Francisco en Bolivia

Jorge Mario BERGOGLIO

Promesa cumplida

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 04 de julio de 2015

A los 12 años, Jorge Mario Bergoglio le prometió a su amiga/novia Amalia: “Si no me caso con vos, me vuelvo cura”. Y 21 años después cumplió su palabra y fue ordenado como sacerdote, tras seguir una vocación que surgió en la época escolar. Después de una larga carrera eclesiástica, el 13 de marzo de 2013 se convirtió en el primer Papa latinoamericano, y jesuita. Ahora Francisco I es un personaje y líder mundial.

Nació el 17 de diciembre de 1936 en Buenos Aires, Argentina, hijo de emigrantes piamonteses (de Italia): su padre, Mario, era contador, empleado en ferrocarril, mientras que su madre, Regina Sivori, se ocupaba de la casa y de la educación de los cinco hijos, según la biografía oficial, publicada por el Vaticano.

Amalia, la amiga de la infancia de Jorge Mario, lo recuerda con cariño y aclara algunas distorsiones a la historia de ambos. “No tengo nada que ocultar, si fue una cosa tan de niños y tan limpio. Creo que me ofreció casamiento porque quería seguir el ejemplo de su casa y formar una familia”, rememoró en una entrevista a radio Mitre, de Argentina, según la agencia de noticias DPA.

Negó que a esa edad pudieran haber tenido una relación más profunda. “¿Enamorada? A esa edad yo no conocía el amor, el amor lo conocí cuando fui más grandecita. Fue una cosa que no sé...”, contó a otros medios.

El futuro Papa era un buen estudiante, educado y caballeroso. Como cualquier otro niño, Jorge tenía sus particulares “tácticas de estudio”: para aprender a multiplicar, subía y bajaba las escaleras cantando los números mientras contaba las escaleras, refiere el periodista Alejandro Campos.

Fue su abuela Rosa quien le enseñó a rezar y le contaba las vidas de los santos que él escuchaba embelesado. Antes de ser Papa fue niño, adolescente y joven. Jorge era un niño alegre, muy travieso y apasionado del fútbol.

No lo jugaba bien, pero era, y es, un gran fanático de San Lorenzo de Almagro, el club de su barrio. Celebró el centenario del club en 2008 y el título de la Copa Libertadores de América, en 2014.

En el colegio se diplomó como técnico químico y eligió luego el camino del sacerdocio entrando en el seminario diocesano de Villa Devoto, señala la biografía oficial.

Dicen que de joven le gustaba bailar el tango, en especial la milonga. Luego, la ópera se sumó a sus gustos musicales.

A los 17 años descubrió su vocación al sacerdocio, pero no se incorporó al seminario hasta cuatro años más tarde, después de continuar con sus estudios.  A los

20 años sufrió una grave enfermedad en la que se temió por su vida y tuvieron que extirparle parte del pulmón derecho. Algunos autores señalan que a partir de esa enfermedad grave se fortaleció su vocación religiosa.

El 11 de marzo de 1958 pasó al noviciado de la Compañía de Jesús. Completó los estudios de humanidades en Chile y en 1963, al regresar a Argentina, se licenció en Filosofía en el Colegio San José, de San Miguel, de acuerdo con la biografía de la Santa Sede.

Entre 1964 y 1965 fue profesor de Literatura y Psicología en el colegio de la Inmaculada de Santa Fe y en 1966 enseñó en el Colegio del Salvador en Buenos Aires.

De 1967 a 1970 estudió Teología en el colegio San José y obtuvo la licenciatura. El 13 de diciembre de 1969 recibió la ordenación sacerdotal de manos del arzobispo Ramón José Castellano. Prosiguió la preparación en la Compañía de 1970 a 1971 en Alcalá de Henares (España), y el 22 de abril de 1973 emitió la profesión perpetua.

De nuevo en Argentina, fue maestro de novicios en Villa Barilari en San Miguel, profesor en la Facultad de Teología, consultor de la provincia de la Compañía de Jesús y también rector del Colegio, de acuerdo con el Vaticano.

El 31 de julio de 1973 fue elegido provincial de los jesuitas de Argentina, tarea que desempeñó durante seis años.

Después reanudó el trabajo en el campo universitario y entre 1980 y 1986 fue de nuevo rector del Colegio San José, además de párroco en San Miguel.

En marzo de 1986 se trasladó a Alemania para ultimar la tesis doctoral; posteriormente los superiores le enviaron al Colegio del Salvador en Buenos Aires y después a la iglesia de la Compañía de la ciudad de Córdoba, como director espiritual y confesor.

Fue el cardenal Antonio Quarracino quien lo llamó como su estrecho colaborador en Buenos Aires. Así, el 20 de mayo de 1992 Juan Pablo II lo nombró obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires. El 27 de junio recibió en la catedral la ordenación episcopal de manos del purpurado. Como lema eligió Miserando atque eligendo y en el escudo incluyó el cristograma IHS, símbolo de la Compañía de Jesús.

Concedió su primera entrevista como obispo a un periódico parroquial, Estrellita de Belén. Fue nombrado enseguida vicario episcopal de la zona de Flores y el 21 de diciembre de 1993 se le encomendó también la tarea de vicario general de la arquidiócesis.

En lo que se refiere a la literatura, sus favoritos son los argentinos Jorge Luis Borges y Leopoldo Marechal. También le gustan Dostoievski y otros clásicos.

Habla italiano, inglés, francés, alemán y español. También habla palabras en el idioma guaraní.

Por lo tanto no sorprendió, según difundió el Vaticano, que el 3 de junio de 1997 fuera promovido como arzobispo coadjutor de Buenos Aires. Antes de nueve meses, a la muerte del cardenal Quarracino, le sucedió, el 28 de febrero de 1998, como arzobispo primado de Argentina.

El 6 de noviembre fue nombrado Ordinario para los fieles de rito oriental residentes en el país y desprovistos de Ordinario del propio rito. Tres años después, en el Consistorio del 21 de febrero de 2001, Juan Pablo II le nombró cardenal, asignándole el título de San Roberto Bellarmino.

En esa ocasión invitó a los fieles a no acudir a Roma para celebrar la púrpura y a destinar a los pobres el importe del viaje. Gran canciller de la Universidad Católica Argentina, es autor de los libros Meditaciones para religiosos (1982), Reflexiones sobre la vida apostólica (1986) y Reflexiones de esperanza (1992).

En octubre de 2001 fue nombrado relator general adjunto para la décima asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos, dedicada al ministerio episcopal, encargo recibido en el último momento en sustitución del cardenal Edward Michael Egan, arzobispo de Nueva York, de presencia necesaria en su país a causa de los ataques del 11 de septiembre.

En el Sínodo destacó en particular la “misión profética del obispo”, su “ser profeta de justicia”, su deber de “predicar incesantemente” la doctrina social de la Iglesia, pero también de “expresar un juicio auténtico en materia de fe y de moral”, informó el Vaticano.

Mientras tanto, en América Latina su figura se hizo cada vez más popular. A pesar de ello, no perdió la sobriedad de trato y el estilo de vida riguroso, por alguno definido casi “ascético”.

Con este espíritu, en 2002 declinó el nombramiento como presidente de la Conferencia Episcopal argentina, pero tres años después fue elegido y más tarde reconfirmado por otro trienio en 2008. Entre tanto, en abril de 2005 participó en el cónclave en el Vaticano, en el que fue elegido Benedicto XVI, en el cual se informó que obtuvo la segunda mejor votación.

Como Arzobispo de Buenos Aires —diócesis de más de tres millones de habitantes— desarrolló un proyecto misionero centrado en la comunión y en la evangelización. Cuatro fueron los objetivos principales: comunidades abiertas y fraternas; protagonismo de un laicado consciente; evangelización dirigida a cada habitante de la ciudad; y asistencia a los pobres y a los enfermos.

Apuntó a reevangelizar Buenos Aires “teniendo en cuenta a quien allí vive, cómo está hecha, su historia”. Invitó a sacerdotes y laicos a trabajar juntos.

En septiembre de 2009 lanzó en el ámbito nacional la campaña de solidaridad por el bicentenario de la independencia del país: 200 obras de caridad para llevar a cabo hasta 2016. Y alimentó fuertes esperanzas en la estela del mensaje de la Conferencia de Aparecida de 2007, que definió “la Evangelii nuntiandi de América Latina”.

Antes de ser consagrado como el Sucesor de Pedro, Jorge Mario Bergoglio llevaba una vida austera; solía utilizar el metro en Buenos Aires o autobuses en Roma, se lo podía ver con el calzado desgastado de tanto caminar. En los vuelos internacionales viajaba en clase turista.

Celebraba los oficios de Jueves Santo lavando pies a enfermos, presos o mendigos. En 2004, cuando hubo la tragedia de la discoteca bonaerense Cromañón con más de 200 muertos, fue a consolar a las víctimas y a los familiares de forma muy activa.

Cuando fue nombrado cardenal utilizó la ropa del anterior para disminuir gastos. Cuando lo llamaban los sacerdotes por teléfono respondía: “Hola, soy Bergoglio”.

Aunque trabajaba en el palacio arzobispal, vivía solo en un pequeño apartamento al lado de la catedral de Buenos Aires.

Siempre le ha gustado levantarse y acostarse temprano. Prefería vestir la sotana negra de sacerdote que la púrpura de cardenal. Cuando salió en el balcón como nuevo Papa, llevaba una simple sotana blanca. Y en vez de la cruz pectoral de oro, llevaba una más sencilla de metal.

Cuando el papa Benedicto XVI renunció al cargo el 28 de febrero, hubo la necesidad de nombrar al nuevo Pontífice en Roma. Pocos minutos después de las 19.00 del 13 de marzo de 2013, por la chimenea de la Capilla Sixtina salió el humo blanco. Tras dos fumatas negras, la tercera de las fumatas de este cónclave 2013 fue blanca, lo que indicaba que la elección del papa Bergoglio fue en la quinta votación.

El humo blanco anunció que la Iglesia Católica tenía un nuevo papa. A partir de ese momento se puso en marcha un ritual que culminó con la bendición urbi et orbi que realizó el argentino Jorge Mario Bergoglio a las miles de personas que desafiaron la lluvia y el frío en la Plaza de San Pedro, a la ciudad de Roma y a todo el mundo, luego de una sorpresiva decisión en la que se designó a un Pontífice no europeo por primera vez en casi 1.300 años, según AFP.

Jorge Mario Bergoglio es el papa número 266 de la Iglesia Católica, el primer papa latinoamericano y el primer jesuita de la historia en ocupar este puesto.

Eligió llamarse Francisco, en honor al santo del mismo nombre. “Mi gente es pobre y yo soy uno de ellos”, ha dicho más de una vez para explicar el porqué de la opción de vivir de esa forma.

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