Animal Político

Unasur, principio y fin

¿Hubo interés real de proyectar a Unasur más allá del discurso político de líderes del socialismo del siglo XXI?

La Razón (Edición Impresa) / Karen Longaric R. es abogada, internacionalista

07:00 / 25 de julio de 2018

La iniciativa de formar un proyecto integracionista de características diferentes a los que ya existían en la región, surgió el año 2004 en una reunión celebrada en Cusco. El expresidente de Venezuela Hugo Chávez, persuadido de la idea de hacer converger la Comunidad Andina y el Mercosur en un nuevo organismo, impulsó dicho proyecto bajo la denominación de Comunidad de Naciones Suramericanas. En 2007, en una reunión realizada en Isla Margarita, se retomó el tema pero ya no bajo la convergencia de la CAN y Mercosur, sino como un organismo independiente de dichos procesos. Finalmente el 23 de mayo de 2008, en Brasilia, se concretó la firma del tratado constitutivo de la Unión de Naciones Suramericanas bajo la sigla de Unasur.

Su objetivo general era “construir de manera participativa y consensuada un espacio de integración y unión en lo cultural, social, económico y político entre los pueblos suramericanos, otorgando prioridad al diálogo político, las políticas sociales, la educación, la energía, la infraestructura, el financiamiento y el medio ambiente, con miras a eliminar la desigualdad socioeconómica, lograr la inclusión social y la participación ciudadana, fortalecer la democracia y reducir las asimetrías en el marco del fortalecimiento de la soberanía e independencia de los Estados”.

Para esto se proveyó a Unasur de una formidable infraestructura que excedía en mucho los requerimientos iniciales de ese organismo, tal es el edificio construido en Quito como sede de la Secretaría General y el monumental centro de convenciones edificado en Tiquipaya-Cochabamba destinado al Parlamento unasuriano. Los aportes de los Estados miembros fueron a sostener una enorme planta burocrática y a financiar las cumbres de Jefes de Estado, reuniones de Ministros de Relaciones Exteriores, viajes y eventos sociales que en nada contribuyeron a la profundización de la integración regional.

La pregunta es ¿por qué fracasó este proyecto, no obstante la decidida voluntad política de sus líderes y el importante aporte económico que en su momento comprometieron los Estados miembros?, ¿hubo interés real de proyectar a Unasur más allá del discurso político esgrimido por los líderes del socialismo del siglo XXI?

Si bien es evidente que los cambios políticos acontecidos en Argentina, Brasil, Chile, Perú y Paraguay desaceleraron de alguna manera la marcha de la Unasur, son otros los factores que efectivamente provocaron el quiebre de este proyecto suramericano, cito: descomposición total del régimen venezolano, cuestionada gestión de Ernesto Samper, falta de consenso para censurar y sancionar a la dictadura de Maduro y falta de consenso para designar al Secretario General. Todo esto llevó a seis países miembros a notificar su inicial alejamiento del esquema.

Ante esta delicada situación, Bolivia en ejercicio de la Presidencia Pro Témpore había prometido realizar gestiones conducentes a evitar la desintegración de la Unasur.

Esto exigía revertir los obstáculos que impedían alcanzar consenso para aprobar dos medidas urgentes: censurar y sancionar al régimen venezolano y designar al nuevo Secretario General.

Hace pocos días, el presidente Evo Morales ha reconocido que la Unión de Naciones Suramericanas está en crisis; sin embargo, no ha mencionado si Bolivia ha llevado adelante las gestiones prometidas, ni ha planteado soluciones a la crisis. Sería un error mayúsculo de la política exterior del gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) privilegiar sus lazos con la dictadura de Nicolás Maduro, antes que coadyuvar a la consolidación de la integración suramericana proyectada por Unasur. Esto evidenciaría que las ideas integracionistas que acunaron este proyecto no eran genuinas, como se mostraron.

Si la situación continúa así, habrá que ver qué mecanismo se emplea para dar por concluido el proceso unasuriano. El Tratado Constitutivo no ha previsto esta inédita situación. Es probable que los seis países que ya anunciaron su descontento decidan finalmente denunciar el Tratado; a lo cual podría sumarse Ecuador y probablemente Uruguay. Quedarían cuatro Estados miembros: Bolivia, Venezuela, Guyana y Surinam, un número menor al requerido (nueve) para que el Tratado Constitutivo entrare en vigor; lo cual desde el Derecho de los Tratados no es impedimento para que el organismo continúe vigente. Otra opción es dar por terminado el Tratado Constitutivo, con el consenso de todos los Estados contratantes.

Sin embargo, aún hay tiempo de salvar a Unasur, veremos qué posición adopta Bolivia, en su calidad de Presidente Pro Témpore.

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