Ciudades

Hay prostíbulos de La Paz que sortean chicas tras el ‘striptease’

Explotación. La representante de las trabajadoras sexuales dice que nadie las obliga

Negocio. El baile de mesa o ‘table dance’. Activistas  denuncian que detrás está la trata de personas, en la que las mujeres son ofrecidas como regalo o como premio a los hombres. Foto: nuestramirada.org

Negocio. El baile de mesa o ‘table dance’. Activistas denuncian que detrás está la trata de personas, en la que las mujeres son ofrecidas como regalo o como premio a los hombres. Foto: nuestramirada.org

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Quispe

00:00 / 22 de febrero de 2015

El impregnado olor a cigarro, alcohol y sudor golpea el olfato del que ingresa a uno de los cinco pisos del edificio Señor de Mayo, cerca de la plaza Murillo, donde las trabajadoras sexuales son rifadas tras una sesión de striptease, un cebo de los proxenetas para atraer clientes.    

Hace unos años, en esta construcción de la calle Figueroa, las vendedoras del mercado Lanza celebraban reuniones. Hoy en la planta baja y en el primer piso funcionan tiendas de ropa; sin embargo, desde el segundo hasta el quinto se abre un mundo donde todo es posible.

“Los espectáculos son los jueves, viernes y sábado, y la entrada es Bs 15; pero si quiere un show privado, debe pagar Bs 400 a cada una de las tres chicas que harán tres sesiones de striptease en una hora”, promete Kelly, detrás de un antifaz que apenas cubre su rostro y un baby doll con el que intenta tapar su desnudez.

Esos pequeños prostíbulos clandestinos son denominados “oficinas” por sus administradores y allí las mujeres víctimas de violencia sexual comercial ofrecen sus servicios; 20 minutos por Bs 40, Bs 50 y Bs 70.

Sin embargo, en otras oficinas, como en la número 14 del piso cuarto, se ofrece: “Show y sexo gratis. Viernes y sábados 17.00 pm”, según un aviso.Algunas de las que se desempeñan como trabajadoras sexuales son cautelosas. “En 2014 nos clausuraron por un mes, por eso ya no hacemos cada vez estos shows, pero… si usted quiere uno privado es Bs 80”, dice Nicole, una joven de unos 20 años.

Entre el segundo y el quinto piso hay por lo menos diez pequeñas habitaciones, que abarcan unos 15 metros cuadrados, y en cada una de las plantas se ganan la vida cerca de 30 mujeres en situación de prostitución.

Se calcula que unas 120, entre jóvenes y adultas, trabajan en este inmueble, en las piezas de paredes de madera preprensada y encima de catres maltrechos e iluminados tenuemente por luces rojas.

Por sus angostos y oscuros pasillos hombres de todas las edades se apretujan tratando de circular. Unos preguntan, otros hacen fila y muchos salen de las oficinas, mientras uno que otro bebe cerveza en lata.

En este edificio conocido por vecinos de la zona El Rosario como la “torre del amor”, en 2014, el entonces comandante departamental de la Policía, coronel Edward Barrientos, tras un operativo, informó que “se halló a mujeres en posesión de droga, marihuana y cocaína, quienes han sido remitidas a la fuerza antidrogas”.

Una trabajadora sexual de Miraflores describe al lugar como uno de esos “locales  baratos a donde va gente que no tiene mucho dinero, por eso cuando no hay mucha clientela hacen los sorteos”.

Otra, que ahora trabaja en Sopocachi, indica: “No es todos los días, pero en épocas bajas como en invierno (cuando el público escasea), entre mayo y julio, se hacen las rifas”.

Antros. Un sábado cualquiera por la noche, hombres de diferentes edades apretujados en uno de los cuartuchos de este edificio piden a coro: “¡show! ¡show! ¡show!”. A través de un parlante se oye: “¡Pase, pase! El show va a comenzar. 15 bolivianitos… ”.  

“Allí, desde changos (jóvenes) hasta mayores se meten, porque hay además la promesa de que sortearán a una chica tras el striptease”, cuenta a La Razón Edwin M., un adulto que en diciembre asistió al denigrante espectáculo.

En una habitación de unos 15 metros cuadrados, una pantalla muestra un video pornográfico y un animador se alista para presentar a las jóvenes que bailarán mientras se quitan toda la ropa sobre una pequeña tarima.

Detrás de un diminuto vestidor de tela, tres chicas se preparan y una a una van ingresando al “escenario”;  mientras los clientes se lanzan sobre sus presas para toquetearlas y pellizcarlas, en tanto ellas intentan bailar.

Las trabajadoras sexuales apenas terminan el “show” y el DJ, a través de su micrófono, trata vanamente de impedir la agresión. “Los ñatos se vuelven locos y unos son muy depravados”, añade Edwin.

Unos salen felices, otros reclaman porque esperaban más del espectáculo y uno recuerda que deben rifar a una chica. “¿Y el sorteo?”, preguntan alzando la voz. El DJ y el vendedor de entradas improvisan una rifa y un joven de unos 20 años con el número ganador desaparece con una de las muchachas para hacer pieza. Pero los cuartuchos del edificio Señor de Mayo no son el único lugar en el que se rifan mujeres. La activista Patricia Flores revela que hace poco recibió una denuncia contra un prostíbulo que funciona cerca de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA).

En la calle Potosí hay un local clandestino donde también “rifan chicas”, lo mismo que en los lenocinios de la zona 12 de Octubre, de El Alto, dicen fuentes consultadas por este diario. En algunos locales de Cochabamba ofrecen números de table dance (baile de mesa) de Cochabamba, denuncia la activista Julieta Montaño.

Lily Cortez, presidenta de la Organización de Trabajadoras Nocturnas de Bolivia (OTNB), confirma el sorteo de las mujeres en algunos locales nocturnos. “Entran unas tres, cuatro o cinco chicas (administradas por damas) o autogestionarias y dicen: ‘vamos a sortear quién va a entrar a pieza’, pero es bajo el consentimiento de la chica, nadie la está obligando”.  

¿Está prohibida esta práctica?, pregunta este diario. El abogado penalista Milton Mendoza explica que la “trata y tráfico de personas tiene muchas caras; si existe esta práctica del sorteo, deben ser las autoridades quienes (tienen que) regularla”.

“La prostitución no está penada, pero el proxenetismo sí”, agrega.

En la División de Trata y Tráfico de Personas de la fuerza anticrimen de La Paz aseguran que no recibieron recientemente denuncias de sorteo de mujeres en locales nocturnos, aunque advierten que intervendrán si hay menores de edad.

Denuncian la práctica en otros dos países

En 2013 se denunció que en Argentina y República Dominicana mujeres en situación de prostitución eran subastadas.

En junio de ese año, en Santo Domingo, la Fiscalía y la Policía intervinieron un local donde se hacían rifas, cuyo ticket costaba  $us 15.

En julio de 2013, el periodista argentino Alfredo Cacho Rubio fue vinculado a una red que subastaba a mujeres, según el diario bonaerense La Razón. Hace 13 años, El Mundo de España denunció la subasta de niñas en Brasil.

Denuncian la cosificación extrema de las mujeres

Flores y Montaño revelan que tras la autorización legal se sortean a las mujeres Hay locales que ofrecen espectáculos de table dance o bailes de mesa y barras americanas en los que también se rifan a mujeres en situación de prostitución, denunciaron las activistas Patricia Flores y Julieta Montaño.  

“Bajo la autorización de un table dance, algunas chicas son sorteadas, en una cosificación y vejamen total de las mujeres, y ahora se están visibilizando estas prácticas que antes estaban escondidas”, afirma Flores, activista y feminista.

Mientras que desde la Oficina Jurídica para la Mujer, que funciona en Cochabamba, Montaño apunta: “detrás de las famosas barras americanas están camufladas las rifas de mujeres y otras prácticas, porque ellas ya no son consideradas seres humanos, son tratadas como animales, como mercancía que puede ser entregada como premio, como regalo a gente con poder económico”, añade.

COCHABAMBA. Montaño informa que recibió denuncias de que en el valle algunos prostíbulos también efectúan rifas de sus trabajadoras.“Existe el sorteo, pero todo esto se da en ámbitos en los que las víctimas viven atemorizadas y no denuncian éste y otros atropellos”.  

La abogada insiste en que la prostitución bajo cualquier modalidad es una forma de violencia y degradación de la mujer. “Los Sedes (Servicios Departamentales de Salud) tienen registros de estos lugares y no deben ser solamente del 10% porque muchos son clandestinos”.

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