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Ensoñaciones de Magenta Murillo

Cada pieza es fruto de un proceso creativo y una reflexión de largo aliento, además de caracterizarse por ser muy íntimo y retrospectivo. “Ha sido una labor solitaria en las piezas grandes.

Una de las muestras de la colección De los sueños y ensueños.

Una de las muestras de la colección De los sueños y ensueños.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas / La Paz

03:05 / 24 de enero de 2018

La línea que separa a los sueños de los ensueños es muy delgada. Los últimos tienen que ver con el anhelo, con lo que empuja nuestras voluntades. “Quizá son la vitamina del cotidiano, de creer en algo, así sepamos que no es real. Es así como veo esta obra: una realidad aparte que se crea e inventa a sí misma de manera caprichosa, independientemente de la realidad”, explica la artista paceña Magenta Murillo, quien exhibe en la Casa de la Cultura Raúl Otero Reiche de Santa Cruz (plaza 24 de Septiembre) su más reciente trabajo, la exposición pictórica De los sueños y ensueños.

La muestra está conformada por una treintena de piezas que van desde el formato pequeño hasta el grande, producto de una sostenida exploración en su taller, que oficia más bien como un laboratorio de arte. “Hace más de tres años me metí a trabajar en mi obra y en esta línea estética, en una labor constante y disciplinada de exploración gráfica. La muestra es casi un psicoanálisis: aparecen seres alados de varias patas, de inmensas alas de colores fantásticos, seres de diferentes texturas, que son los que en todo el proceso de realizar esta obra me ha perseguido”.

Para soporte de las obras, la artista ha elegido el papel japonés, mientras que para pintar recurre al café y el vino como su material principal, que combina después con diferentes pigmentos naturales o con polvo de oro acrílico. “Siempre he usado el café para pintar, desde que era una estudiante. Ahora es la base de mi obra junto con el vino. Trabajo con ambas bebidas porque a través de ellas hago una revisión histórica de lo que son y lo que representan para la humanidad. Yo trabajo en un diálogo del color base (café o vino) con aquello que me habita. El vino es la sangre de Cristo, la purga del alma, las tertulias, la melancolía, la celebración... El café es el viaje, el despertar, el encuentro, los continentes. El soporte, el papel japonés, es para preservar el trabajo y darle la relevancia debida”.

Cada pieza es fruto de un proceso creativo y una reflexión de largo aliento, además de caracterizarse por ser muy íntimo y retrospectivo. “Ha sido una labor solitaria en las piezas grandes. Para las pequeñas, me gusta mimetizarme en un café, sola, y pintar al medio de charlas”.

El trabajo de Murillo ha pasado por diferentes etapas que quedan resumidas y cernidas en la calidad de su propuesta actual: una dedicación/amor por el dibujo, el color y la textura, así como por la exploración de sus mundos interiores, estrechamente relacionados con imágenes míticas y de fantasía, en las que lo efímero —una copa de vino o una taza de café— toma cuerpo y forma parte de un todo mayor.

Magenta Murillo nació en La Paz en 1971, estudió en la carrera de Artes de la Universidad Mayor de San Andrés y en la Escuela de Artes ‘Hernando Siles’. Actualmente reside en Santa Cruz de la Sierra. En su carrera ha participado en numerosas exposiciones individuales y conjuntas dentro y fuera del país. “En mi carrera creo que ya pasé la peor parte: me afirmé y me confirmé. Tengo consciencia de qué es lo mejor que sé hacer y de lo que debo hacer; que no estaba equivocada al tomar una decisión tan difícil, retadora y dura como ser y vivir 100% de y como artista. Mi aporte a la humanidad a mi país es alguito y encontré el hilo del ovillo: las perspectivas son inmensas. Ahora, ¡a volar más alto!”.

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