Columnistas

La ciudad del pecado

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Villagómez

00:14 / 26 de febrero de 2019

Robert Venturi, el célebre arquitecto americano, escribió junto a su esposa un libro trascendental Aprendiendo de Las Vegas (1972), donde analizan con ironía y sabiduría esa mítica ciudad del desierto de Nevada, la llamada Sin City. La Ciudad del Pecado fundada en medio de la nada es un redil de casinos, clubes, espectáculos y hoteles de lujo. Con ese libro (y algún otro) nació el estilo posmoderno, un género alegre y vivaz que usa símbolos estrambóticos en las fachadas de los edificios en contra del aburrimiento de la arquitectura moderna. Así, en Las Vegas puedes encontrarte con un león gigantesco que abre sus fauces para entrar al casino del MGM, asistes a batallas entre buques piratas, te enajenas en interiores con aires pompeyanos, navegas por canales de una trucha Venecia, o paseas por una burda copia de Nueva York. Todo es fake pero, y esto es muy importante, es un negocio multimillonario. Es decir, una fantochada de ciudad puede generar montañas de dólares.

Me atrevo a afirmar que la mayoría de los arquitectos y constructores de La Paz y El Alto no han leído a Venturi. El hábito de la lectura no caracteriza a esos gremios pero que tienen olfato para el negocio, ni duda cabe.

Los cholets están generando montañas de comentarios y estudios en el mundo. Todos enfocan el fenómeno como expresión popular y tolerancia creativa, pero nadie considera la capacidad que tiene la extravagancia para generar plata. Antes del presente fenómeno cholet la construcción popular se expresaba con signos en sus fachadas propios a su linaje. Con Mamani Silvestre y otros se empezaron a usar motivos de todas partes: neobarroquismo, signos escalonados, cromática del folklore, serrallo árabe, etc. Todos con el mismo objetivo que en Nevada: engalanar la fiesta, concretar el escapismo y generar divisas. Y lo lograron: los cholets tienen agenda llena, El Alto es motivo de turismo, Mamani Silvestre es startarchitect y los propietarios están en los medios.  

Pero nuestra incontinencia creativa y afán  de lucro no tienen límites. Ahora los héroes de la multinacional Marvel aparecen en las calles de nuestras ciudades y una cabezota de Ironman de acrílico emperifolla la fachada de la última versión de esta revolución plebeya de la arquitectura. Y se vienen más. Una enorme réplica de la Estatua de la Libertad se termina para otra construcción y el desvarío de nuestras posturas éticas y estéticas no hacen más que  afirmar el signo de los tiempos en todo el mundo: la globalización y la revolución digital nos están engullendo en un lento y festivo proceso de alineación y sumisión colectiva.

* Arquitecto.

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