Sociedad

Trinidad se habitúa a vivir con el agua ‘hasta el cuello’

Lluvias. Barrios periurbanos son los más vulnerables a las inundaciones

La Razón (Edición Impresa) / Paulo Cuiza / La Paz

00:00 / 02 de marzo de 2014

La familia de Raquel Justiniano está acostumbrada a las inundaciones. Esta vez el agua subió aproximadamente metro y medio en su vivienda del barrio 6 de Agosto de Trinidad, pero estaban preparados. Y es que vivir “con el agua hasta el cuello” ya es una constante en Beni.

Todos los años, en época de lluvias, los benianos viven pendientes de la subida de las aguas y enfrentan la situación con medidas caseras de contingencia como el traslado de sus pertenencias a zonas altas o la construcción de altillos para colocar sus bienes más preciados. Aunque este año la situación fue mucho peor que en años anteriores, estas medidas amortiguaron la cifra de damnificados.

El 20 de febrero, cuando estuvimos allí para cubrir las noticias sobre las lluvias, Justiniano salió de su casa agarrada de su tres hijos, un catre, camas, una cocinilla y ropa rumbo a un refugio en la plaza Ganadero. Allí su familia y a diario su esposo sigue un ritual: sale a las 07.00 hacia su casa inundada e inspecciona para que todo esté en su lugar. No es el único.

La familia Vela, en Villa Corina, optó por levantar una alacena cerca del techo de su vivienda, donde amontonó sus pertenencias más preciadas por seguridad, entre ellas un televisor y algunos muebles. Su situación es menos compleja que la de los Justiniano, pero dicen que ambas familias sufrieron por igual con las inundaciones de 2007.

En la casa de Walter Sung, en Puerto Almacén, flotan papeles y algún accesorio de madera. El agua remoja los muebles y el acceso a la puerta principal solo es posible en canoa. Eso hizo el día que lo acompañamos al lugar: llegó hasta la puerta, se bajó y el agua le cubría hasta los muslos. Entonces cerró su casa con candado y se trasladó a una carpa en un lugar seguro con su familia.

Algunas familias de la periferia de Trinidad se organizan para hacer rondas por sus vecindarios y evitar robos. Ernestina Yonima dice que no tienen otra forma de seguridad.

En el barrio 17 de Junio, Nicolás Semú optó por quedarse en casa y proteger sus bienes, pero habita en el segundo piso. El primero está inundado y, al igual que Sung, usa una canoa.

Los trabajadores del complejo turístico de la Laguna Suárez, al sur de Trinidad, hacen lo mismo. Juan Suárez, del Hotel Tapacaré, dice que se mantienen en el lugar “por seguridad”.

Adhemar Áñez vive solo desde el 15 de febrero en una área colindante a los hoteles, en la cubierta de su techo, donde recibió como visitante un armadillo que huyó de las aguas.

Piscinas artificiales y diversión

Sobre la carretera entre Trinidad y Puerto Varador el agua de las lluvias formó enormes piscinas naturales, de 50 a 80 metros de extensión, que son aprovechadas por niños y jóvenes para divertirse.

Llama la atención esta escena, que aparece a la vista a pocos kilómetros de otras en las que se vé la desesperación de los damnificados benianos.

Sin embargo, aunque las lluvias siempre provocan problemas en la región, la combinación de agua con el clima cálido que reina en Beni casi durante todo el año invita a darse un chapuzón.  

Cuando visitamos el lugar algunos niños nadaban y otros menos expertos se afanaban en aferrarse a los parachoques de algunos vehículos parqueados en las orillas.

El lugar se convirtió en algo así como una playa pública.

Desde la ciudad llegaban familias completas en motocicletas de todo tipo, pequeñas, medianas y grandes. Todos movidos por la curiosidad de las piscinas naturales y pese a que horas antes una lluvia pusiera en riesgo de inundación a la capital Trinidad.

La algarabía de los niños y jóvenes se mezcla con la felicidad de los padres y el ruido de los automóviles y las motos.

En Puerto Varador, al menos a 20 minutos de la capital, la diversión es similar. Los niños juegan, chapotean, se empujan y corren descalzos sobre las aguas del río Mamoré, que bañó la plataforma principal con sus aguas. A ellos se suman los jóvenes. Y los padres cuidan a los hijos pequeños.

Hasta allí también llegan grupos familiares ansiosos de ver con sus propios ojos el desastre provocado por la inundación. La alberca natural de la zona no le es ajena.

Situación  en el centro de la ciudad

LluviaEl centro de Trinidad solo sufrió una inundación el 22 de febrero cuando una lluvia de 175 milímetros cayó por cinco horas.EquiposAl menos cuatro motobombas se encargan de sacar el agua del centro de la ciudad cuando cae una torrencial lluvia hacia afluentes del  Ibare y Mamoré.AlturaLas casas en Puerto Varador tienen una alto de unos dos metros para evitar inundaciones como años anteriores.

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