loayza, frente a la Facultad de Derecho de la Universidad Mayor de San Andrés.

“Los administradores alquilan lugares donde hay estudiantes y universitarios, porque entre ellos se avisan y es donde se inician. Y si nos vamos más allá, por la Capitán Ravelo, hay tres, cerca de la Universidad Real, donde también funcionan”, señala la fuente.   Y en torno a este punto estratégico por la afluencia de jóvenes se hallan también institutos particulares y otra  facultad de la universidad pública de La Paz. En una oficina del quinto piso del Krsul está un instituto que es vecino de un prostíbulo clandestino y en el octavo piso hay una academia de canto.

“En este edificio (Krsul) tocan las puertas personas ebrias incluso en la madrugada, a las 03.00, pidiendo entrar, y a ellas (las mujeres que ejercen la prostitución) un sábado en la mañana las vieron jugando en un pasillo pesca pesca en ropa interior. Que se vayan”, sostiene otra copropietaria.

Más lejos, en la calle Viacha, por la avenida América, hay cuatro prostíbulos clandestinos, dos operan bajo la cobertura de alojamientos para viajeros. A pesar de los operativos que realizó el  Servicio Departamental de Salud junto con la Policía para clausurarlos, vuelven a abrirse. Neil Navarro, jefe edil de la Unidad  Especial de Seguridad Pública, declaró que es el Ministerio Público el que debe cerrarlos definitivamente.

Cobran por 15 y 30 minutos

Dinero

Este medio pudo verificar que las mujeres que trabajan en el edificio Krsul cobran por 15 minutos Bs 30 y por 30 minutos Bs 80. Atienden de 09.00 a 21.00, de lunes a sábado. Este mismo local tiene una  sucursal al final de la calle Juan de la Riva, donde también se emiten videos pornos y su anuncio indica que se debe ingresar “por la cortina roja, absoluta reserva”.

Puntos de vista

Empleada óptica: ‘Un sábado me confundieron con ellas’

Una vez quise entrar (a una óptica en la calle Potosí), pero no tenía la llave. Tuve que esperar, estuve temprano y un tipo se me acercó, ‘tú eres una de ellas’ me dijo, me asusté, y nunca más quiero llegar temprano en sábado y menos sola. En las puertas vemos sangre o vómitos, vienen universitarios.

Instituto de Educación: ‘Queremos que intervengan’

Nos afecta en gran manera, somos una institución de educación que damos carreras técnicas como Diseño Gráfico y otras (edificio Krsul). Las personas incluso se confunden con mis alumnas, hay quejas, queremos que intervengan las autoridades. Hay gente ebria en los pisos. ¡Que se vayan!”.

Tienda de galletas: ‘No sabía que había, me voy a ir de aquí’

No sabía que aquí (galería calle Potosí) había muchachas que se dedicaban a eso. Tomé en alquiler esta tienda desde marzo, uno de los locales abre todo el día, a veces ellas me compran galletas. He visto que vienen hombres en el día. Me voy a ir de aquí pues esto perjudica mi trabajo y a mis clientes.

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