La Gaceta Jurídica

Actual Himno Nacional recuerda mantener la misma casta en el poder

La música andina es suave, no es estruendosa, así como el viento del altiplano, los instrumentos andinos como los pututus, las cañas largas, los pífanos, etc. suenan en armonía con su naturaleza andina, a diferencia de los instrumentos que trae la colonia, como las trompetas, que además de su estruendoso sonido, sólo anunciaban malas noticias…..

La letra de nuestro Himno pertenece a Sanjinés y la música a Vincenti.

La letra de nuestro Himno pertenece a Sanjinés y la música a Vincenti. Foto: brasilbolivia.com.br

Amelia Peña Aguilar

00:00 / 08 de julio de 2014

El investigador Inka Waskar Chukiwanka, actual Director de la carrera de Bibliotecología y Ciencias de la Información de la Universidad Mayor de “San Andrés”, ha escrito el libro denominado “Himno Nacional Colonialista. Música con Ritmos Tenebrosos, Letra con Versos Flagelantes”, que es un exhaustivo estudio de los símbolos que encierran la letra y la música de nuestro Himno Nacional y en el que demuestra lo alejado que está el mismo de identificar a nuestra patria y mucho menos a nuestros pueblos indígenasLo ha dividido en una Primera Parte, que analiza la música y una Segunda, que habla de la letra. El libro se gesta a partir de las inquietudes de su niñez y que logra plasmarlo en 1996 respondiendo preguntas, como ¿de dónde viene?, ¿quiénes lo usan?, pero sobre todo ¿para qué sirve? Y las respuestas las encuentra en el mismo himno, cargado de violencia musical y textual, representando a una casta colonizadora que busca controlar y hasta destruir a las naciones indias.

SONIDOS TENEBROSOS Y SONIDOS ANDINOS

La Puerta del Sol lleva grabada un cóndor volando, la colonia estiliza esta figura poniendo al cóndor de pie y tocando una corneta, apropiándose de un símbolo de paz y alegría y transformándolo en un símbolo de guerra; una guerra que tiene dos enemigos, el permanente que es el indio originario y el eventual que es cualquier otro.

Así también, la música que trae la colonia lleva consigo el temor a Dios, el temor al Rey, pero los indios siempre mantuvieron consigo una discreta rebeldía en contra del usurpador, que la han ido manifestando con una sutileza cargada de mensajes subliminales y simbólicos. Un ejemplo es el que da el cronista Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela, que describe la procesión de Santiago, donde los indios asisten al ritmo de los Ayarachi interpretado con caracoles marinos y wankaras, con flechas y lanzas e imágenes de su antepasado incario. Una actitud rebelde ante la obligatoriedad de mostrar respeto a autoridades y deidades foráneas.

La música andina es suave, no es estruendosa, así como el viento del altiplano, los instrumentos andinos como los pututus, las cañas largas, los pífanos, etc. suenan en armonía con su naturaleza andina, a diferencia de los instrumentos que trae la colonia, como las trompetas, que además de su estruendoso sonido, sólo anunciaban malas noticias, como la muerte del Inka el 26 de julio de 1533.

La historia tiene banda sonora

Chukiwanka resalta la relación entre los sonidos que se escuchan en los acontecimientos históricos, acompañados por danzas serpenteadas. Describe los levantamientos de Carabuco en 1557, Charcas en 1558, el levantamiento de Condorcanqui (Tupac Amaru) y Apasanka (Tupac Katari), el triunfo de los Yamparas en Jumbati el 12 de marzo de 1816.

Símbolos indios usurpados y usados por la colonia

Existen muchos ejemplos a lo largo del Tawantinsuyu, de cómo la colonia usurpa los símbolos y colores de los indios para hacer que éstos no se revelen ante su condición de servidumbre. Es el caso de la bandera argentina que lleva el color blanco del Qollasuyu y el sol del Tawantinsuyu (1813), así mismo el escudo del Alto Perú lleva 4 colores: blanco, verde, celeste más el amarillo representado por el sol, estos colores le pertenecen a los cuatro suyus del Tawantinsuyu (5 de agosto de 1825).

Del “Te Deum” a la Marseillaise

El Te Deum es un canto sacro que era escuchado por sacerdotes, militares, civiles realistas y patriotas. Se cantó para dar gracias por lo que Dios les había otorgado, un territorio usurpado a los  indios  junto a sus bie- nes y recursos, un canto de victoria al igual que el Veni Sancte Spiritus o la Marcha Real.

En esa época el himno más difundido a nivel mundial fue “La Marseillaise” por su ritmo marcial y por su mensaje, por un lado, de “igualdad, fraternidad y libertad” y por otro, la agresividad en contra de enemigos.

Los himnos latinoamericanos llegaron a ser una copia del canto francés de 1792. Éste sirvió para integrar a realistas con patriotas y criollos, bajo un mismo sentimiento, la “castacracia”.

El mundo latinoamericano aspiraba a su europeización, la igualdad, fraternidad y libertad francesas, pero no para todos, sino sólo para los pertenecientes a  una casta y eso se refleja en sus versos.

Bien dice Chukiwanka que el Te Deum era el ritmo de la invasión, pero éste fue seguido por la Marseillaise que en Bolivia fue interpretada hasta 1845. En el periódico “La Época” del 7 de agosto del mismo año se menciona que el 6 de agosto, unas niñas de la Escuela Nacional interpretaron lo que fue un “Himno a la Patria” cuyas letra y música se han perdido.

Una canción para “castacracia”

Sebastián Segurola, quien luchó contra Tupac Katari en 1781,  tuvo un nieto, José Ballivián Segurola, quien a su vez tuvo un hijo y un nieto Adolfo y Hugo Ballivián, quienes también llegaron a ser presidentes de Bolivia. Éste es un ejemplo de la “castacracia”, que necesitaba un himno.

El 18 de noviembre de 1841, José Ballivián vence a Gamarra en el campo de Inkawi (que posteriormente se deformó a Ingavi) y para fortalecer el patriotismo colonial, Ballivián encomienda traer algún músico de la delegación francesa que visitaba Valparaiso. Fue así que Benedetto Vincenti accedió venir a nuestro país gracias a la muy buena oferta monetaria del gobierno boliviano.

La “Canción Patriótica” fue estrenada el 18 de noviembre de 1845 bajo la letra del Sr. Sanjinés y la música de Vincenti. La rara melodía no fue fácilmente digerible por los criollos, menos para los músicos militares que no leían partitura.

Años después, se supo es que esta canción no fue creada para Bolivia, sino que había sido interpretada en Perú y en Chile con anterioridad y ofrecida a todos los países que no contaban con un himno nacional. De hecho tuvo que defender su autenticidad ya que era demasiado parecida a la Marseillaise en música y letra. Estos datos nos ayudan a comprender por qué el Himno Nacional no identificaba a nadie.

Viva mi Patria Bolivia

El 4 de mayo de 1945 se celebra el Primer Congreso Indigenal donde Francisco Chipana habla del cóndor como símbolo originario y cómo los criollos deforman este símbolo para sus propios intereses.

El 10 de enero de 1946 se había planeado la sublevación que fue desbaratada por el Ministerio de Gobierno.

En 1915 los aymaras de Puno del Perú restauran la República Federal del Tawantinsuyu.

En 1930, en Chuquiago se funda la República del Qollasuyu y consecuencia de todos estos hechos históricos, los ayllus y markas rechazan los símbolos bolivianizadores y se comienza a ignorar al Himno Nacional, dando pie a la música que restaura al Qollasuyu y es muy propia de nuestra historia que este tipo de fenómenos se exteriorizan en las festividades, sobre todo en los carnavales. La presencia del indio era tan fuerte, que los criollos llegan a apropiarse del wayño.

En 1941 se celebra el Congreso Interamericano Indigenista por lo que Peñaranda crea el Departamento de Asuntos Indígenas con el D.S. del 10 de mayo del mismo año.La tristeza de la guerra obliga a los gobiernos idear formas que mantengan vivo el sentimiento nacionalista en los sobrevivientes y las familias de los muertos, por lo que escogen una cueca y la convierten en el segundo Himno Nacional, uno más popular: “Viva mi Patria Bolivia”, que también sufrió una disputa por su autoría.

El canto del Himno Nacional se ha impuesto obligatoriamente en el ejército, en los colegios, etc. desde 1952, porque era importante desarrollar el sentimiento nacional, pero los himnos nacionales deben nacer de la esencia misma de un pueblo, no deben ser impuestos a la fuerza, ni compuestos para otra realidad.

La necesidad de la creación de un nuevo himno es latente, Chukiwanka termina su libro reivindicando el canto del Khunt´ur Apasa de data milenaria, retomada en 1781  para vivir el Tawantinsuyu y retomar el poder sobre lo que nos pertenece.

Es economista, egresada en Derecho y diplomada en Pedagogía para la educación superior y en Diplomacia Cultural de los Pueblos.

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