La Gaceta Jurídica

Filosofía del Derecho en Hegel

La última gran obra publicada por Hegel fue la Filosofía del Derecho (1821), aunque algunas notas de sus conferencias y clases, junto con apuntes de sus alumnos, fueron publicados también después de su muerte.

Foto: terencerenaud.com

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La Gaceta Jurídica / Salvador Krsnaly Romero

00:00 / 31 de mayo de 2013

No cabe duda, que Hegel es una de las figuras más emblemáticas y de consulta obligada en el desarrollo de los sistemas idealistas postkantianos; su genialidad lo llevó a desenvolver todos los campos manifiestos del pensar, las artes, la religión, la historia, la lógica, la política y, muy particularmente, el Derecho.

Indagó en estas áreas y con profunda agudeza supo proporcionar el momento real del máximo desarrollo de la filosofía europea del siglo xix. Se dice, y muy acertadamente, que es Hegel el último y máximo intento de la filosofía occidental por construir un sistema autosuficiente, que tomó como característica esencial el desarrollo de un método dialéctico que propone estudiar la realidad en su despliegue dialéctico. Este despliegue parte del remanente del espíritu hasta su estado absoluto.

La última gran obra publicada por Hegel fue la Filosofía del Derecho (1821), aunque algunas notas de sus conferencias y clases, junto con apuntes de sus alumnos, fueron publicados también después de su muerte.

El término dialéctica es utilizado por Hegel para comprender y expresar la situación real del mundo, en la Dialéctica de Hegel queda patente una voluntad de actuación sobre una realidad escindida, contradictoria y alienada que lucha por superar esta situación.

Introducción a la Filosofía del Derecho de Hegel

El esbozo de una teoría del Derecho más ampliada y depurada es hecha con el objetivo de dejar claras las bases del Derecho como ciencia y lleva implícita también la investigación y desarrollo completo de esta ciencia. Pero, al hacerlo, no pretende de ninguna manera dejar creada una estructura teórica que a manera fidedigna reproduzca la verdad, pues la filosofía es según Hegel una construcción efímera como la tela de Penélope que cada día era comenzada de nuevo.

La tarea del escritor y, más importante, del filósofo es descubrir la verdad, decir esta verdad y difundirla, con argumentos exactos (nótese el surgimiento del ideal griego del sabio, como amigo del saber, amante de la sabiduría), y es ante todo al filósofo al que corresponde esta asignación.

En materia de Derecho, Hegel afirma que éste junto con la ética y el Estado profesan una verdad de antaño, reconocidas en el anterior desarrollo de las leyes, la moral pública y los sistemas religiosos, desde aquí, el Derecho y las leyes, se encaminaron al progreso que han alcanzado.

Pero también, Hegel reconoce y “concibe” como contrario a la libertad del individuo el hecho de atenerse y dejarse persuadir a lo públicamente aceptado y las leyes creadas para la regulación de cada individuo del Estado, este último pues no debe ser al final la determinación última y apodíctica del modo de actuar de los individuos.

Reconoce que el hombre busca y crea en el pensamiento su libertad y el fundamento de la ética.

Sin embargo, esta libertad que el hombre posee y le determina a actuar cae en un contenido sin razón, si únicamente posee valor efectivo para el pensamiento. El hombre es libre sólo en la medida que discrepe de lo que es reconocido y aceptado por voto universal y sepa crearse una realidad singular que le autodetermine a dirigirse.

Esta idea de la libertad constituye un papel fundamental en el desarrollo del derecho individual y el hombre, como sustancia ética de la sociedad civil, sólo desarrolla todo su devenir en base a la libertad.

Libertad no es un concepto límite en Hegel, sino es la misma autoconciencia que se determina a obrar y moldear el contenido de su voluntad.

El mundo ético (el estado, la razón), como resultado del elemento de la autoconciencia, no goza de la fortuna de tener a su base la razón que le afiance como fuerza y potencia. El universo espiritual corresponde al mundo del acaso y del capricho de la voluntad divina, abandonado por Dios.

Bases establecidas

Hegel considera al Estado como la rica estructura de lo ético, la arquitectura de su racionalidad que con la determinada distinción de las esferas de la vida pública y de sus derechos le construye bases solidas que son, a la vez, las bases verdaderas de todo Estado, con bases armónicas y establecidas según un criterio de verdad.

Y cuando toda esta estructura es de buena ley, parte de lo íntimo hacia la revelada luz del desenvolvimiento de la idea, llevando consigo su interna necesidad de la veneración, de la verdad y una ley que es elevada por sí y en sí, por encima de toda forma subjetiva de sentimiento. La ley no puede estar consentida por el sentimiento, puesto que es en sí o debería ser en sí, una forma universal del desarrollo de los individuos.

El Derecho, la ética, el mundo real del Derecho, son formas que se aprehenden con el pensar; los conceptos determinan la forma de la racionalidad (es decir la ley). La ley es en cierta medida el Scibboleth (signo de reconocimiento entre los hebreos) en el cual se identifican las habitantes de la nación y los amigos de esta.

Hegel también toma la idea determinante, de que la filosofía debería ser como el principio motor de la aplicación del derecho y las leyes, pues la falta de este principio, conduciría a los estados a una superficialidad respecto a lo ético, al Derecho, y sobre todo al deber. Esto es la fatuidad. El Estado caería por esto como en un estado de disolución de toda ética interior, de la conciencia justa, del amor y del Derecho entre los particulares, así como la destrucción del orden público y las leyes del estado (pues estas últimas estarían basadas en propósitos y opiniones subjetivas, en el sentimiento subjetivo y en una convicción individual).

El contenido de la filosofía, el saber conceptual de Dios y de la naturaleza física y espiritual se verían seriamente afectados.

La primera fase del espíritu objetivo es la esfera del Derecho (das recha) de la persona, el sujeto individual consciente de su libertad ha de dar expresión exterior de su naturaleza como espíritu libre. Ha de darse a sí mismo una esfera externa de la libertad. Así pues, la libertad es el principio primero y unitario de cada individuo como parte del Estado y la ciencia del Derecho parte de la libertad en su despliegue dialéctico.

Hegel introduce también el concepto de propiedad, vinculado directamente con un acto de la voluntad, por naturaleza una persona se convierte en el dueño de una cosa, no por un mero acto interno de la voluntad, sino por la apropiación efectiva que el sujeto hace sobre ella, ejerce naturalmente toda su voluntad en esta cosa.

La idea del Derecho

La ciencia filosófica del Derecho tiene por objeto la idea del Derecho, o sea, el concepto del Derecho y su realización. La realización, es la configuración que toma el concepto para sí en un hecho efectuado, constituye el momento esencial del, y pasa, de mera constitución teorética a la realización por la cual se concibe.

La ciencia del Derecho es parte de la filosofía, se concibe como una ciencia y tiene el punto de partida, que es el resultado y la verdad de lo que antecede y lo que constituye la llamada demostración. Es, por lo tanto, una ciencia teorética, que necesita ser demostrada en la práctica. Pero Hegel diferencia entre concepto de Derecho y ciencia del Derecho, este último es la constitución teórica del primero y, conforme a su devenir, cae fuera de ella, puesto que debe ser admitido como dado.

Sin embargo, a la ciencia positiva del Derecho no le importaría esto, puesto que ella principalmente tiende a señalar lo que es jurídico, es decir, son las particulares prescripciones legales; pues la ciencia del Derecho, constituye esencialmente la zona de las cosas legales y jurídicas en sí, bajo la universalidad y en razón del estado particular. Estas prescripciones jurídicas, que corresponden a la ciencia del Derecho, resultan evidentes y son determinaciones universales, es decir, la contraparte de lo que es prescrito por ella como no jurídico. De esta manera se discierne lo que científicamente es esencial.

En cuanto al contenido de la prescripción jurídica, la necesidad de la cosa, pero en sí y por sí misma, es decir el Derecho como tal y en la naturaleza del concepto. Hegel es claro, no puede haber correcta aplicación del Derecho, si no existe un principio de razón suficiente (dictado por la filosofía, claro) que determine las acciones de los individuos de un Estado y determine a obrar a los que elaboran y aplican las leyes.

Los conceptos acerca de lo verdadero y las leyes de lo ético no son más que opiniones y convicciones subjetivas, y éstas son puestas al lado de aquellas que constituyen la universalidad y el interés de todos los hombres y todos los vínculos del mundo ético. Como la filosofía es el sondeo de lo racional, justamente es la aprehensión de lo presente y de lo real (lo que es racional es real; y lo que es real es racional) ahora bien, el Derecho es real, por lo tanto, es algo racional que se constituye como una parte de la filosofía.

El objetivo de Hegel, en su Tratado sobre Filosofía del Derecho, es presentar una auténtica ciencia del Estado y presentar a éste como algo racional en sí, sin embargo, no es un modelo o forma “de gobierno ideal” la que pretende dejar explicada, sino más bien de qué manera debe concebirse el Estado como el universo ético, concebirse a cada individuo como hijo de su tiempo, y la filosofía y la filosofía en su transparencia quedaría también como el propio tiempo aprehendido con el pensamiento.

La forma en su más concreta significación es la razón como conocimiento que concibe y el contenido es la razón como esencia sustancial de la realidad ética y también de la natural y la identidad consiente de forma y contenido constituye la idea filosófica. Así como una verdadera filosofía conduce a Dios, también un verdadero Estado lo hace.

Al hablar aun de la teoría de cómo debe ser el mundo, la filosofía, por lo demás, llega siempre demasiado tarde. Pues cuando ella surge, el mundo ya fue concebido y realizado. A continuación, Hegel pasará a desarrollar su teoría del Derecho, en la cual el individuo es el centro y el centro de la realización moral sólo se da en el plano de la libertad, hasta llegar, al plano de la voluntad, en el que la conciencia, alcanza una verdadera autoconciencia.

Positividad en general

La medida, sin embargo y criterio del concepto necesario, no es la representación sino que, más bien, le sirve de autorregulación al concepto necesario. Éste debe tomar su verdad de esta representación y reconocerse así. El derecho es positivo en general; y Hegel lo explica así:

a. Es positivo, primero, por la forma de tener vigencia en un Estado; ésta es como una autoridad legal que es el comienzo para el conocimiento del Derecho, que es la ciencia positiva del Derecho. Este Derecho positivo, en cuanto a su contenido, recibe este elemento positivo de dos fuentes primarias, a saber: a) del particular carácter nacional de un pueblo, del grado de su desarrollo histórico y de la conexión de todas las relaciones que pertenecen a la necesidad natural de este pueblo como nación.

b. Por la necesidad con que un sistema de Derecho legal debe encerrar la aplicación del concepto universal a la naturaleza particular de los objetos y de los casos que la realidad exterior muestra. Es decir, en Hegel, el Derecho tiene fuentes originarias endógenas y exógenas; la primera porque el Derecho parte de una necesidad interior de cada uno de los habitantes que componen el Estado civil; y la segunda por el hecho de que las necesidades de la nación son demostradas en la vida practica.

Cuando el derecho positivo y las leyes, se ven contrariados por el sentimiento del corazón, el impulso y lo arbitrario, no es la filosofía la que reconoce su autoridad.

La opresión y la tiranía pueden ser elementos del Derecho positivo contingente a él y no afecta a su naturaleza esencial. Una prescripción jurídica puede manifestarse por las circunstancias y desde las instituciones motoras de la parte jurídica, como plenamente fundada y consecuente, y, no obstante, ser en sí y para sí, injusta e irracional. Las leyes (aclara Hegel) son sólo positivas, en cuanto que tienen, en general, su significación y oportunidad en circunstancias dadas y definidas; por lo tanto, sólo poseen un valor histórico, por lo cual son de naturaleza transitoria. Hegel alude mucho al Derecho romano y ratifica particularmente la importancia que éste tuvo en el desarrollo de los sistemas jurídicos posteriores.

A cada momento histórico corresponde necesariamente una serie de leyes necesarias para ese momento y delimitadas por las circunstancias del Estado. La sabiduría de los legisladores y de los gobiernos, en cuanto que han hecho para las condiciones dadas y establecido acerca de la situación temporal, constituye algo en sí y pertenece a la valoración de la historia, pero esta legislación tendrá mucho más valor y gozará de profundidad mayor cuanto que fue asistida por un punto de vista filosófico.

El campo del Derecho es, en general, el campo de la espiritualidad y su próximo lugar y punto de partida es la voluntad, que es libre. Puesto que, para Hegel, el sistema del Derecho es el reino de la libertad realizada en el mundo del espíritu, voluntad y libertad, serán los dos conceptos fundamentales del desarrollo de la ciencia del Derecho, como ciencia del desarrollo de los ideales del Estado y de cada uno de sus habitantes en particular.

En el mundo del espíritu, uno se auto dirige a actuar, como por una manifestación de libertad absoluta. La libertad, reconoce Hegel, es como un hecho de la conciencia y se debe creer en ella y esta deducción de que la voluntad es libre sólo puede tener lugar en la conexión con el todo.

Por eso Hegel empleará claramente un concepto de voluntad, como concepto universal. Cada uno posee la capacidad de abstraer todo lo que es y, por lo tanto, determinar el contenido de su voluntad y tener en la propia conciencia de sí mismo un ejemplo para todas las determinaciones.

Voluntad y libertad

La voluntad encierra el elemento de la pura indeterminación o de la pura reflexión del yo sobre sí; posee y contiene la ilimitada infinitud de la absoluta abstracción o universalidad, el puro pensamiento de sí mismo.

La voluntad se determina a sí misma y, cuando reflexiona su contenido, reflexiona sobre sí misma. La libertad negativa es, en cierto sentido, parecida a la ilusión trascendental de Kant, en la que la razón busca respuestas sobre lo incondicionado, topa y se limita cuando se da cuenta que es imposible, la libertad no tiene límites en Hegel, o pretende no tenerlos.

En el espíritu, tal como éste es en sí y por sí, en el que la determinación es simplemente la suya y verdadera la relación de la conciencia constituye sólo el lado fenoménico de la voluntad, la cual aquí no es ya una cosa por sí. Las determinaciones volitivas (querer, desear, amar) son propias de la voluntad reflejada su individuación y son contenidos que se determinan por la conciencia.

La voluntad libre sólo en sí es la voluntad inmediata o natural, las determinaciones son los contenidos de la voluntad que aparece en la voluntad, como existentes son los estímulos, los deseos, las inclinaciones con las que la voluntad se determina por la naturaleza. Este contenido es para mí y me pertenece en lo absoluto. Con la decisión, la voluntad se pone como voluntad de un individuo determinado distinto frente a otro.

La voluntad es por esto individualmente volitiva, está en pertenencia con el yo personal de cada uno. Es el pensamiento una actividad universal y en él, el objeto y el contenido, permanecen como algo universal. Como ya se dijo, la libertad de la voluntad, según la determinación de infinitud, es arbitrio en el cual están contenidas la reflexión, que es toda libertad que abstrae de todo, y la dependencia del contenido y de la materia, considerados interna o externamente.

Luego, Hegel promulga la determinación de la voluntad, como una cosa-en-sí, pues es en sí y por sí, y verdaderamente infinita, porque es ella misma su objeto que autodetermina. El objeto no es para ella, otra cosa, ni un límite, sino que es la voluntad vuelta a sí.

El derecho es algo sagrado, es la existencia del concepto absoluto, el área de la libertad incondicional, el área de la libertad autoconsiente. Existe también una esfera del derecho más formal (en su sentido abstracto “pediculosis arbitrios”) en la cual éste ha llevado en sí a determinación y realidad a los otros momentos contenidos en su idea, tiene por ello la determinación de un derecho más elevado.

La sustancia ética, teoría del Estado

Hegel, insiste en el concepto de individualidad de la voluntad y como instrumento social posee los siguientes aspectos:

-La voluntad es inmediata, su concepto es abstracto (la personalidad) y su existencia es una cosa inmediata y externa; la esfera del derecho abstracto o formal.

-La voluntad es capaz de reflejar en sí, desde la existencia exterior o interior, el mundo existente; el Derecho de la voluntad subjetiva en relación con el Derecho del mundo y el Derecho de la idea, que es la esfera de la moralidad. Para Hegel, la voluntad introduce en su esencia todos los aspectos de la realidad y es autoconsciente; la idea pensada del bien se realiza en la voluntad y se refleja también en ella. La idea en su existencia universal en sí y para sí, constituye la ética.

Para Hegel, la sustancia ética es: a) espíritu natural, la familia; b) en su desunión y apariencia, la sociedad civil; c) el Estado, precisamente, en cuanto libertad universal y objetiva, en la libre autonomía de la voluntad individual.

El Estado como espíritu real y orgánico de un pueblo, a través de las relaciones de los específicos espíritus racionales, se realiza y manifiesta en la historia universal como espíritu universal del mundo. El Derecho que corresponde al Estado es el ser supremo. Y este ser supremo sólo es realizable en la libertad individual.

Es parte de la Universidad de El Salvador.

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