La Gaceta Jurídica

Acerca de los rostros de la (in)seguridad en Bolivia

Apunte legal

Alan E. Vargas Lima

00:00 / 19 de agosto de 2015

En el último día de julio de este año, la Fundación Friedrich Ebert Stiftung (fes) y la Fundación para el Periodismo (fpp) tuvieron el acierto de presentar el libro “El rostro de la (in)seguridad en Bolivia. Siete crónicas sobre circuitos delictivos”, una publicación que es el resultado de los talleres de reflexión y entrenamiento que tuvieron lugar el pasado 2014 bajo la guía del reconocido experto y periodista en temas de seguridad y crimen organizado Jeremy McDermott.

Esto fue cumplido con el propósito de mostrar que el periodismo de investigación en temas de crimen y delitos es una rama con características únicas, en especial en lo que a la seguridad del periodista se refiere; asimismo, se pretendió trabajar en el mejoramiento de las capacidades investigativas, tomando en cuenta que la principal característica en este tipo de investigaciones es la escasez de información y la confidencialidad.

Es así que el libro es el compendio de los talleres con siete crónicas profundas (que se detallan a continuación), que siguen el rastro de las inevitables huellas que deja la criminalidad en Bolivia, por ejemplo, las que se encontraron en la localidad de Iruni y algunas otras imperceptibles como las que dejan los tratantes en Guayara- merín y Riberalta, así como las marcas frescas del poder del narcotráfico en varias cárceles bolivianas.

“En las entrañas de tres cárceles de Bolivia”, de Álvaro Irusta, se expone esta situación a través de un relato detallado donde varias voces confluyen para dejar testimonio de esta realidad, mostrando que en los penales bolivianos no solo se consume sustancias controladas, sino que también se comercializa hacia el exterior en pequeñas y grandes cantidades.

Así, en centros penitenciarios como San Pedro (La Paz), existen sistemas de tráfico y venta de cocaína con distribuidores fuera del penal que coordinan con los reclusos involucrados en el negocio; en el panóptico, el clorhidrato es “cortado” para duplicar su peso (porque se le agrega estuco), siendo menores de edad quienes sacan a las calles el polvo en sobres.

“Cárteles de tercera generación en Bolivia”, de Roberto Charca, aborda también la problemática de las cárceles, pero enfocada en la presencia de operadores del narcotráfico internacional dentro del país, concretamente, sobre el trabajo de emisarios de los cárteles mexicanos que aterrizaron en suelo boliviano para gerenciar la producción de cocaína que después es llevada a la frontera con Estados Unidos.

Así, los operadores que se trasladan hasta las llanuras bolivianas aprovechan los precios favorables en el proceso de producción, así como las amplias zonas sin mucho control policial donde están instalados sus laboratorios. Y, aunque es muy difícil que un “capo” narco visite las “cocinas”, en su lugar mandan a sus “embajadores” para verificar la calidad y las condiciones de la preparación de la droga.

Esta crónica, tiene la particularidad de mostrar cómo Bolivia queda condicionada por la geopolítica regional. Los proveedores originales de los mexicanos eran los colombianos, sin embargo, la violencia y la transformación de las organizaciones en los valles de Colombia provocaron que desde ambos países se apunte a Bolivia para iniciar operaciones mucho más grandes.

“El narcopueblo. Iruni, fuera de los mapas”, de Adriana Gutiérrez, así como la crónica “Ichilo, víctima y cómplice del narcotráfico”, de Nelfi Fernández, muestran las dos caras opuestas de una misma moneda, dado que la primera relata un viaje a una población en mitad del Altiplano “que no aparece ni en los mapas” (Iruni, que en septiembre de 2013 fue bautizada como el “narcopueblo”), mientras que la segunda cuenta las cotidianidades de una localidad entre ríos y selvas, de la que (casi) todos han escuchado hablar (Ichilo, a la que cierto Ministro de Gobierno la calificó como “la capital del narcotráfico” en Bolivia). En todo caso, ambas regiones tienen como característica común la presencia permanente y casi omnímoda del narcotráfico.

Por otro lado, es evidente que la trata de personas disputa con el narcotráfico y la venta ilegal de armas los primeros lugares en los negocios ilícitos más lucrativos en el mundo y, así como estos últimos, ha logrado abrir territorios y establecer dinámicas propias en Bolivia.

Es así que, una “Breve geografía de la trata en Bolivia”, que describe los corredores que establecieron lo tratantes y secuestradores, también se encuentra en este libro como producto de una prolija investigación de Boris Miranda; se trata de una crónica que articula algunas de las rutas más frecuentes, a través de las cuales bandas criminales trasladan personas dentro del territorio boliviano y también fuera de nuestras fronteras.

“El patrimonio del país sale por las fronteras”, de Luis Fernando Cantoral, trata de un delito que se sitúa en el tercer lugar entre las economías ilícitas más rentables en el mundo. Así, y con datos de fuente primaria, esta investigación resalta información preocupante que ha sido poco considerada durante las últimas cinco décadas.

Por ejemplo, desde 1964 hasta agosto de 2014, se ha perpetrado 316 robos a centros eclesiásticos, con una pérdida total de 2.053 piezas. En 1999 se registró la mayor cantidad de robos, en total 20, con la consiguiente sustracción de 83 piezas. Y, si bien en 2007 ocurrieron solo 8 robos, fue el año en que se sustrajo la mayor cantidad de piezas hasta el momento, contabilizándose 208.

“Muerte en El Abra. La volcada del Tancara, el Ch’ila Tigre, el Lucifer y el Pilas”, de la periodista Zulma Camacho Guzmán, realiza una radiografía de la vida en el penal cochabambino “El Abra” a partir de la balacera ocurrida en 2014 y que rompió con el débil equilibrio de fuerzas que existía en aquella cárcel; un incidente que tuvo como resultado cuatro personas fallecidas y 11 heridas. Más allá de las cifras y decesos, esta crónica revela cómo era controlado el centro de reclusión por parte de criminales considerados “pesados” y cómo las armas circulaban libremente entre los reclusos y las familias que los acompañan.

En definitiva, las crónicas reunidas en esta interesante publicación abordan la situación en las cárceles, la actividad del narcotráfico a través de cárteles mexicanos, las poblaciones involucradas en la trata de personas y el contrabando del patrimonio cultural con la consiguiente pérdida de vidas que conlleva la criminalidad como consecuencia directa e inevitable del clima de (in)seguridad.

Entonces, se trata de una publicación de lectura indispensable para comprender la verdadera realidad de la criminalidad en diversas partes de nuestro territorio, develando la ubicación de los lugares geográficos que deben ser tenidos en cuenta, ineludiblemente, para planificar una política criminal integral en el país.

Es abogado maestrante en Derecho Constitucional (UMSA) y responsable del blog jurídico Tren Fugitivo Boliviano, http://alanvargas4784.blogspot.com

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