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Cessna volaba debajo de la altura mínima de seguridad, dice DGAC

La avioneta Cessna 206 con matrícula CP 2871 se precipitó sobre el mercado central de Santa Ana de Yacuma, Beni, dos minutos después de despegar. La única certeza por ahora es que volaba por debajo de los 1.500 pies, altura de seguridad recomendada para atravesar áreas urbanizadas.

Daños. El enorme boquete que dejó la avioneta que cayó sobre el mercado central de Santa Ana, ayer. Foto: José Lavayén

Daños. El enorme boquete que dejó la avioneta que cayó sobre el mercado central de Santa Ana, ayer. Foto: José Lavayén

La Razón (Edición Impresa) / Kattya Valdés / Santa Ana de Yacuma (Beni)

08:57 / 15 de marzo de 2016

La avioneta Cessna 206 con matrícula CP 2871 se precipitó sobre el mercado central de Santa Ana de Yacuma, Beni, dos minutos después de despegar. La única certeza por ahora es que volaba por debajo de los 1.500 pies, altura de seguridad recomendada para atravesar áreas urbanizadas.

¿A qué altitud estaba?, pregunta La Razón. “No sabemos exactamente, pero estaba por debajo de la altura de seguridad. El porqué no se ha establecido, pudo deberse a una falla de algo, es una posibilidad, lo único que se puede ver ahora es que ha habido negligencia del piloto al estar a menor altura”, señala Edwin Gómez, jefe subregional de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC).

 “Si hubiese estado a 1.500 pies como recomienda la norma, podría haber maniobrado para evitar estrellarse sobre el mercado”, agrega.

Tanto Gómez como Primo Loza, jefe del aeropuerto de esta localidad —situada a 140 kilómetros de Trinidad, capital departamental— , y Carlos Nacif, tío de dos de las víctimas mortales, descartan que el piloto, Joaquín Méndez Nacif, haya estado ebrio o efectuando piruetas como se denunció el domingo.

“Él no ha hecho una pirueta sobre el mercado, él ha caído ahí”, recalca el primero. “Estaba en el lugar cuando presentaron su plan de vuelos y no se les veía en mal estado”, asegura Loza.

“Hay mucha especulación y mucha mentira. Ellos hicieron un vuelo de prueba, los muchachos estaban  totalmente sobrios, (...), es una falta de consideración que estén haciendo ese tipo de conjeturas”, sostiene el tío.

Sin embargo, en Santa Ana hay vecinos que sostienen todo lo contrario, y aseguran que Nacif, de 31 años, soltero y sin hijos, era aficionado a esas prácticas de riesgo.

Accidente. El siniestro les costó la vida a él y a sus tres acompañantes:  José Elías Nacif, casado y padre de dos niños de cinco y un año; Jesús Rodríguez Mancilla y Henry Antelo Daza.

La nave despegó a las 12.02 del domingo y se precipitó a las 12.04 sobre el techo del mercado. Cayó con las ruedas hacia arriba y comenzó a escapar el  combustible (avigas-100) hasta que se produjo una explosión, que dejó con quemaduras a Julia Tapia Aguilar, de 52 años, y Lourdes Arispe Tapia, de 32 años, madre e hija.

El piloto no reportó desperfectos a la torre de control, “no tuvo tiempo”, explica el jefe del aeródromo. El vuelo era de prueba, ya que el equipo acababa de recibir mantenimiento.

La fabricación de los Cessna 206 terminó en 1985 y pese a su antigüedad, el motor era nuevo y había pasado todos los controles de la DGAC, sostienen los entrevistados.

En el abasto, inaugurado en 1997, un boquete enorme es todo lo que queda el accidente de aviación. Los restos de la nave fueron retirados, al igual que los escombros, y el silencio reina en el lugar, ya que las vendedoras fueron reubicadas en otro mercado.

El área afectada es de 600 metros cuadrados, y la reparación —que se prevé costará Bs 500.000— implica quitar toda la cubierta, trabajo que tomará tres meses, sostiene Hugo Ibáñez del Río, director de Infraestructura Pública del gobierno municipal. Los sectores más afectados son los de abarrotes y el de venta de pan.

La aeronave tenía seguro contra accidentes de $us 10.000 por pasajero que también cubre los daños ocasionados a terceros, sostiene el tío de los Nacif. El seguro se hará cargo de los gastos médicos de las dos heridas.

“Hoy (por ayer) llega el jefe nacional de Accidentes e Incidentes de la DGAC para determinar la causa del accidente, exactamente no sabemos por qué pueden ser muchos factores. Lo único que podemos decir es que si hubiera estado a más altura, habría tenido tiempo de planear o llegar a un área no poblada para aterrizar de emergencia”, recalca Gómez.

De piruetas y pilotos

Límite. “En todas las poblaciones de Beni a los pilotos les gusta hacer espectáculos sobre la población y aunque está prohibido, siempre estamos bregando con eso”, dice Edwin Gómez.

Evalúan vetar vuelos sobre área urbanizada

La Jefatura Subregional de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) en Santa Ana de Yacuma, Beni, analiza prohibir los sobrevuelos en el área poblada para evitar nuevas tragedias.

“Se van a llegar a prohibir los vuelos por ese lado del pueblo; vamos a hablar con los controladores del tráfico aéreo”, anuncia Edwin Gómez, su responsable.

Los aviones que provienen de Trinidad, no surcan sobre este poblado para llegar al aeródromo. “Pero cuando vienen del sur, hay que dar una vuelta. Vamos a pedir que si toca ir por allá, hagan un pequeño desvío”, agrega.

Medida. Hace un año, para prevenir accidentes, la oficina de la DGAC en ese municipio prohibió que los pilotos hagan piruetas sobre el área urbanizada.

Sin embargo, como ésta es una suerte de costumbre local, la DGAC dispuso que quienes quieran efectuar estas prácticas de riesgo, primero pidan autorización y, segundo, que lo hagan sobre la faja de la pista para no comprometer la seguridad de terceros.

‘Mi hermana se quemó por salvar a mi madre’

Enviada a trinidad Lourdes Arispe Tapia, de 32 años, tiene el 45% de su cuerpo con quemaduras de primer y segundo grado, y es la más grave de las dos vendedoras heridas por la explosión del Cessna 206, que se precipitó el domingo sobre el mercado central de  Santa Ana de Yacuma, Beni.

 “Mi hermana sufrió las quemaduras por salvar a mi madre, Julia Tapia Aguilar”, dice Felicidad a La Razón en Trinidad, capital del departamento.

 “Mi madre —de 52 años— tiene su puesto de abarrotes y mi hermana, de lácteos. Lourdes estaba atendiendo a una cliente cuando cayó la avioneta,  vino a sacarla a mamá porque se derramaba la gasolina. Mientras luchaba por sacarla, pedía auxilio, pero la gente no la ayudó por miedo a la explosión”.

“Ella —recuerda la entrevistada— terminó de  decir: ¡mamá salí, porque va a explotar esto!, cuando explotó. El impacto la hizo volar y pese a que estaba con quemaduras se levantó y volvió para rescatarla”.

El siniestro se produjo a las 12.04, las quemadas recibieron los primeros auxilios en el nosocomio local y a las 17.30 fueron evacuadas a Trinidad.

Lourdes está internada en el hospital Germán Busch y su progenitora, en el Obrero.

“Mi mamá tiene quemaduras en una pierna y un brazo. La más afectada es mi hermana, ya que recibió el impacto de la explosión”. Son las 10.45 cuando La Razón habla con ella. “Estamos corriendo con todos los gastos, ningún  familiar de la persona que hizo todo este desastre se ha apersonado. Ahorita tengo que pagar el quirófano, debo todavía porque están haciéndole radiografías, laboratorios. No me han dicho aún cuánto es”, dice la joven.

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