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Pedro Susz: Hemos renunciado a la búsqueda autónoma de visiones disímiles

El cine y la comunicación, dos de las pasiones de Susz, son la sustancia de sus nuevas obras.

Pedro Roberto Susz Kohl

Pedro Roberto Susz Kohl Foto: Wara Vargas-archivo

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas

07:00 / 15 de agosto de 2018

Vasto es el legado de Pedro Susz como crítico de cine e igual de importante y fértil es su aporte como académico e intelectual. En esta entrevista conversa acerca de dos de sus más recientes obras editadas por Plural Editores este 2018: la quinta entrega de Papeles de cine y Para una filosofía de la insubordinación 2, en la que explica la vorágine de mensajes y formas de consumo mediáticas a las que se expone el individuo y la acción para liberarse. Ambas publicaciones —además de Historia del cine boliviano 1897-2017, escrita por Susz junto con Alfonso Gumucio, Santiago Espinosa y Andrés Laguna— están disponibles en la Feria del Libro, que cierra esta jornada.

— Es la quinta entrega de Papeles de cine, que recolecta sus cavilaciones sobre el cine en sus múltiples facetas. La primera parte está dedicada al cine boliviano, donde aparte de las críticas destacan los detalles sobre La campaña del Chaco. ¿Cómo marca a la producción boliviana el fin del cine silente?

Para una producción como la nuestra, enfrentada a una escasez de recursos de producción, a la ausencia de políticas estatales de fomento y al reducido tamaño del mercado interno —en aquella época mínimo—, el cambio de las condiciones técnicas de rodaje y exhibición supuso desde luego un escollo mayúsculo. Adicionalmente, no conviene perder de vista que tales cambios, generados en la industria entonces en pleno proceso de penetración hegemónica en el mercado mundial —a la producción de Hollywood me refiero, claro—, respondían justamente a dicha estrategia para copar los mercados del mundo entero cuando las grandes corrientes migratorias, del campo a las ciudades y de un continente al otro, habían consolidado un público urbano con un lenguaje compartido y en creciente medida alfabetizado, lo cual permitió que el subtitulado se convirtiera en una práctica habitual. Si el cine se había mantenido hasta entonces, la segunda década del siglo pasado, silente —que no mudo, pues siempre tuvo algún tipo de acompañamiento sonoro— no fue por limitaciones técnicas, puesto que mucho antes ya se contaba con los dispositivos necesarios para sonorizar las películas. Si no se los utilizó fue por un cálculo comercial, en atención a las características prevalecientes del espectador medio (en gran medida analfabeto o desconocedor de la lengua del país de adopción), ya que las clases acomodadas despreciaban al biógrafo considerándolo un entretenimiento menor. Volviendo empero a nuestra realidad, la escasa producción silente local, se vio aún más rezagada e impedida de competir frente a las películas extranjeras con sonido incorporado. De allí que pasaron un par de décadas antes de los primeros ensayos de cine sonoro boliviano recién en la segunda mitad de la década de los 40.

— ¿Cómo aborda la crítica de una película boliviana? ¿Hay concesiones en relación a un producto de Hollywood?

Siempre he intentado contextualizar las películas bolivianas de cara a las severas limitaciones que en materia de recursos, y a la persistente ausencia de políticas estatales de fomento, conspiraban, y en muchos casos todavía limitan una producción más sostenida. Lo cual no supone, empero, una excusa para aquellos trabajos lastrados por deficiencias de guión, realización o mero desconocimiento de las reglas básicas de la narración cinematográfica. He intentado, y sigo intentando, en suma equilibrar el juicio poniendo en la balanza ambos aspectos, sin que ello entrañe una concesión, lo cual sería hacerle un flaco favor al cine local.

— “El crepúsculo” está dedicado a los más recientes trabajos de directores consagrados ¿Con qué considera que tiene que ver este decaimiento en la obra de estos realizadores?

El cine mainstream enfrenta una severa crisis de creatividad enmascarada por la abundancia de recursos técnicos y efectos con la cual se intenta maquillar la falta de creatividad para seguir haciendo de las películas una ventana al mundo, un instrumento de indagación en la realidad, en los problemas de individuos y colectivos, de aproximación a formas de ver el contexto alejadas de los patrones impuestos por el consumismo y la banalidad. Esto ha relegado a los verdaderos autores a un lugar aún más secundario que en épocas no tan lejanas y ha lastrado el surgimiento de nuevos autores en condiciones de tomar el relevo de aquellos que ya se encuentran próximos al retiro o cuya obra ya muestra inocultables signos de fatiga, que transitan en suma una instancia crepuscular de su filmografía.

— Al leer sus críticas, algo que destaca mucho es el humor con el que aborda muchos de los textos; demoledores pero deliciosos de repasar. ¿Qué función cumple el humor en su escritura?

El humor, se sabe, posee un filo crítico muy especial. Por lo demás solo tomándose con buen humor buena parte de las paquidérmicas, y vacías, producciones del grueso de aquello que llega a las pantallas es dable soportarlas. En todo caso siempre he creído que la crítica no posee el carácter de verdad revelada, es apenas una opinión informada, y que su función consiste en incentivar la propia distancia crítica del espectador-consumidor, tarea de desentumecimiento de la pasividad consumista a la cual el humor puede contribuir lo suyo aportando un criterio que enriquezca el del espectador luego de ver la película, que es cuando deberían leerse las críticas.

— En la segunda publicación, el ensayo Para una filosofía de la insubordinación 2, expone el laberinto mediático ante el que el individuo se halla y habla de la acción para lograr liberarse como sujeto. ¿Por qué es necesario pensar no solo el poder, sino la insubordinación en este momento?

Este segundo volumen de Para una filosofía de la insubordinación tienta a pensar el poder desde y, al mismo tiempo, frente al laberinto mediático, completando un ejercicio de pensarnos hoy que en el primer volumen abordaba la libertad, la cual no puede interrogarse sin considerar en paralelo cuáles son los instrumentos utilizados ahora por el poder para asegurar su reproducción y su penetración en todos los resquicios de la vida en sociedad a partir de la mundialización del capitalismo informático. Y son justamente dicha expansión, aunada al consumismo, a la transformación de la intimidad de cada quién en una mercancía, al manejo del miedo a quedar desconectado, al imperio del espectáculo como forma de vaciamiento ideológico, los rasgos que configuran el desafío a recobrar el sentido analítico y la capacidad autónoma del sujeto y de los colectivos para imaginar un futuro distinto, posible empero únicamente a partir de la puesta en acto del pensamiento reflexivo y de la disponibilidad a barruntar otras realidades factibles.

— El entretenimiento como herramienta del poder se hace evidente desde el nombramiento de “actos” en lugar de “capítulos” en su obra. ¿Cuál es su funcionamiento?

La realidad real es objeto de una sustitución creciente por una realidad virtual moldeada por el entretenimiento, por la espectacularización de cuanto acontece y por el reemplazo de la información por la “infoxicación” aluvional que nos faculta tener en pantalla, de manera absolutamente superficial, pasajera, las novedades que dejarán de serlo al instante siguiente en medio de una promiscuidad donde aparece entremezclado el reciente escándalo sentimental de las estrellas del mundo del espectáculo o del deporte, con los horrores de los inmigrantes africanos y las primicias del flamante desodorante puesto en el mercado. Vemos todo, pero no nos enteramos de nada. Utilizamos programas de búsqueda que terminan encerrándonos en una burbuja que retroalimenta aquello que gustamos, creemos o pensamos, sin dejar alternativa a una búsqueda autónoma que nos encare a visiones u opiniones disímiles, opuestas, que nos obliguen a la interrogación permanente que es el nutriente de cualquier libertad legítima.

— Ante este panorama, ¿qué características debiera tener esta insubordinación?

Lo dicho. Se trata de desmitificar las maravillas de la digitalización de la realidad, de tomar distancia de la tecnología como profecía autocumplida, para sobreponerse a la fascinación alelada frente al sucedáneo de la comunicación real y recobrar el sentido de la realidad como tejido consciente y cotidiano de un tramado social en condiciones de responder a los desafíos irresueltos de la construcción de una sociedad verdaderamente incluyente, soberana, donde el sujeto deje de serlo de la retórica del espectáculo, de la banalización, del escándalo, del reemplazo del debate ideológico por la estupidez de los memes y otras coartadas para encubrir la subordinación global a los designios de la antes aludida mundialización del capitalismo informático.

— ¿Qué es lo que se entiende como “laberinto mediático”?

Es el tramado digitalizado de la mitificación tecnológica que nos trasmuta en objetos, en datos, vendibles por los administradores de las redes y plataformas, asociadas a los otros medios, tradicionales digamos, en particular la televisión y el cine, que nos encierran en un laberinto virtual sin salida, donde las nuevas generaciones en particular resultan reducidas a la condición de “huérfanos digitales” o acaban atrapados por la digitodependencia, patología —ya reconocida como tal por la Organización Mundial de la Salud—, que va cobrando carácter de pandemia universal. Ello sin mencionar los daños cerebrales, científicamente probados, en los niños a consecuencia de la atolondrada incorporación de tablets y ordenadores al aula escolar sin la menor distancia reflexiva y respondiendo a los intereses comerciales de los fabricantes de tales adminículos.

— La tecnología ofrece grilletes, imperceptibles, a la libertad. ¿Cuál es su impacto en un medio como el boliviano? ¿Se ofrece en el país resistencia al estado de las cosas?

La sola observación fáctica, puesto que no existen estudios serios, permite constatar la creciente dependencia del grueso de la población, adolescente sobre todo, a los referidos adminículos. A ello es pertinente añadir la atontada adopción de los flamantes métodos de registro de identificación personal que acaban siendo el modo de renuncia “voluntaria” a la intimidad y facilitando el espionaje personal por los administradores hegemónicos de redes y plataformas, del poder en suma, así como la referida “modernización” del sistema educativo mediante la dotación de equipos informáticos a las escuelas sin la debida preparación de los docentes para un manejo responsable de los mismos. Estamos en suma muy lejos de ofrecer una resistencia crítica, insisto en el concepto, al estado de cosas, adicionalmente ausente casi por entero del empobrecido debate político actual.

Perfil

Nombre: Pedro Roberto Susz Kohl

Nació en: La Paz, 1948

Comunicador

El actual presidente del Concejo Municipal de La Paz se declara agnóstico, stronguista y amante del jazz clásico. Está casado y sus hobbies son caminar, escribir, leer, ver cine. Escribe regularmente sobre cine, política, filosofía y eventualmente sobre fútbol.

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