Seguridad ciudadana

Menos de 250 policías patrullan las calles de El Alto por turnos

Menos de 250 policías en El Alto, la segunda ciudad con más población del país (después de Santa Cruz) y cuyo número de habitantes alcanza a un millón, patrullan en cuatro turnos.

Persona protestando

Personas protestando

La Razón / Miguel Rivas - El Alto

01:00 / 04 de marzo de 2012

El comandante Regional de la Policía, coronel Édgar Carrasco, informó que la entidad a su cargo cuenta con 1.000 efectivos para la urbe, pero explicó que éstos están distribuidos en cuatro turnos, de modo que en cada uno de ellos sólo 250 está en servicio.

A eso se añade que no todos los 250 se dedican a vigilar las calles, puesto que están distribuidos en labores administrativas, Tránsito y otras funciones policiales.

El dirigente del Distrito 7, Froilán Mamani, puso como ejemplo que en su distrito existen sólo tres policías para 94 barrios. Pero, además, los tres están ocupados en tareas del control de peaje.

“Hacen falta más efectivos y recursos técnicos como vehículos e incluso armamento”, resaltó Carrasco. En El Alto sólo circulan nueve radiopatrullas, cuando se requieren 40, y los uniformados poseen sólo con 39 armas.

Pero además, se quejó del Código de Procedimiento Penal, el cual, según su criterio, beneficia más al delincuente que a la víctima, pues permite que aquel sea puesto en libertad.

En diciembre de 2011, dijo por ejemplo, “detuvimos a 71 personas en la Ceja, todos cogoteros, se ha comprobado que algunos son reincidentes, pero sólo 14 han sido puestos a disposición de la justicia, ¿por qué?”, se preguntó.

Acerca de la labor de la municipalidad, la directora de Seguridad Ciudadana de la Alcaldía alteña, Maritza Espinoza, se quejó de falta de recursos económicos para ejecutar “restructuraciones” a fin de mejorar la vigilancia.

“Hablamos de millones de bolivianos, si pensamos en dividir y desconcentrar a la Policía en Estaciones Policiales Integrales (EPI), además para dotarles de equipos de trabajo, ambientes y gastos de movilidad”.

El alcalde de esta ciudad, Édgar Patana, comentó que el municipio tiene el plan para dotar walkie-talkie a los vecinos, pero que para ello se requiere de 1,2 millones de dólares al año, monto que debe ser consensuado con los vecinos para que sea incluido en el Plan Operativo Anual (POA).

Entre el año pasado y lo que va de 2011, al menos 79 personas perecieron por estrangulamiento, en falsos minubuses de transporte público y a manos de delincuentes que matan a taxistas para robarles sus coches. A raíz de ello, los vecinos demandaron también mayor control al sector y tanto la Policía como la Alcaldía delinearon planes al respecto.

Según el ejecutivo de la Federación de Choferes 1 de Mayo de El Alto, Ismael Fernández, aplicar estos proyectos demandará también la inversión de recursos que ellos carecen. Explicó que están dispuestos a aplicar cualquier medida de seguridad, como la exhibición de stickers, letreros luminosos, identificación del chofer, entre otras, siempre y cuando  suba el precio del pasaje, congelado en Bs 1 hace cinco años, aunque ahora cobran por tramos.

Sus ingresos, dijo, son insuficientes ante esas iniciativas. Se lamentó porque sus afiliados, “de igual manera, fueron víctimas de los delincuentes”.

El Comandante de la Policía regional destacó que la inseguridad realmente es un problema en El Alto. Para reforzar su afirmación detalló, entre otros, que en la Ceja se producen de tres a seis robos por día, y que El Alto es la tercera ciudad más insegura del país, con un índice de 47%, detrás de Cochabamba y Santa Cruz.

La zona más insegura, dijo, es la Ceja, debido al movimiento económico y la presencia de 700 bares y cantinas. También son peligrosas la zona 16 de julio, 12 de Octubre, Villa Dolores, Cruce a Villa Adela, Senkata y El Kenko.

La FELCC desbarató en febrero a cuatro bandas de cogoteros, de los cuales 30 delincuentes fueron remitidos a las cárceles, pero otros permanecen libres.

Justicia por mano propia

El presidente de Fejuve alteña, Rubén Paz, indicó que ante la falta de atención de las autoridades y las falencias del Código de Procedimiento Penal, los vecinos optaron, hace tiempo, en hacer justicia por mano propia. “Que no les extrañe, que se ataque de esta forma a los delincuentes, porque se los protege más a ellos que a las víctimas a título de derechos humanos”.

Delitos con influencia extranjeraPara el coronel Édgar Carrasco, comandante Regional de la Policía de El Alto, la modalidad de los cogoteros son producto de una influencia extranjera reciente, pues antes, aseguró que los delincuentes bolivianos no operaban de ese modo.

Los nacionales, dijo, “si vale el término eran más respetuosos con la vida de sus víctimas, pero la migración de ladrones y bandas de otros países les ha enseñado la modalidad de ataque de los cogoteros”.

Explicó que existen dos categorías en esa modalidad: los que trabajan cerca de las discotecas y que sólo reducen a sus víctimas sin provocarles mayor daño que el robo de sus pertenecías, y los que actúan dentro de los vehículos de transporte público y asesinan tanto a pasajeros como a choferes.   

La autoridad consideró que el flujo comercial de esta ciudad atrajo a este tipo de delincuentes.El presidente de la Fejuve de El Alto, Rubén Paz, solicitó mayor control de las fronteras porque la mayor cantidad de delincuentes serían extranjeros.

‘Erradicar la inseguridad es imposible, hay que reducirla’

Coronel Édgar CarrascoComandante Regional de El AltoLa inseguridad ciudadana siempre va a existir, erradicarla por completo será imposible, pero se puede reducir el índice y la forma de actuar de los delincuentes.

Se puede ver que el movimiento económico es el motor de muchas cosas, sociales, culturales, políticas y otros aspectos. En esa dinámica se genera la inseguridad, cuanto más desorganizada esté una ciudad se puede ver que existe mayor peligro para el ciudadano.

Existe un eslogan, que la seguridad ciudadana es responsabilidad de todos, la Policía es sólo parte. La población dice que los uniformados tienen la culpa de muchas cosas, pero no es verdad, nosotros sólo somos el brazo operativo.

Se puede ver policías que son correctos y otros que no los son, a esos que actúan fuera de la ley siendo autoridades, a ellos también debemos sancionar.

Pero la culpa la echan sólo a la Policía, no se habla de los deberes de los ciudadanos sólo de sus derechos. Cuando actuamos contra un delincuente éste asume que tiene derechos, que no se lo puede tocar. La gente a veces lo defiende y nos cataloga como abusivos”.

‘Los choferes también hemos sido víctimas’

Ismael Fernández Federación de ChoferesTenemos que tener en cuenta que los choferes también han sido víctimas de atracos, han matado y golpeado a varios compañeros, si vamos a pensar en mejorar la seguridad que sea para todos.

Pretenden que se identifiquen los vehículos y que los choferes coloquen una credencial dentro del coche, pero no se dice ni se propone mejorar la seguridad del conductor.

Sólo en enero se han producido cinco asesinatos de taxistas, compañeros que trabajaban en horario nocturno hasta el amanecer por llevar un pan a su casa, pagar las pensiones de sus hijos en el colegio, sus útiles, uniformes, la alimentación diaria, más los gastos de servicios públicos e incluso el alquiler.

Algunos siguen pagando las cuotas de sus minibuses o taxis al banco.También hay que pensar que el peligro no está sólo en el área urbana, las zonas alejadas significan un riesgo, llegar a esos lugares de noche puede significar perder la vida por unos cuantos pesos.

Para mejorar nuestra situación se debe aplicar medidas que agrupen a todos, la nivelación de pasajes permitirá a los sindicatos tener un mayor control de sus afiliados.

‘El ciudadano debe poner de su parte para prevenir’

CNL. maritza espinoza Dir. de Seguridad Ciudadana En el municipio existe preocupación, los delincuentes siempre encuentran formas nuevas de burlar   a las autoridades.Con relación al transporte, se está trabajando con tráfico y vialidad para mejorar la situación de protección ya que mucha gente sale muy temprano a sus fuentes de trabajo o en su defecto llega tarde.

No todos los ciudadanos tienen el acceso a las movilidades, hay zonas a las que se puede ingresar hasta cierta hora, después deben buscar la forma de llegar a sus casas, pero sorteando a los delincuentes.

Pero la seguridad ciudadana es un conjunto de cosas, en el transporte, la comida, la vestimenta, el simple hecho de que los ciudadanos se encuentren en la calle. Eso es parte del ciudadano, que debe evitar situaciones que lo pongan en riesgo y la Policía debe controlar, pero para ello necesitamos normativas con sanciones y reglas para todos.

Se pueden colocar cámaras de seguridad o vigilancia o aumentar el número de efectivos policiales, pero de qué puede servir todo aquello si el ciudadano no pone de su parte, por ejemplo, dejando de consumir mucho alcohol.

Sobrevivientes relatan cómo los asaltaron

A las 05.00 de un viernes, Josefina salió de su domicilio para dirigirse a su puesto de venta en la Ceja. Un minibús se acercó y una señora con una gorra de lana en la cabeza gritó ¡Ceja! ¡Ceja!, e incluso le ayudó a subir cuando se abrió la puerta.

“No pensé que eran cogoteros, cuando arrancó la movilidad había tres personas más en la parte posterior, charlaban de sus cosas, eso parecía”, recordó. “No avanzamos ni dos cuadras cuando he sentido que algo me apretaba el cuello, no podía respirar. Supe lo que sucedía y comencé a llorar, pensé en mis hijos, que ya no los vería nunca más”.

La vecina de 1 de Mayo despertó en una calle cerca de la avenida Cochabamba, lugar donde había abordado el minibús, pero sin manta, pollera ni zapatos.

Le quitaron además una bolsa donde tenía un cuaderno de apuntes de sus caseros, un sombrero y una bolsa que contenía dinero. Le dejaron una marca en el cuello y algunos golpes en el cuerpo, quizás, dice ella, la aventaron desde el vehículo.

Roberto Cusi fue víctima de los cogoteros en dos oportunidades. “La primera fue cerca de mi casa, llegaba yo de mi trabajo, ese día nos quedamos hasta las 22.30 y al ingresar a mi calle, sentí que me seguían no di importancia, pero de repente sentí que me rodearon el cuello, era una cuerda, trate de hacer fuerza pero eso me lastimaba más, luego sentí dos golpes en mi costado y eso me desmayó. Me robaron todo”.

En una segunda oportunidad, recordó Roberto, sufrió la agresión de la misma manera, pero dentro de un minibús, que tomó rumbo a su casa. “Me dormí, sí bebí un poco y tenía sueño. Eso han aprovechado y me atracaron”.

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