Financiero

Arnaud Winter: La industria global de la perfumería, con un futuro asegurado

El maestro perfumista de la transnacional Yanbal comparte los “misterios” de la industria global de las fragancias, que se mantiene en expansión y se renueva con técnicas que apuestan hoy por lo natural o la conectividad para retornar hacia las experiencias reales.

Arnaud Winter

Arnaud Winter Foto: Christian Calderón

La Razón (Edición Impresa) / Walter Vásquez / La Paz

08:00 / 09 de agosto de 2018

Llegó al país para presentar Savour, un producto inspirado en la alta gastronomía con el que Yanbal busca ampliar su liderazgo de “casi 40%” en el mercado boliviano de las fragancias, un negocio que solo en Europa mueve al menos $us 175.500 millones al año. Arnaud es uno de los más destacados perfumistas entre los 400 que hay en el mundo y puede diferenciar los más de 5.000 componentes que existen para crear un perfume. En su profesión, no solo se necesita contar con una buena nariz sino también tener capacidad creativa.

— ¿Cómo una persona puede llegar a ser perfumista?

— Hay gente que entra en esta profesión porque tiene algún familiar que la ejerce. En mi caso fue por pura casualidad. Soy del norte de Francia, donde se cultivan más papas y se produce más cerveza que perfume. Estudié química por tres años para estar seguro de tener un oficio que me dé algo de comer, pero siempre buscaba la forma de hacer algo diferente, porque producir ácido sulfúrico durante toda mi vida no era lo que yo tenía en mente. Gracias a la influencia de mi abuela, quien fue pintora, siempre tuve atracción por las cosas artísticas, así que ese algo siempre estuvo en mi sangre pero no de forma consciente. Luego de estudiar, encontré por casualidad cerca de París la dirección de la única escuela de perfumería del mundo. Así comencé bastante joven y seguí un proceso de crecimiento en una compañía.

— ¿Cuánto tiempo se estudia en el Instituto Superior Internacional de Perfumería de Versalles?

— Dos años, pero sales conociendo mucho y nada, y solo puedes ser perfumista después de al menos 15 años, cuando ya tienes el control del arte. No hay libros de fórmulas de perfumes, eso es algo muy empírico que desarrollas con tu sensibilidad y conocimiento. Haces muchas cosas que no tienen buen aroma para llegar a algo que tiene más armonía y que va a gustar al público.

— ¿Qué hace un perfumista profesional?

— Lo primero es crear. Cuando tenemos un concepto, una idea, un mensaje, una historia que queremos expresar en una fragancia masculina o femenina trabajamos con el equipo de productos nuevos de la empresa que está en Perú. Por ejemplo, para Savour nos inspiramos en uno de los chefs más reconocidos del Perú, quien está creando experiencias emocionales y gustativas. Y la perfumería funciona de una manera muy similar. El perfumista o el chef no crean para sí mismos, sino para los demás, ofreciendo parte de su sensibilidad, de su inspiración y de su experiencia especial olfativa y gustativa para desarrollar una fragancia. El equipo de tres perfumistas de Yanbal expresamos a través de los ingredientes y olores de Savour cómo el hombre puede seducir a través de la comida.

— ¿Cuántos aromas habrá creado en este tiempo?

— Muchísimos, porque los perfumistas crean las fragancias de todos los productos de la empresa, desde los de las colonias y perfumes hasta los de los maquillajes y de los lápices labiales.

— ¿Hay especialidades dentro de su oficio?

— Hay tal vez dos grandes familias. Los perfumistas industriales son muy buenos para desarrollar productos, por ejemplo, para la limpieza de la casa y de la ropa. Nuestra responsabilidad es un poco más fina, no mejor sino diferente. Trabajamos mucho más con fragancias alcohólicas para productos para el cuidado personal. Ambos grupos usamos ingredientes diferentes, pero tenemos el mismo objetivo: crear experiencias agradables para la gente.

— La elección de los insumos es entonces clave para esta profesión. ¿Cómo se los elige?

— Cuando estamos cocinando, la calidad del ingrediente lo es todo, porque éste es de manera inicial el que va a definir la textura, el aroma y la forma en que el chef dará a conocer su arte. Es la misma cosa con la perfumería. En el caso del Savour, trabajamos con el limón del norte peruano, que tiene un toque sutil y se usa para el pisco sour y el ceviche; con la pimienta molle de los andes peruanos, que es fresca y moderna y se utiliza en la chicha; y con el haba tonka de Brasil, que le añade a la fragancia una nota dulce y suave con acento de tabaco (...). El perfumista tiene su idea, pero tiene todo un equipo alrededor que le ayuda a llegar al ingrediente perfecto que necesita para su fragancia. Contamos con la ayuda de nuestro Centro de Investigación y Desarrollo de Francia, de nuestros ingenieros agrónomos, de universidades y de gente en varias partes del mundo que están en contacto con los ingredientes locales (...). Es importante además proteger nuestro trabajo. Así que aparte de nuestras ideas creativas propias también contamos con materias primas naturales exclusivas que se desarrollan en nuestro centro en el sur de Francia. Ninguna otra empresa tiene esos ingredientes, así que nuestros productos son mucho más difíciles de copiar.

— ¿Hay entonces mucha investigación de campo?

— Sí, toma muchos años desarrollar un nuevo ingrediente natural. Desde que se lo encuentra en alguna parte del mundo hasta que el extracto está listo para su uso pasan como mínimo cuatro años. Hay que encontrar la planta, ver si tiene un olor interesante, si ese olor se puede extraer, si el rendimiento del extracto y su costo de obtención hacen que el producto sea posible de fabricar. Después, tenemos que ver las fórmulas y los efectos y desarrollar el cultivo de semillas o plantas hasta la primera producción industrial, cosa que podamos asegurar que el insumo esté disponible en el futuro. Si tenemos solo 2 kilos de un nuevo ingrediente, la nueva fragancia no va a funcionar; después de dos meses ya no tendremos nada.

— ¿Para cuánto tiempo tiene es necesario garantizar la disponibilidad de un insumo?

— Para la vida de la fragancia. Tenemos productos que están en el mercado por 30 años, así que nos aseguramos de que los ingredientes naturales —que cada vez son más importantes y costosos debido al cambio climático— estén disponibles siempre y que las fórmulas se mantengan a través de los años. Contamos con varios métodos para tener una participación más fuerte en todas las etapas del desarrollo de las materias primas; está nuestro Centro de Investigación y Desarrollo; el trato directo con los productores y la supresión de los intermediarios, que incrementan el precio y no aseguran que la calidad de la materia prima no cambie mientras está en sus manos; y el tener contratos de largo plazo y a un precio justo con la gente que cultiva las plantas. Podemos también comprar los campos y emplear a los campesinos para que trabajen en ellos. Y en el peor de los casos, como cuando hay en algunos países problemas políticos que harán que los productos no estén disponibles, tenemos la opción de mover, por ejemplo, una planta que se cultiva en una región de Asia a otra parte del mundo donde podamos controlar todo, desde la semilla hasta el extracto. De esta manera, si hay fluctuaciones del mercado, si hay especulación, protegemos el alma de nuestro negocio y nuestro costo no cambia (...). La relación con la fragancia es muy emocional. Hay gente que pasa toda su vida con un perfume y no garantizarle su producto es como sacar una parte de ellos. Entonces, tenemos esta responsabilidad de que la fragancia siempre esté disponible.

— ¿Savour es el primero de su tipo o ya se había elaborado una fragancia que se inspire en la alta cocina?.

— No es algo que haya sido desarrollado en el mercado, la idea de Yanbal no es seguir sino de ser líder. Lo que sí seguimos son las necesidades de nuestros clientes. No solo ofrecemos nuevas fragancias con buenos olores, sino algo más profundo. Con la inversión en un sueño, un concepto, una historia diferente, el lazo emocional es mucho más fuerte para la persona que entra en este mundo que ofrecemos. Eso es lo que nos diferencia (...). Savour no es una tendencia, es más un regreso, porque nos alejamos tanto de las cosas reales que las nuevas generaciones que nacieron con una conexión digital necesitan de contacto humano, de experiencias verdaderas, de sentir el viento, el mar, la vida.

— Si bien Yanbal sigue su propio camino, ¿cuáles son las tendencias actuales en el mercado de la perfumería? ¿Hacia dónde apuntan éstas?

— Por muchos años tuvimos descripciones de fragancias totalmente locas, con extractos de productos que no existían. Hoy, hay una tendencia por regresar a tener contacto con experiencias reales y naturales: es algo que todo el mundo está buscando, especialmente hoy que estamos todos a través de la tecnología conectados con mundos virtuales (...). Además, el cliente es cada vez más exigente y quiere algo auténtico con una historia atrás, saber de dónde viene ese extracto, quién lo produce, en qué condiciones. Es una tendencia pero es algo también que Yanbal ha hecho por años: contar una historia con la cual la gente se puede identificar.

— ¿El consumo global de perfume, en este marco, se ha incrementado o reducido?

— La demanda en general crece, porque las experiencias emocionales son algo que la gente siempre está buscando. La innovación es muy importante para esto, es sorprender, es crear algo nuevo, es crear expectativa, es algo que siempre es un reto porque es muy difícil, porque el público está esperando que seamos igual o mejor. El peligro de crear una fragancia que funciona bien es caer en la misma receta. Cuando empecé a trabajar en Yanbal hace 25 años había en el portafolio de la empresa para los países latinos unas 10 fragancias y un mercado totalmente abierto en el que se podían ofrecen cosas nuevas de una manera un poco más fácil. Hoy en día, con la mundialización, todas las compañías están aquí y hay una mayor competencia, por lo que tenemos que renovarnos e innovar. El consumo es más alto, pero es también más competitivo.

— En esta mayor demanda por este tipo de productos, ¿se puede hablar de nuevas formas de consumo?

— El uso de los perfumes es algo muy personal. Antes tal vez la gente se quedaba con una fragancia para toda su vida; hoy cambia un poco más, depende de varios factores: de la edad, de la personalidad y de la manera de ver el mundo.

— ¿Cuál es la característica del consumo en Bolivia?

— Para mí es la diversidad y los fuertes contrastes. Es el mismo país pero totalmente diferente. El clima, la gente, la manera de vivir hacen de Bolivia un país súper interesante. Como Santa Cruz es más caliente y húmeda, se usan notas un poco más frescas; aquí en La Paz un poco más secas y calientes, especialmente en temporada de invierno.

— ¿Cómo ve el futuro de la perfumería en el mundo?

— Es bueno, porque la gente siempre va a tener la necesidad de tener experiencias. Y los recuerdos que nos trae a los seres humanos nuestra parte olfativa son más fuertes que los que nos puede generar la música o la imagen. Con un olor sí podemos viajar en tiempo y lugar. Puede haber una evolución en la manera de formular los ingredientes, pero siempre el ser humano tendrá esta parte importante de su propio ser que está ligada al olor. Uno puede tapar sus ojos y oídos, pero siempre va a tener que respirar.

Perfil

Nombre: Arnaud Winter

Profesión: Perfumista

Cargo: Maestro perfumista en la multinacional peruana Yanbal

Una de la narices más notables

Nacido en el norte de Francia, estudió en el Instituto Superior Internacional de Perfumería, Cosmética y Aromas Alimentarios de Versalles. Comenzó a trabajar en Yanbal en 1993, cuando se unió al equipo de perfumistas del Centro de Creación de Fragancias en Fort Lauderdale en Estados Unidos. Winter nació con un increíble talento en la nariz. Es capaz de percibir los más de 5.000 componentes disponibles para crear un perfume. En una visita anterior al país, reveló que su aroma favorito es el azafrán, que le recuerda a su abuela, y que en Bolivia le atraen los olores del maracuyá y del lirio.

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