La Gaceta Jurídica

Filosofía del Derecho y ciencias jurídicas

Contraste de los temas de la Filosofía del Derecho con los propios de la ciencia jurídica

Foto:  teoriadelderecho.es

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Juan de Dios Deschamps

00:00 / 04 de febrero de 2014

Luis Recasens Siches nos trata la relación de ambos conceptos, destaca las operaciones o tareas que realiza el jurista dentro de las ciencias jurídicas y observa que dichas operaciones son importantes, pero advierte que sus tareas son más complicadas.

¿Hay casos fáciles? Para Luis Recasens Siches no parece haber caso fácil. Veamos como él describe y analiza la labor del jurista.

Contraste de los temas de la Filosofía del Derecho con los propios de la ciencia jurídica

La misión de la Filosofía del Derecho consiste en examinar la validez de los postulados con los cuales se desenvuelven las ciencias jurídicas.

Función que desempeña el jurista

¿Qué hace el jurista?

Pensemos en los asuntos a que está dedicado el jurista práctico (abogado, juez que tiene que enfocar y resolver problemas concretos de convivencia y de colaboración que plantea la vida real en las relaciones sociales) y el teórico (tratadista o el profesor de una rama del Derecho positivo, quien trabaja con situaciones imaginarias, típicas, que supone que puedan presentarse en algún momento).

1. El jurista indaga la norma o regla de Derecho vigente aplicable al caso que se le presenta (pedazo de vida social), una vez la halla debe entenderla e interpretarla.

Como la norma no está suelta o inconexa, sino integrada con otras formando una institución (v. gr., la hipoteca, el hábeas corpus, etc.), entonces:

2. El jurista debe articular la norma con otra serie de preceptos, es decir, construir la institución.

Ahí no acaba, la institución no está aislada, por ejemplo, la sucesión intestada se halla ligada a otras instituciones del Derecho de familia y del Derecho fiscal o tributario, concernientes a la transmisión de bienes, entonces:

3. El jurista debe proceder a la sistematización de todos los componentes del ordenamiento jurídico en vigor.

Tómese en cuenta que esas funciones no son una independiente de las otras, sino que están en recíproca solidaridad. Por ejemplo, la función de hallar la norma se realiza en función de la interpretación de otras normas como las que señalan las fuentes y competencias jurídicas. Tampoco termina ahí, entonces:

4. El jurista debe, además, zanjar las contradicciones que se den a veces entre dos o más preceptos que tienen la pretensión de estar igualmente en vigor; llenar las lagunas, suplir los vacíos que encuentre en el conjunto de las normas formuladas. Esta tarea la lleva a cabo mediante su método de interpretación, construcción y sistematización.

Esta tarea se debe a que las leyes y códigos albergan contradicciones a pesar de la destreza técnica que sirvieron para su elaboración y el jurista debe zanjarlas, eliminarlas. No sólo albergan contradicciones, también presentan lagunas, vacíos. Entonces:

5. El jurista “debe hallar la norma inexpresada para resolver esos casos no previstos en las normas formuladas antes”.

6. Finalmente, la tarea del jurista requiere una constante reelaboración a medida que transcurre el tiempo, por causa de los cambios que se verifican en la realidad social” (Recasens Siches, Luis: 3:1970). Esto es, la máquina legislativa se para, pero la jurisprudencia se mueve al compás de la vida. La norma puede que no cambie, pero las situaciones en las que se debe aplicar sí; así, el jurista debe extraer nuevos sentidos y consecuencias inéditas de la misma norma.

Después de haber conocido la tarea del jurista, ¿podemos decir que hay casos fáciles?, ¿puede haber un caso que no esté sometido a una parte o todo aquel procedimiento planteado por Luis Recasens Sichés?

Complicación de las tareas del jurista

Las operaciones del jurista son más complicadas de lo que a primera vista puede parecer, especialmente por los vínculos recíprocos de solidaridad entre las operaciones mencionadas. La tarea de hallar la norma se complica con la obligación de percatarse de su sentido y alcance del caso al cual es aplicable y más complicada aún es la indagación de la norma “en función de los efectos o consecuencias que la aplicación de la norma haya de producir” (Recasens:3:1970), los cuales están conectados con la finalidad de la norma y que sus creadores consideran como justos, convenientes al bienestar general, promotores del orden, de la paz y de la seguridad.

Lo complicado aquí es lo más interesante y consiste en que el jurista “no debe pensar su caso “in abstracto” y lanzarse después a la búsqueda de la norma aplicable a dicho caso”. Así que el jurista debe inspirar la indagatoria de la norma en el fin o fines de la misma.

-Interpretación de la norma, operación nada simple. La interpretación no es esclarecer el sentido de la norma, entenderla, es más que esto, es un enjambre de operaciones mentales recíprocas entrelazadas de modo solidario o inescindible.

-No hay interpretación abstracta de las normas jurídicas, sino en función con el estudio de las realidades concretas a las cuales se aplican y en conexión con las valoraciones que inspiran el orden jurídico positivo.

-La interpretación no empieza con el examen de la norma, sino con la averiguación de cuál sea la norma aplicable al caso planteado y, en este proceso, el jurista debe manejar las valoraciones inherentes, como se ha dicho.

-Indivisibilidad de la interpretación. Las normas jurídicas “no constituyen productos listos para operar directamente de un modo automático sobre las realidades sociales”, razón por la cual para “operar sobre la vida necesitan indispensablemente ser interpretadas” y esta “interpretación abarca una serie de actos mentales cuyo conjunto forman una figura, la cual, aunque muy complicada, constituye una totalidad, un sentido indivisible” (Recasens:4:1970).

Diferencia entre la función del jurista y las funciones del filósofo del Derecho

Para destacar esas diferencias vamos a poner de manifiesto los ingredientes con los cuales trabaja el jurista y el modo y alcance con que los maneja.

a) Las realidades humanas sociales a cuya regulación normativa se refiere el Derecho;

b) las normas vigentes –por ejemplo, las leyes, reglamentos, costumbres, sentencias de los tribunales, resoluciones administrativas, cláusulas de los negocios jurídicos–, las cuales las obtiene de las fuentes del ordenamiento en vigor;

c) una serie de conceptos formales, generales, básicos, verbigracia: las nociones de precepto jurídico, derecho subjetivo (facultad, pretensión), deber jurídico, relación jurídica, persona, objeto, supuesto, consecuencia, etc.; concepto que aplica para la captación y la organización de las normas del Derecho positivo.

Las realidades humanas sociales

No son meros hechos, son hechos que han sido contemplados por el orden jurídico en vigor, por las normas de éste.

Las normas vigentes

El jurista las recibe de un modo dogmático, no puede evadirse, las debe acatar. “El Derecho positivo, que es un medio para realizar la justicia reclama esencialmente el monopolio de declarar y aplicar lo que él entiende por justicia” (Recasens: 5:1970).

Las posibilidades que las ciencias jurídicas procesales otorgan a los ciudadanos de poder atacar una ley, reglamento, decreto o resolución cuando es contraria a la Constitución hace posible que no siempre estemos encerrados en las normas vigentes sin que debamos cuestionarlas. ¿Podemos hacer lo mismo con la Constitución? También podemos hacer lo mismo a través de otro procedimiento especial que las constituciones pueden prever.

La función del legislador consiste en formular las normas generales después de interpretar qué es lo que la justicia exige con respecto a ciertos tipos de problemas y de situaciones sociales, mientras el jurista las aplica en el orden jurídico positivo.

La aplicación de la norma jurídica no es mecánica, comprende una serie de juicios de valor recíprocamente encadenados entre sí, mediante los cuales el jurista conjuga los principios de las normas generales con el sentido particular de los casos concretos.

Las normas generales de la legalidad positiva constituyen la expresión de las valoraciones establecidas por el legislador y no son todas las valoraciones, sino una parte, hay otras complementarias no contenidas en la ley que son de diversos tipos.

Un tipo de valoración son los criterios axiológicos contenidos en las convicciones que de hecho predominan y actúan efectivamente en la colectividad, en una determinada situación histórica; otras son los conceptos que la ley maneja, pero que no los define (v. gr., suma, para la rendición de cuentas; de colmena de abejas, de electricidad, etc.) los cuales son delimitados por las ciencias que los tratan; una valoración más es la que hace el juez por sí mismo cuando no existe una convicción colectiva congruente.

Las valoraciones o juicios de valor de que está empapada la interpretación y la estructura de finalidad de la norma (valoración positiva) están regidas por una lógica especial que juega un papel decisivo en la interpretación (Recasens: 7:1970).

Hasta aquí conseguimos demostrar la siguiente afirmación: la labor de interpretación que realiza el jurista (abogado o juez) contiene juicios de valor, estimaciones, y que, por lo tanto, el jurista está en tratos con las exigencias de la justicia, si bien sólo a través de las mallas del Derecho positivo y con las restricciones que éste le imponga.

Diferencia entre la tarea del jurista en sentido estricto y la función de orientar la legislación y la reforma del derecho positivo

Estrictamente como jurista, éste debe acomodar el resultado de su tarea a las exigencias de la justicia comprendida en las valoraciones del legislador, en tanto que al jurista no le es lícito sustituir la norma vigente por un criterio suyo personal, “siempre se halla infranqueablemente restringido por los límites clara y taxativamente establecidos por las normas positivas”.

El jurista es algo más que jurista, no es estrictamente jurista cuando se plantea la crítica de las normas vigentes y medita sobre las directrices para su reelaboración progresiva, aquí es un orientador de la legislación futura, y es el más indicado para esta tarea. Aquí su labor crítica y orientadora se basa en otros puntos de vista a saber: en puntos de vista propiamente filosóficos.

¿Por qué debemos filosofar? ¿La filosofía es necesaria a los juristas?

La época anterior a los presocráticos, incluso en la previa a Sócrates, no había Filosofía del Derecho. En la segunda mitad del siglo xix había desaparecido, desterrada en la mayor parte de los estudios jurídicos.

Motivos que indujeron la meditación de la Filosofía del Derecho

Los tipos de gente que actuaron en la restauración y renovación fueron: a) algunos científicos del Derecho; b) algunos juristas prácticos y c) casi todos los grandes filósofos.

Científicos y prácticos del Derecho

Éstos contribuyeron en el siglo xix y sobre todo en el xx al renacimiento de la Filosofía del Derecho, después del eclipse que sufrió en los tres primeros decenios de la segunda mitad del siglo xix, por obra del positivismo –y también del materialismo y del evolucionismo–.

El tipo de necesidades mentales y prácticas que los motivaron son las dos limitaciones que sufre la ciencia jurídica: 1) Ésta no puede por sí misma explicar ni los supuestos básicos sobre los cuales ella se asienta y 2) No puede aclarar tampoco las ideas de valor que dan sentido al Derecho (Recasens:11:1970).

Tales limitaciones fueron advertidas por ellos: la ciencia jurídica no es por sí sola capaz de explicar los cimientos que están más acá de ella, ni tampoco las ideas que están más allá de ella, que son precisamente las que le dan sentido.

La profesión jurídica –del jurista práctico y del teórico– se apoya en supuestos generales que son previos a su labor, la funda y la posibilita.

Por su parte, los preceptos del Derecho positivo son estudiados por el jurista, hay quienes se dedican al Derecho penal, laboral, etc., es un conocimiento fragmentado. Cada área tiene un objeto seccionado por abstracción del resto de las cosas.

Pues, ese Derecho positivo es dependiente de aquellos supuestos. Entre éstos figura, en primer lugar, el concepto universal del Derecho, su esencia, común a todas sus ramas.

La filosofía y no la ciencia jurídica –en sentido estricto– es la facultad para esclarecer ese concepto universal, sin límites de lugar ni de tiempo, es decir, da una definición para todos los derechos, ramas, especificaciones históricas (Recasens:11:1970).

Hay otra serie de nociones, supuestos fundamentales de toda ciencia del Derecho. Tales son derecho subjetivo, deber jurídico, persona, objeto, relación jurídica, supuesto jurídico, consecuencia jurídica. Si queremos conocer la estructura esencial de toda norma jurídica debemos estudiar esa serie de nociones que no son exclusivas de determinados ordenamientos, sino enteramente comunes a todos ellos. Otra cosa que podemos decir es que esas nociones son conceptos puros, ajenos a la experiencia, necesarios en toda realidad jurídica histórica o posible, condicionantes de todo pensamiento jurídico.

Ya sabemos que la aclaración suficiente y rigurosa de esas nociones no es tarea de las ciencias jurídicas particulares (del Derecho constitucional, del civil, del mercantil, del administrativo, del procesal, etc.). Esas nociones son el entresijo de toda realidad jurídica, más importante aún es que constituyen los instrumentos necesarios de todo conocimiento científico sobre el Derecho.

Una penuria de las ciencias jurídicas es que no pueden explicar dichos conceptos sobre los cuales se basan y se edifican. La limitación de la que hablamos es común a todas las ciencias particulares y no exclusiva de la disciplina jurídica. Todo conocimiento científico particular es fatalmente limitado, dependiente y fragmentario.

El papel del pensamiento jurídico en el progreso del Derecho

Otras razones hay que han estimulado a los juristas a reflexionar filosóficamente sobre lo jurídico, las cuales coinciden con aquellas que determinaron el nacimiento y el desarrollo del Derecho.

Mediante el Derecho las personas tratan de conseguir una situación justa de certeza y de seguridad o bien de orden y de paz en sus relaciones sociales o, por el contrario, que descarte sus caprichos y la irrupción fortuita de la fuerza

Las personas que se preocupan por una situación así se formulan filosóficamente la pregunta de cómo se puede conseguir mejor un orden social firme, seguro, estable y a la vez justo.

Precisamente, aquella pregunta implica el planteamiento de los temas principales de la Filosofía del Derecho, especialmente de la estimativa.

Suscita dicha preocupación –la de conseguir un orden social firme, seguro, estable y justo– el peligro que se corre por la promoción de cambios en la ordenación jurídica por efecto del desarrollo y la transformación de las circunstancias históricas y de las estructuras sociales. Las meditaciones filosóficas ejercieron un poderoso influjo directamente sobre la formación de las leyes y sobre la práctica de los tribunales.

Hay tres ejemplos sobre ésa influencia: 1) la labor de los jurisconsultos en la formación y el desenvolvimiento del Derecho romano, su función interpretativa se inspiraba en la idea del Derecho natural y la ratio legis. 2) la influencia del Derecho natural en el Derecho positivo (xviii) y la estimulación del Derecho natural en la codificación (xix); 3) Las diferentes doctrinas de filosofía social y política del siglo xix y también del xx contribuyeron a la reforma del Derecho positivo.

La Escuela Nacional de la Judicatura y la tarea de los jueces

Según la Escuela Nacional de la Judicatura la estructuración de la sentencia se realiza a través de cinco planos: axiológico, regulatorio, fáctico, lingüístico y lógico. Estos cinco planos destacan la idea de que el entendimiento humano procede en forma lenta y gradual.

En mi opinión, los planos axiológico y lógico comprenden a los demás. Entendemos que cuando son mencionados los otros tres es para fortalecer el deber de los jueces de asegurar la inevitable función de cuidar los hechos, la ley y las expresiones del lenguaje.

¿Por qué estos tres están dentro de los otros dos? La lógica formal se vale de formas simples que son el concepto, el juicio y el razonamiento. El plano fáctico será comprendido a través de conceptos, algunos corresponderán a los conceptos jurídicos que es la ley y el jurista cuando expresa los hechos lo hace a través del lenguaje.

La filosofía y la constitución de la república

Una inquietud que no puede realizarse con los sentidos y cuya respuesta requiere un procedimiento no sólo científico, sino también filosófico es ésta, ¿se puede realizar dentro de un sistema capitalista el equilibrio ecológico y los demás principios?, ¿cuál es el equilibrio y jerarquía que debe haber entre los principios señalados por la Constitución?, ¿la libertad de empresa está por encima del equilibrio ecológico?

Es doctor en Derecho y profesor en Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Tomado de: filosofiadelderechord.blogspot.com

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