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Alejandra Dorado, su obra

‘Alejandra Dorado: instalaciones, registros, objetos’ es la muestra que la artista visual abrirá el 24 de julio en el centro de exposiciones del Palacio Portales de Cochabamba

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas

12:00 / 25 de julio de 2018

Revisando el libro Fibras latinoamericanas de arte al límite, publicación de 2018 que destaca el trabajo de 40 mujeres artistas de la región, figuran dos nombres del arte en Bolivia: Erika Ewel y Alejandra Dorado. Sobre esta última gira la muestra que abrirá el martes 24 de julio a las 19.00 en el Centro Pedagógico y Cultural Simón I. Patiño de Cochabamba el curador Douglas Rodrigo Rada.

La reflexión, la provocación y crítica son parte vital de la obra de Alejandra Dorado Cámara —nacida en Cochabamba y licenciada en Bellas Artes con mención pintura de la Universidad ARCIS, Santiago (Chile)—, de discurso sólido y consecuente.

“Mi obra se apropia de diversos elementos de nuestro cotidiano, retratos de familia, iconografía religiosa, objetos estereotipados, ilustraciones, historia del arte; crea un recorrido que implica crisis como un punto de partida y una ruptura en la búsqueda de uno mismo: la muerte del yo”.

Creadora y directora del proyecto La Caja Verde, taller de artes visuales para jóvenes ciegos; así como curadora de Cimientos, festival internacional de performance y accionismo de Bolivia; Dorado lleva el arte a puntos de quiebre y riesgo, su obra descoloca al espectador y lo marca. “Me interesa el juego entre lo real, la imagen y la representación que propone el arte clásico y desarma el posmodernismo. Doy vueltas sobre el cuerpo, la sexualidad y los roles de género perturbando el orden moral y político, la transgresión, el sarcasmo, la ironía son indispensables”.

Feminista orgullosa, marca sus ideas también en la cotidianidad del diseño con su línea Santita. Como artista, explora técnicas y lenguajes, no les rehúye. “Me considero una artista iconoclasta que circula por el estilo barroco contemporáneo e incluso el kitsch, aunque no creo en casillas o designaciones definitivas”.

Para ella, el arte es un simulacro que debe ocultar algo para seducir. “Intento hilvanar los hilos que conduzcan hacia una lectura polisémica, nada definitiva, que se vuelve a crear. Una obra que no busca ‘gustar’ o ‘agradar’ sino interpelar”. Así, su obra se ha visto en festivales y residencias en Bolivia, Chile, EEUU, Cuba, Argentina, Canadá, Venezuela y Ecuador.

“Es muy importante para mí generar la obra a partir del concepto y del contexto en el que me muevo, sin hacer a un lado la globalidad y la escena del arte mundial. Creo que como artistas contemporáneos tenemos la responsabilidad de trazar historia en el lugar donde decidimos estar, no creo en el arte como técnica manual pura; sino como resultado de una investigación y un compromiso con la sociedad”.

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