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Bolivia: Procesos de cambio

El proceso político que experimenta el país en los últimos años no solamente se circunscribe a sí, tiene repercusiones en otros procesos de carácter social o económico que, en resumidas cuentas, ha ampliado la participación y la distribución de recursos. 

La Razón / John Crabtree y Ann Chaplin

00:03 / 20 de octubre de 2013

Fue ha habido cambios importantes en Bolivia en los últimos años, no cabe duda. La elección de Evo Morales en 2005 representa un punto de inflexión en la historia reciente del país, tal vez tan significativo como la Revolución Nacional. El propósito del libro Bolivia: Procesos de cambio (La Paz: PIEB, CEDLA, Oxfam), escrito por John Crabtree y Ann Chaplin, y presentado el 17 de octubre, es analizar los cambios que han ocurrido en Bolivia desde 2006 tomando en cuenta las opiniones de los bolivianos — hombres y mujeres— que  han sido actores en esta etapa.

¿Qué ha cambiado en su vida desde que Morales es presidente? ¿En qué consiste el cambio? ¿Se siente parte del proceso? Como era de esperar, las respuestas fueron muy diversas y reflejan la heterogeneidad del país y la diversidad de su gente; pero, sobre todo, muestran que en Bolivia se están dando procesos de cambio, en plural, por ello el énfasis en el título del libro.

Bolivia: Procesos de cambio es una travesía por las varias regiones del país: el altiplano, El Alto, las minas de Oruro y Potosí, las regiones productoras de coca en el Chapare y los Yungas, el Chaco tarijeño, el campo y la ciudad de Santa Cruz, y el norte amazónico. Y se basa en 150 entrevistas realizadas a actores de los movimientos sociales y otros que han trabajado junto a ellos.

Perfiles de la protesta. El libro tiene como antecedente a Perfiles de la protesta, trabajo publicado por John Crabtree en 2005 (La Paz: PIEB, UNIR), en el que se analiza la participación de los movimientos sociales entre 1999 y 2003,  que culminó en la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada a la presidencia y la formulación de la Agenda de Octubre. En el texto se subraya la diversidad de los movimientos de protesta en Bolivia y se insiste en la dimensión histórica de la organización popular y su importancia en las varias luchas para democratizar Bolivia.

Siguiendo esta lectura del país, en Bolivia: Procesos de cambio planteamos que muchos de los cambios de los últimos tiempos han estado en gestión durante décadas. La misma Agenda de Octubre, que proveyó un guión para las políticas del Gobierno actual, tiene raíces en el resurgimiento de los movimientos sociales a partir de 1990 contra las políticas neoliberales. Sugerimos que el cambio político a partir de 2006 ayudó a crear un ambiente mucho más proclive para nuevos rumbos en la política del país.

La experiencia boliviana en los últimos tiempos ha despertado mucho interés fuera del país, como un ejemplo en la búsqueda de modificaciones sustanciales a la herencia del Consenso de Washington. En ese sentido, Bolivia: Procesos de cambio, originalmente publicado en inglés en Londres y Nueva York, busca ir más allá de los debates polémicos que han surgido en círculos académicos y políticos, tanto dentro del país como fuera, y analizar los cambios en marcha y los obstáculos, vistos desde la perspectiva de los actores locales. Se advierte, sin embargo, que la verdadera transcendencia de los cambios será apreciada sólo por las  próximas generaciones.

Cambios sin retorno. ¿Cuáles son las conclusiones de esta travesía por Bolivia? Una conclusión clave es que se han roto algunas de las barreras para una inclusión social y política efectiva. A partir de nuestras entrevistas hemos visto cómo la inclusión social ha avanzado en una forma importante e irreversible, sobre todo respecto a etnicidad y género. En cuanto al primer aspecto, casi todas y todos los entrevistados consideran que la nueva Constitución ha sido un logro muy importante en cuanto a la extensión de derechos hacia sectores mayoritarios, que antes no los tenían. El problema reside en cómo traducir los derechos escritos en papel en derechos que se puede hacer cumplir. La elección de Morales es un símbolo de la nueva inclusión: como el hijo de una familia campesina modesta puede llegar a la presidencia de Bolivia. En cuanto a los derechos de género, las personas a quienes entrevistamos subrayaban que las mujeres en todo el país se han convertido en participantes activas, cuando no en líderes de movimientos sociales. Sin embargo, queda claro que esto no ha sido logrado sin mucho esfuerzo y sacrificio personal.

Tierras. Otra conclusión es que la tenencia de la tierra ha sido modificada en forma significativa, con nuevos beneficiarios entre sectores campesinos e indígenas. La Ley INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria) de 1996 cambió el rumbo de la reforma agraria, priorizando la tenencia colectiva. Este proceso se aceleró a partir de algunas modificaciones en la ley en 2006. Se estima que más de 800.000 personas, o alrededor del 8% de la población, fue beneficiaria, aunque el alcance del saneamiento y titulación ha sido más notable en algunos departamentos que otros. El proceso de redistribución, sin embargo, ha perdido dinamismo desde 2011; pero, como demuestra el conflicto TIPNIS (Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure), la política de tierras ha contrapuesto diferentes concepciones de tenencia, entre la tenencia colectiva, por una parte, y la tenencia individual, por la otra. Ya surgen críticas de parte de las organizaciones campesinas respecto a lo que algunos denominan “el latifundismo indígena”. La experiencia de Pando demuestra que no necesariamente tiene que ser conflictivo.

Ha habido también importantes cambios en la estructura social del país, cambios que vienen de antes pero que se han acelerado en los últimos tiempos. Nos encontramos con nuevas élites de origen popular que se han enriquecido con las nuevas oportunidades económicas. Somos testigos de los nuevos ricos aymaras de El Alto con sus edificios tan distintivos y sus inversiones en manifestaciones culturales masivas. De igual manera, los mineros cooperativistas de Potosí, como los cocaleros del Chapare, manifiestan procesos de acumulación significativos. En Tarija, grupos campesinos se han beneficiado de las políticas redistributivas, tanto como los campesinos del norte amazónico. Al mismo tiempo, se nota el ocaso de algunas élites tradicionales, sobre todo en Tarija y Pando, pero también en Santa Cruz, con la disminución de su poder político.          

Sin embargo, la pobreza se mantiene, sobre todo en el altiplano, donde las políticas gubernamentales no han incentivado un mayor dinamismo, más allá de cultivos como la quinua que tememos que sea una bonanza de corto plazo. Las migraciones hacia la ciudad de El Alto se mantienen, donde existe una pobreza marcada codo a codo con la afluencia de los nuevos grupos pujantes. De igual manera, las migraciones hacia Santa Cruz y el extranjero funcionan como una especie de válvula de escape social. Ciudades de migrantes, como El Alto y el Plan 3000 de Santa Cruz, viven principalmente del comercio y de los servicios y no de actividades productivas. Cuando uno pregunta a la gente en estas urbes qué significa para ellos el “vivir bien”, responden: “empleo estable”. 

Al mismo tiempo, con el proceso de urbanización progresiva, la necesidad de lograr una adecuada oferta de alimentos a precios bajos desafortunadamente no significa un impulso para la agricultura altiplánica. Santa Cruz se convierte en el granero del país, que provee el 75% de los alimentos consumidos en Bolivia. En este esquema, la agricultura campesina apenas entra a la figura. Los grandes y medianos terratenientes de Santa Cruz ocupan una posición de privilegio y detentan un poder que el Gobierno nacional en La Paz no puede ignorar. En estas circunstancias, un resultado es la limitación de la redistribución de tierras más amplia.

A pesar de la pobreza persistente, notamos en todas las regiones que visitamos mejoras en los niveles de empleo e ingresos, sobre todo entre quienes pueden aprovechar mejor el proceso de crecimiento de la economía. El empleo ha sido incentivado por la inversión pública, y los ingresos familiares, por los programas sociales del Gobierno. Cuanto menos gana una familia, más importantes son los bonos. 

La mayor presencia del Estado también es un cambio notable. El Estado no sólo ha entrado de nuevo a algunos sectores donde fue desplazado por la privatización; también hay una mayor presencia donde el Estado históricamente se encontraba ausente. Pando es especialmente revelador en este sentido. La expansión estatal, sin embargo, no necesariamente ha producido un gran cambio en términos de la vida cotidiana de la gente, y algunos de nuestros entrevistados fueron muy críticos sobre la actuación estatal. Sin embargo, el Estado ya no es tan precario como era antes, y las reformas impositivas han significado lograr una base económica más sólida por primera vez. Con los ingresos del IDH (Impuesto Directo a los Hidrocarburos), el déficit fiscal crónico que ha sufrido Bolivia —sobre todo bajo los gobiernos neoliberales— se ha convertido en superávit o por lo menos ha generado una posición de equilibrio.

Por último, la relación entre el Estado y la sociedad civil ha cambiado. Existe más participación que antes y se ha abierto la posibilidad para que las exigencias sociales se escuchen en el ámbito gubernamental. Frente a las múltiples demandas de los diferentes sectores sociales, no todas las expectativas se han cumplido. Como demuestra la experiencia del TIPNIS, y los varios conflictos entre sindicalistas y cooperativistas mineros, el Gobierno se encuentra frecuentemente en disyuntivas incómodas en cuanto a la política a seguir. Pero, se han abierto nuevos canales de comunicación entre Estado y sociedad, ausentes anteriormente.

Pando, procesos de inclusión

La población de Pando se ha duplicado en los últimos 11 años. Lo que antes era un poblado pequeño, que vivía de la goma y luego de la castaña, apartado del resto del país, hoy es una ciudad en plena expansión, Cobija. La influencia de los allegados del altiplano y valles se ve en todas partes: los edificios de tres, cuatro pisos, con su garaje alto y espacio para la tienda, que ocupan todo el lote, han reemplazado a las pequeñas casitas, abiertas a recibir las brisas en este lugar tan caluroso. También están las líneas de taxi o de mototaxis, hoy en día organizadas como sus pares, en ciudades como   El Alto, Santa Cruz o La Paz.

Pero los cambios van mucho más allá de estas apreciaciones de primera vista. Pando fue el primer departamento en el país donde se llegó a culminar el proceso de saneamiento y de redistribución de tierras. Más de 2,3 millones de hectáreas fueron logradas como tierras fiscales, luego de recortes a las barracas con el saneamiento; la mayor parte de estas tierras han sido entregadas a los pueblos indígenas (como TIOC, territorios indígenas originario campesinas) o a comunidades campesinas, como propiedad colectiva. En general, las familias tanto indígenas como campesinas dan importancia a la recolección de la castaña, por los buenos precios que consiguen y la fuerte demanda existente en Europa por este producto. Como la castaña crece en árboles muy grandes perdidos en el bosque, es un incentivo para los productores mantener y proteger la cobertura del bosque sin afectarlo.

La ciudad de Cobija en su conjunto es una zona franca, donde llegan productos de lujo y baratijas chinas desde Iquique, para venderse principalmente a familias brasileñas que llegan por el Puente de la Fraternidad todos los días, pero, sobre todo, el fin de semana, a colmar sus autos de productos libre de impuestos. Han llegado buscando un futuro mejor personas del altiplano y valles, y también de las tierras bajas del Beni y Santa Cruz, estableciéndose primero en el mercado informal, y luego consiguiendo pequeñas tiendas y negocios. Una de las empresas que vende artículos de lujo (whiskys, perfumes, etc.) tendría un flujo de caja de más de 60 millones de dólares al año.

Las viejas élites han ido debilitándose en Pando: por una parte, los influyentes barraqueros han perdido mucho de su tierra; por otra, las familias que controlaron la ciudad y el departamento por décadas están teniendo que dejar a otras que intervengan, tanto en la vida política como en el movimiento económico. Emergen nuevos grupos influyentes, en el comercio y el transporte.

Donde antes la influencia de Brasil era más importante que la nacional, hoy, con la carretera y vínculos aéreos con el resto del país, se nota una mayor presencia del Estado. Pando es uno de los departamentos que más ha gozado de los beneficios de la distribución del IDH y actualmente está floreciendo la construcción de un nuevo campus universitario, con parte de estos fondos. Su futuro como un importante polo de de-sarrollo de la Amazonía, en armonía con los países vecinos, nace de su identificación como parte de Bolivia, ya no en dependencia del Brasil.

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