Dakar

El ‘otro Dakar’ lo corrieron las familias

Juan Carlos Rodríguez no tiene la estatura del piloto Robby Gordon y quizás tampoco la pericia del corredor cruceño Marco Bulacia, pero trajo a su familia desde Trinidad, Beni, hasta Uyuni, Potosí, en tres días y tres noches. Ése es el otro rally que recorrieron los bolivianos.

Juan Carlos Rodríguez (izq.) junto a su familia tras el viaje que hizo. Wara Vargas

Juan Carlos Rodríguez (izq.) junto a su familia tras el viaje que hizo. Wara Vargas

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Quispe / Uyuni

01:01 / 12 de enero de 2015

Juan Carlos Rodríguez no tiene la estatura del piloto Robby Gordon y quizás tampoco la pericia del corredor cruceño Marco Bulacia, pero trajo a su familia desde Trinidad, Beni, hasta Uyuni, Potosí, en tres días y tres noches. Ése es el otro rally que recorrieron los bolivianos.

“Es la primera vez que vinimos y lo volveríamos a hacer”, afirma todavía entusiasta, aunque con ojeras, el padre de familia que llegó con su esposa, su madre y tres hijas en una camioneta Mazda. “Solo tuvimos un pequeño problema con el freno, que lo arreglamos en Potosí”, agrega el cochabambino radicado en Beni.

La hoja de ruta de la familia Rodríguez empezó en Trinidad, siguió por Santa Cruz, empalmó a Chuquisaca y de ahí a Potosí, para finalmente llegar a Uyuni.

“Quizás unos 1.000 kilómetros de recorrido”, dice Juan Carlos, que al igual que toda su familia durmió en el auto, porque no hay cupo en alojamientos.

A una cuadra de la plaza principal, arriba de un Rav 4 Toyota, la familia Bejarano vino desde La Paz, Oruro para finalmente arribar a Uyuni. “Hemos viajado al menos unos 600 kilómetros y estamos felices, porque vimos los autos y solo nos falta ver a las motos”, dijo Álex Bejarano, un verdadero fanático del automovilismo, porque no le importó tener enyesada su pierna izquierda para viajar y ver por segundo año consecutivo el rally. El vehículo, al igual que la mayoría, llevaba también una tricolor en el capó.

Otros improvisaron camionetas que se convirtieron en dormitorios. “No tuvimos otra que descansar en el auto junto a mi papá y mi hermano, y lo hicimos con gusto porque el año pasado también vinimos al rally”, confió Romel Quintana junto a su hermano Oliver y el padre de ellos, Alfonso, que se quejó de los altos precios del desayuno, el almuerzo y la cena en Uyuni. “Es una barbaridad, esto parece Oruro en el Carnaval”, apuntó Alfonso.

El pujllay estrena su título

El pujllay ayarichi de la cultura Yampara, que en noviembre fue declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por el Comité de la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), estrenó ayer su título en la rampa final del Dakar 2015.

“Nosotros hemos venido desde Tarabuco para mostrar al mundo el pujllay ayarichi, este Patrimonio de la Humanidad, por eso bailamos con mucha emoción”, sostuvo Antonio Vela, un tarabuqueño que en 2014 ya asistió a la carrera para la presentación folklórica, pero este 2015 tiene un sabor diferente.

“El pujllay es colorido y para todos nosotros fue muy emocionante bailar en la rampa donde llegan los corredores”, dijo, por su lado, Reina Mamani, enfundada en su vestimenta típica.

Un total de 25 danzarines arribaron desde Tarabuco y se sumaron a morenos, ch’utas de La Paz, caporales de San Simón y otros que desfilaron nuevamente —como el sábado— en la rampa final de la avenida Ferroviaria.

Ni siquiera la fuerte lluvia que caía en Uyuni y se prolongó por varias horas, bajó los ánimos de los aficionados que esperaban estoicamente la llegada de los motociclistas a la rampa.

Rosita es una ‘pony de oro’

Además de vendedores de llaveros, poleras, gorras —que tuvieron unos buenos días de negocio—, llegó un grupo de cinco ponys desde La Paz, destacándose entre ellos Rosita, una pequeña corcel de dos años con la que hasta ayer Fernando, su propietario, hizo al menos 2.400 bolivianos en dos días.

“Es mi consentida, por eso le doy la mejor alfa y le abrigo por la noche para que no se enferme”, explicó Fernando, quien además con una cámara fotográfica en mano y una impresora digital entregaba una instantánea inolvidable de niños arriba de la pequeña yegua. El costo de tomarse una fotografía con ella era de 15 bolivianos.

Rosita no vino en flota, fue trasladada en una camioneta y hoy partirá de regreso a La Paz.

A las calles de Uyuni llegaron otros cuatro ponys, además de cuatro vicuñas, que en los días del Dakar fueron la sensación particularmente para los turistas del interior. “Yo no vi más llamitas que la de la película ¿Quién mató a la llamita blanca?, por eso me saqué una foto con la vicuñita”, sostuvo María Áñez, que llegó desde Puerto Suárez junto a su cortejo  para ver la carrera en Uyuni. El costo de tomarse una fotografía con un vicuña era de diez bolivianos.

El paso del Dakar por el salar fue desde el jueves la oportunidad económica esperada por muchos comerciantes, a quienes nos les importó viajar horas para ganarse unos pesos.

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