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Pablo Zárate Willka

El historiador resume los temas que se abordan en su nuevo libro ‘Pablo Zárate Willka y la rebelión indígena’ que se presenta el 21.

La Razón (Edición Impresa) / Roberto Choque

00:00 / 22 de noviembre de 2017

La continuidad de la historia de los líderes indígenas en Bolivia se puede construir de esta manera: en 1781 Túpak Katari se enfrentó a los españoles en La Paz por cerca de 175 días. En el oriente, entre 1799 y 1814, el gran capitán Cumbay continuó la lucha indígena hasta las acciones de la guerrilla lideradas por Manuel Ascencio Padilla y Juana Azurduy.

En la época de la República, en 1871, la resistencia indígena se reanudó con Luciano Willka, logrando el derrocamiento de Mariano Melgarejo. En el oriente boliviano, en 1892, la lucha de los indígenas de tierras bajas, encabezada por Apiaguaiqui Tumpa, continuó hasta la batalla de Kuruyuki. En esa misma etapa, entre 1898 y 1903, Pablo Zárate Willka lideró el movimiento indígena aymara.

Indudablemente, las luchas indígenas después de la muerte de Zárate Willka —a principios del siglo XX— fueron creciendo con la lucha legal de los caciques apoderados. En esa etapa destacó Santos Marka T’ula quien, como cacique apoderado, buscó la reivindicación de las tierras de origen hasta recuperar la base jurídica de la comunidad indígena con la, por entonces, nueva Constitución Política del Estado, en 1938. Sin embargo, estos levantamientos indígenas se prolongaron hasta las postrimerías de 1952.

Son varios los momentos y diversos los escenarios en los cuales se desarrolló la lucha emprendida por Zárate Willka, líder de varias comunidades del altiplano y de los valles bolivianos durante la Guerra Civil de 1898-1899. Por ello, el estudio de su biografía y liderazgo es una parte importante dentro del proceso de recuperación de la identidad ideológica de los movimientos y de los líderes indígenas de Bolivia; además, brinda una posibilidad de acercamiento a la figura de un líder cuya actuación representa un hito en la historia del país.

Con el libro Pablo Zárate Willka y la rebelión indígena se busca recordar las masacres acaecidas durante el gobierno de Melgarejo, así como la lucha indígena contra la Ley de Exvinculación de 1874, antecedentes inmediatos de la participación indígena en la llamada Guerra Civil o Revolución Federal de 1898-1899, y durante todo el proceso social y político comprendido entre 1898 y 1903.

La Revolución Federal, iniciada el 12 de diciembre de 1898 en La Paz, requería personas y armas para enfrentar al gobierno de Severo Fernández Alonso, perteneciente al Partido Constitucional (o Conservador). Para ello, el Partido Liberal, encabezado por José Manuel Pando, creó en La Paz una Junta de Gobierno Federal que debió conseguir armas y municiones, así como movilizar gente. Por eso, desde un principio, dio órdenes para que los indígenas del altiplano se unieran a la causa liberal y se levantaran en armas contra el enemigo, que venía de Sucre a La Paz.

Como estrategia política, los revolucionarios de La Paz propusieron el federalismo, una aspiración que tenía ya varios años. Esta propuesta separó al país entre norte y sur, y afectó al mismo Partido Constitucional, que se dividió entre federalistas y unitarios.

La marcha hacia La Paz, encabezada por el propio presidente con el propósito de sofocar la rebelión que se había producido contra su Gobierno, no pudo imaginar la estrategia de lucha adoptada por los revolucionarios federalistas que resultaría en una guerra civil que duró casi cuatro meses: del 12 de diciembre de 1898 al 10 de abril de 1899.

Los liberales recurrieron a las masas indígenas para asegurar su victoria contra Fernández Alonso. Luis F. Jemio estaba a cargo de las avanzadas federalistas y fue él quien solicitó la cooperación indígena para hostilizar al ejército unitario. Jemio desplegó todo lo necesario para organizar las fuerzas irregulares de las indiadas, para que así contribuyesen al éxito de la revolución. Así, los líderes indígenas Pablo Zárate Willka, Feliciano Willka, Manuel Mita Willka, Juan Lero y Lorenzo Ramírez, entre otros, se involucraron en la guerra federal.

Además, la Junta de Gobierno Federal solicitó a las subprefecturas de la región el pago adelantado de la contribución indigenal, con el fin de financiar la revuelta. En suma, la gente indígena fue obligada a pagar su tributo anticipadamente y empujada a concurrir en forma masiva al teatro de las acciones contra las fuerzas armadas de Fernández Alonso, presidente de la República.

Después del enfrentamiento de las huestes de Willka con el escuadrón de Alonso, Pando comenzó a preocuparse por la autonomía de los indígenas para organizarse militarmente. Temía que éstos continuaran la lucha por motivos particulares y se sublevaran. Por eso, para la batalla del Segundo Crucero, en abril de 1899, Pando dejó de confiar en Zárate Willka, aunque se benefició de las fuerzas lideradas por el caudillo aymara, las cuales colaboraron a la definitiva victoria federal.

Lo cierto es que, en el teatro de la guerra civil, las fuerzas indígenas fueron alejándose de la causa federalista y tornaron su lucha más autónoma. Ya no importaba ser parte de la pugna regionalista entre Pando y Fernández Alonso, sino luchar inquebrantablemente contra la opresión y por la reivindicación iniciada ya durante la época de Mariano Melgarejo.

  • Roberto Choque es historiador

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