Animal Político

Cuchillada por la espalda

Hay tres alternativas para Unasur: la disolución, la reconversión o la mantención del statu quo

La Razón (Edición Impresa) / Reymi Ferreira es abogado

07:00 / 25 de julio de 2018

La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que se conformara el año 2008 como voluntad de la integración regional alternativa al panamericanismo, después de una década enfrenta una crisis profunda. La Unasur es la creación de líderes progresistas como Hugo Chávez, Luiz Inácio Lula da Silva, Néstor Kirchner, Evo Morales, Rafael Correa, José Mujica, entre los principales, que la historia hizo coincidir en tiempos históricos.

Se empezó a llamar a Sudamérica como la “Patria Grande”, entendiendo que las fronteras fueron creadas por intereses elitistas vinculados a potencias coloniales, las que fomentaron la fragmentación de un continente que por cultura, historia y condiciones sociales tiene un mismo molde. Brasil por primera vez en su historia priorizó la relación comercial y política con sus vecinos y dejó de mirar a Europa o a Estados Unidos. Algo parecido sucedió en Argentina. Las mismas energías creadoras de Unasur fundaron dos años más tarde la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac),  que ampliaba el escenario geográfico del concepto.

Pese al apoyo de los gobernantes a Unasur, su accionar fue lento. Recién en 2011 empieza a funcionar la estructura del pacto constitutivo. Se ha señalado que el organismo no ha sido tan eficaz en su actuación administrativa, como lo fue en su rol político. La posición asumida por Unasur fue importante para respaldar la democracia en 2008 en Bolivia, cuando un conato de golpe intentó derribar al presidente Evo Morales, o en 2010 cuando Unasur descalificó el golpe de Estado contra el presidente Rafael Correa en Ecuador. Actuó en los mismos términos ante el derrocamiento del presidente Fernando Lugo en Paraguay y fue oportuna su actuación ante la operación “Fénix” cuando tropas colombianas cruzaron la frontera con Ecuador. En la otra cara de la moneda, ningún proyecto importante se concretó, tales como el gasoducto colombo-venezolano, el tren bioceánico, la integración energética, o la emisión de moneda común.

Unasur significa la “sudamericanización” de la integración y por lo tanto afectó a élites locales, acostumbradas a bailar al ritmo de New York o Londres, y a la pérdida de poder en el espacio regional de la Organización de Estados Americanos (OEA), en donde están, en la misma mesa, invadidos e invasores, los dentro del muro y los de afuera.

El fin del kirchnerismo en Argentina y el golpe en Brasil debilitó a Unasur. Los dos gobiernos han vuelto la mirada a los organismos financieros del norte. Hay que sumar a ello el retorno del pinochetismo democrático en Chile con Piñera; la degradación moral del Gobierno peruano, y la traición de Lenin Moreno en Ecuador. Desde el 31 de diciembre de 2017 Unasur está descabezada porque no hay consenso para elegir al nuevo secretario general que sustituya a Ernesto Samper. Esto derivó en que seis países anuncien su retiro temporal del organismo (Brasil, Argentina, Paraguay, Chile, Colombia y Perú).

Bolivia, a la cabeza pro témpore de Unasur tiene pocos aliados para reconducir la organización: Venezuela, Uruguay, Surinam y Guyana.  Ecuador, a través de su presidente, Lenin Moreno, el 5 de julio de este año  ha pedido a los países miembros de Unasur que devuelvan la sede donde funciona la institución cerca de la ciudad de Quito, para convertirla en un “Centro de Estudios Indígenas”, lo que constituye una cuchillada por la espalda a Unasur dada por este forajido, cuyo nombre inmerecido la historia lo cambiará por el de Judas.

Existen tres alternativas: la disolución, la reconversión o la mantención del statu quo. La primera sería una derrota de la Patria Grande, como la pensaba Bolívar. Mantener el statu quo no es posible. La reconversión es una  alternativa que puede plantear Bolivia, que preside la organización. Una renovación consensuada, que permita el funcionamiento de instituciones como el Consejo de Defensa Sudamericano, la Técnica de Apoyo Electoral, la biblioteca “Gabriel García Márquez”, y las reuniones de coordinación. El  escenario es difícil; basta recordar las palabras del presidente electo de Colombia Iván Duque, quien dijo que “Unasur no es más que una caja de resonancia de la dictadura venezolana”. En estas circunstancias, una reconversión para sobrevivir puede ser la salida, mientras llegan mejores vientos que reimpulsen la visión de la pléyade de líderes que nos hicieron pensar que el amanecer sudamericano había dejado de ser una tentación.

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