Ciudades

De villa marginal a urbe industrial

El Alto en su 32 aniversario

Ciudad de El Alto.

Ciudad de El Alto. Foto: Nicolas Quinteros-archivo

La Razón (Edición Impresa) / Luis Oporto / La Paz

00:00 / 06 de marzo de 2017

Cuál es el presente y futuro de la ciudad de El Alto? ¿Son los alteños ciudadanos de segunda clase? Existe aún una visión sesgada sobre el desarrollo y potencial de la ciudad de El Alto.

Esta urbe que se extiende por la inmensidad del altiplano motiva la admiración del visitante que llega por carretera o vía aérea, pues los primeros deben cruzar por numerosas urbanizaciones desde la Tranca de Achica Arriba hasta la Ceja, atravesando numerosas urbanizaciones en pleno desarrollo. Los segundos se asombran al ver una ciudad andina erizada de templos que levantó el padre Obermaier, rodeada de villas que buscan identidad propia, matizada con las deslumbrantes construcciones del arquitecto Freddy Mamani que las escuelas de arquitectura bautizaron como los “cholets”, reconocidos  como “ícono de la burguesía aymara”, o los llamativos diseños del maestro Roberto Mamani-Mamani que engalanan el condominio de siete edificios en Villa Mercedario. Estamos hablando de una de las ciudades más desafiantes del mundo.

La urbe alteña, con una población de 925.064 habitantes, es la segunda más poblada del país. Es la ciudad más joven de Bolivia, y, coincidencia o no, su población se caracteriza también por su juventud. Efectivamente, la población de niños, adolescentes y jóvenes suma el 61%, seguida de la población adulta (33%). Los adultos mayores de 60 años apenas alcanzan al 6%. Por otro lado, es una ciudad muy urbana, con el 98% de población, y solo un 2% habita su área rural. Es una ciudad con mucha energía y fuerza colectiva, formada por ciudadanos capaces de enfrentar los más grandes desafíos para alcanzar sus metas. “El Alto de pie, nunca de rodillas” es el lema que guía a estas generaciones de constructores de la ciudad más alta de América Latina.

La sociedad tiene una visión muy mediatizada de El Alto; generalmente al ciudadano alteño se le equipara con el analfabetismo y la extrema pobreza. Veamos algunos datos: en El Alto existen 255.498 viviendas (69% propia, 15% alquilada, 3% anticrético, 12% prestada a parientes o cuidadores), con acceso a nuevas tecnologías que la conecta al mundo globalizado. Si bien es cierto que solo el 5% de hogares tiene internet y el 25% computadoras, es evidente que el 78% cuenta con telefonía fija o celular, el 81% con televisor y el 84% con radio. Estamos ante una ciudad muy bien informada.

Un breve análisis del acceso a servicios básicos, completa este diagnóstico: el 88% tiene agua por cañería en red, 92% con energía eléctrica, 79% con servicios sanitarios y el 93% de los hogares usa gas (52% cocinas con garrafa y 41% gas natural domiciliario). Los datos de educación y salud muestran una interesante faceta, pues el 97% de la población mayor de 15 años son alfabetos, de los cuales el 47% terminaron el bachillerato y el 24% alcanzaron la educación superior.

Eso explica que la Universidad Pública de El Alto tenga una matrícula de 45.000 estudiantes en sus 34 carreras. En otro aspecto, el 91% de alteños en edades de 6 a 19 asisten al sistema escolarizado y el 63% de mujeres alteñas de 15 años y más acudieron a un centro de salud para su parto.

En lo que se refiere a población económicamente activa, el 79% de alteños está en edad de trabajar, pero solo el 46% está activo (210.841 varones y 176.705 mujeres), lo que motiva a los alteños a generar novedosas estrategias de supervivencia, que se expresa en sorprendentes actividades que caracterizan a ese pueblo aguerrido y singular.

El imaginario colectivo asocia al alteño como si fueran todos “gremialistas”, pero los datos revelan que el 29,3% son comerciantes y mecánicos (reparación de vehículos motorizados), pero otro 20,6% se dedica a actividades manufactureras; el 10% a la construcción, el 10% al transporte y almacenamiento, el 6% a la hotelería y restaurantes y el 3% a la agricultura y ganadería. Lo que podríamos denominar como “clase media alteña”, agrupa el 17% de la población, dedicada a servicios de educación (5,5%), administración pública (3,3%), salud y asistencia social (2,4%), actividades científicas, profesionales y técnicas (2,1%) y el 2% a otras actividades.

La urbe alteña alberga a más de 12.273 empresas activas, según datos de Fundempresa. De ese total, 4.816 se dedican a la venta al por mayor y menor, 2.243 a la construcción y 1.343 al transporte y almacenamiento; 10.984 son unipersonales, 1.266 sociedades de responsabilidad limitada, 20 sociedades anónimas y dos son de otro tipo societario. El gran potencial textilero de El Alto está en las empresas dedicadas a la “fabricación de prendas de vestir, adobo y teñido de pieles”, seguida de la industria de muebles, productos elaborados a base de metal, artículos alimenticios, áreas en las que predominan las microempresas.

La ciudad de El Alto constituye una oportunidad para el emprendimiento empresarial por los beneficios que otorga la Ley de Promoción Económica N° 2685 que excluye a las empresas asentadas en esa ciudad, del pago del Impuesto a las Utilidades por 10 años, si construye en su predio está eximido del impuesto a bienes inmuebles por tres años y si requiere importar maquinaria para mejorar su producción o insumos, puede hacerlo con arancel cero.

El Alto cuenta con una universidad pública que oferta 34 carreras universitarias, es una ciudad archivística en la que se han asentado los archivos de las entidades públicas más importantes de los órganos de poder del Estado, tiene el mercado de pulgas más grande de Latinoamérica y quizá del mundo. En su área de influencia se ha instalado la planta de ensamblaje de computadoras y celulares Quipus en Kallutaca (municipio de Laja), donde se busca instalar un Parque Industrial, proyectado para integrar a 105 unidades industriales.

El Alto es lugar ideal para la instalación de los conglomerados industriales, “concentraciones sectoriales y geográficas de empresas que producen y venden una serie de artículos similares entre sí o complementarios y, por tanto, se enfrentan con problemas y oportunidades comunes”. Los proyectos giran en torno a los Centros de Innovación Tecnológica para apoyar la producción textilera, el procesamiento de fibra de camélidos, la promoción y producción artesanal, la metalmecánica, tratamiento de madera y mueblería. En esta urbe se ejecuta el proyecto del Centro de Investigación y Desarrollo de Tecnología Nuclear que dotará al país de un Laboratorio de Ciclotrón Pet para combatir el flagelo del cáncer.

La Ceja de El Alto, puerta obligada de ingreso y salida de La Paz, cambió su historia el 6 de marzo de 1985, cuando las fuerzas sociales arrancaron al Congreso la Ley de Creación de la Cuarta Sección de la Provincia Murillo con su capital El Alto de La Paz. En las jornadas de la “guerra del gas” en octubre de 2013, expulsó de Bolivia al último presidente neoliberal y devolvió a Bolivia los recursos económicos generados por la explotación y exportación del gas y sus derivados. La deuda pendiente del país hacia esta ciudad aún no ha sido honrada.

Luis Oporto es Historiador.

Jefe de la Biblioteca y

Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional.

Docente de la Carrera de Historia de la UMSA.

Miembro del Comité Regional de América Latina

y el Caribe del Programa Memoria del Mundo de la UNESCO.

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