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Migrantes bolivianos en Sao Paulo

El sociólogo y fotógrafo Eduardo Schwartzberg capta la cotidianidad de la comunidad migrante en la ciudad brasileña.

La Razón (Edición Impresa) / Eduardo Schwartzberg Arteaga

07:00 / 08 de agosto de 2018

La migración es un problema estructural en Bolivia. Se estima —debido a que los datos oficiales no reflejan la magnitud del fenómeno— que la quinta parte de la población vive fuera del país, es decir, aproximadamente dos millones de bolivianos se encuentran principalmente en países como Argentina, Brasil, Chile, España y Estados Unidos.

Datos del último Censo de Población realizado por el Instituto Brasilero de Geografía y Estadística (IBGE 2010) indican que la migración boliviana a Brasil se intensificó durante las últimas dos décadas. Se deduce que la causa de esto posiblemente tenga que ver con las mayores restricciones que impone el Gobierno de Estados Unidos para el ingreso de extranjeros después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, sumado a la crisis económica en Argentina y España. Asimismo, la Ley de Amnistía aprobada en Brasil en 2009 para que los inmigrantes regularizaran su situación en el país, también ha sido un estímulo importante para este crecimiento.

Según el cónsul general del Estado Plurinacional de Bolivia en Brasil, Jorge Ledezma, en 2017 solo en la ciudad de Sao Paulo la población migrante boliviana llegaba a la cifra de 350.000 personas, siendo solamente 80.000 las que estarían en situación regular. El 90% de toda esta población se dedica a trabajar en el ramo de la costura, trabajo a destajo que realizan miles de medianos y pequeños talleres para las grandes empresas de la industria textil brasileña, una de las más importantes a escala mundial.

Este tipo de trabajo realizado por bolivianos está caracterizado por la legislación brasileña como análogo a la esclavitud, debido a las condiciones precarias y a las excesivas jornadas laborales que se desarrollan en los talleres. La prensa brasileña y varios estudios académicos han reforzado esta idea, incluso indicando que existe una cadena de explotación de ciudadanos bolivianos contra otros bolivianos. Así, se ha enfocado esta situación exclusivamente en las condiciones precarias del trabajo, encasillando el análisis en una visión legalista, creando el estigma de inmigrante-esclavo-ilegal.

Es indudable que estas condiciones de trabajo en las que están envueltos los inmigrantes bolivianos son de explotación extrema y de nivel estructural. No obstante, en lo micro, lo que se observa es una situación abigarrada y no homogénea, presentándose además una interesante situación de movilidad social.

Por esta razón, la migración es un fenómeno que debe ser abordado como un hecho social total, como lo afirma el sociólogo argelino Abdelmaleck Sayad (1998). Es decir, que no puede ser analizada desde sus partes, sino que engloba un todo, el lugar de origen y el lugar de llegada, la historicidad de un proceso migratorio en particular y las historias de los sujetos que protagonizan este proceso.

En este sentido, el ensayo visual que presento en estas páginas reúne una selección de fotografías que realicé durante casi tres años como parte de mi tesis de maestría, en el cual analizo las características de la migración boliviana que radica en la actualidad en la ciudad de Sao Paulo, a partir de un concepto central teorizado por la socióloga boliviana Silvia Rivera Cusicanqui, como es lo ch’ixi (Rivera, 2015).

Con la fotografía quise desfragmentar imaginarios, una fuente de conocimiento que puede ser una herramienta contrahegemónica mediante narrativas visuales que pueden revelar los secretos encubiertos y fragmentados conscientemente por intereses políticos e ideológicos de la élite.

Se muestra entonces una serie de fotografías en las que se evidencia lo ch’ixi, una yuxtaposición de elementos contrarios que se complementan sin recrear un tercero, sino que por el choque de contrarios, cada parte se reinventa. Un concepto que piensa el mestizaje no como algo resuelto, sino que, desde un sentido crítico, cuestiona la idea de sincretismo o hibridismo cultural, y analiza las fusiones irresueltas de un colonialismo interno que se presenta en la vida cotidiana (Rivera, 2015).

Esta serie de fotografías quiere mostrar ese aspecto ch’ixi de la migración boliviana, donde la dimensión económica y la espiritual están íntimamente ligadas con la economía popular, la cual trasciende las fronteras y se reinventa en otros espacios y territorios expresándose simbólicamente en el hecho festivo, recreando un tiempo social y una comunidad imaginada.

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