Francisco en Bolivia

Dirige en persona la diplomacia vaticana

Envía emisarios, escribe cartas y sabe cuánto vale la política de los gestos

Encuentro. El presidente Barack Obama visitó al líder de la Iglesia Católica el 27 de marzo de 2014.

Encuentro. El presidente Barack Obama visitó al líder de la Iglesia Católica el 27 de marzo de 2014. AFP.

La Razón (Edición Impresa) / EFE / Ciudad del Vaticano

00:01 / 04 de julio de 2015

En los dos años de pontificado, el papa Francisco aplicó una nueva diplomacia vaticana con una fuerte implicación personal, para intentar conseguir la paz y el diálogo donde existen los conflictos. Jorge Mario Bergoglio no se rinde ante los nuevos conflictos o los muros levantados desde hace años y tras intervenir, con más o menos éxito, en Medio Oriente o entre Cuba y Estados Unidos, ahora su objetivo es el acercamiento con China, un país al que nunca viajó un Pontífice.

El Papa dirige personalmente la diplomacia vaticana, envía emisarios, escribe cartas, y sabe cuánto vale el poder de la política de los gestos, como la invitación a rezar bajo la cúpula de San Pedro a los presidentes de Israel y Palestina; su oración en silencio ante el muro de Belén, durante su viaje a Tierra Santa; y la jornada de oración y el ayuno por Siria.

Nadie se esperaba que el presidente estadounidense, Barack Obama, y el cubano, Raúl Castro, agradeciesen a Francisco su mediación, en los discursos en los que anunciaron que se retomaban los contactos diplomáticos entre ambos países el 17 de diciembre del pasado año.

La diplomacia de las reuniones secretas entre los nuncios y las autoridades locales fue importante, pero como se desveló, una simple carta del Santo Padre a ambos fue crucial para romper el hielo.

MEDIDA. “Sin duda, el papel del pontífice Francisco fue crucial, porque él también tomó la iniciativa de escribir a los dos presidentes para invitarlos, de hecho, a superar las dificultades existentes entre los dos países y encontrar un punto de acuerdo, un punto de encuentro”, desveló en una reciente entrevista el secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin.

Además, el 10 de mayo, Francisco abría las puertas del Vaticano en domingo, lo que nunca se había hecho, para recibir durante una hora a Raúl Castro, quien quería agradecer al Pontífice su labor diplomática en el deshielo con Estados Unidos.

Asimismo, la Plaza de San Pedro se llenaba de banderas de Palestina en ocasión de la beatificación de las dos primeras santas de origen palestino, que convivieron pacíficamente con el Islam, en una ceremonia en la que se escenificó la voluntad del Obispo de Roma en insistir en el diálogo en la región.

Un acto al que asistió además el presidente palestino, Mahmud Abás, a quien el Pontífice, durante su reunión, le pidió que fuese “como un ángel de la paz”. La ceremonia venía precedida del anuncio del Vaticano de que en un “futuro próximo” se reconocería el “Estado palestino”, en el marco de la solución de los “dos Estados” para poner fin al conflicto con Israel.

El acuerdo entre el Vaticano y el Estado Palestino fue “fruto del acuerdo de base entre la Santa Sede y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) firmado el 15 de febrero de 2000”, y el que las relaciones oficiales entre ambas partes se establecieron el 26 de octubre de 1994.

Aunque estos gestos a veces provocaron polémicas, como el reconocimiento del Estado palestino, que no ha gustado a Israel, o la controversia con Turquía tras tachar la masacre de los armenios entre 1915 y 1916 de “primer genocidio del siglo XX”. Dicho país protestó oficialmente y hasta convocó a su embajador ante el Vaticano, una crisis casi sin precedentes en este pontificado.

Pero el Papa sigue su camino ya que como le gusta repetir: “Para conseguir la paz se necesita valor, mucho más que para hacer la guerra”. Estos son los dos últimos gestos de una larga serie que comenzó poco después de su elección, cuando ante una posible intervención militar en Siria convocó a “una jornada de oración y ayuno mundial para la paz en este país, en Medio Oriente y en todo el mundo”. “La humanidad necesita ver gestos de paz y oír palabras de paz”, afirmó el 1 de septiembre de 2013, asomado a la ventana del palacio pontificio para el rezo del Ángelus.

GESTIONES. Francisco tiene varios frentes abiertos, pero uno de los informes sobre su escritorio es el de las relaciones con China. El Sumo Pontífice ha dado ya sus primeros pasos a este acercamiento enviando una carta, a través de dos emisarios no oficiales, al presidente de China, Xi Jinping, en la que le invitaba a visitar la Santa Sede para dialogar por la paz en el mundo.

Por primera vez y durante el regreso de Francisco de un viaje, China concedió a un vuelo papal el permiso para que sobrevolase su territorio, además de haber habido intercambio de telegramas durante el resto de viajes.

Por el momento, un encuentro parece lejano, pero el Obispo de Roma no se rinde y como confesó: “Si me invitan, iría mañana mismo” a China. Convencido de que la verdad es la mejor arma para la reconciliación, el Sucesor de San Pedro no tiene reparos en decir qué piensa desde que llegó al trono de Pedro en 2013.

En septiembre de ese año envió una carta a los líderes del G20 para que evitaran atacar el régimen de Bashar al Asad en Siria al temer que se desencadenara una guerra impredecible y convocó a una jornada mundial de oración y ayuno, la primera con esas características.

Algunas acciones del líder

Obsequio

El papa Francisco regaló una medalla pontificia con un ángel tallado al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás y lo trató como un “ángel de paz”.

Acción

En 2014, Francisco hizo otro gesto diplomático fuerte en Israel, al orar fuera de programa ante el muro de separación con los territorios ocupados.

Conflicto

El Pontífice denunció “la guerra entre cristianos” en Ucrania, refiriéndose a las fuerzas militares de ese gobierno y separatistas prorrusos apoyados por Moscú.

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