La Gaceta Jurídica

Apelar al engaño es una falta ética

…“los elementos de prueba sólo tendrán valor si han sido obtenidos por medios lícitos y no tendrá valor la prueba mediante torturas, malos tratos, coacciones, amenazas, engaños o violación de los derechos fundamentales de las personas...”

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Conde Calle*

00:00 / 03 de enero de 2014

Amable lector permítaseme reflexionar sobre algunos hechos que para los comunicadores pasan inadvertidos. El primero, un canal de televisión y luego un medio escrito publicaron una nota donde un señor reclama al Presidente del Estado como otro hijo más; al día siguiente, el mismo medio escrito informa que no es cierto, apoyado en la madre como fuente principal. ¿Esta noticia daña la imagen del mandatario. ¿No era recomendable verificar contrastar y cruzar fuentes? El medio aprovecha para retrotraer de hace tiempo un difundido por Samuel Doria Medina sobre una supuesta paternidad.

¿Que razón asistía para retomar este último caso? Para empezar, desde el campo jurídico al Presidente le asiste y respalda al DERECHO A LA INTIMIDAD; simultáneamente, todos los Códigos de Ética norman que no debe informarse sobre hechos íntimos. El segundo caso tiene que ver con el reciente viaje de periodistas a China para el despegue del Satélite Túpac Katari. ¿Quién pago los pasajes y estadía de los periodistas? Si fueron los medios de comunicación social no hay problema, pero si los pagó el gobierno, ¿cuál será el comportamiento posterior del periodista?

Es muy difícil, a pesar suyo, informar algún hecho negativo sobre la fuente que pago su estancia en China. En un canal de Televisión, el entrevistado fue el dirigente campesino Rafael Quispe; quien quiso mostrar el lado duro del gobierno, hasta amenazó con bloquear el Dakar. El conductor del programa, quien pocos días antes estuvo en China, dice a Quispe “lo que pasa es que usted quiere ser candidato, ¿por qué no dice la verdad?” Y termina la entrevista. ¿El periodista es oficialista o el subconsciente le jugó una mala pasada? Estos son los dilemas éticos, sobre el que escribimos.

Por supuesto, y me anticipo a responder, no hay norma jurídica que prohíba estas conductas profesionales. Desde esta columna sólo atinaría a decir que son apenas reglas morales; para ser más precisos, normas deontológicas. La deontología estudia las normas éticas, más no jurídicas, que los gremios periodísticos y de otras profesiones se dotan para una buena acción comunicativa. En otros términos, la ética tiene que ver con el fuero interno; el nacimiento, desarrollo y la extinción de la norma moral, es personalísima, pero es, o se dice, incoercible. Lo que no ocurre con el Derecho, cuya característica básica es la coerción.

Vayamos a otro dilema ético. Tiene que ver con el uso de métodos idóneos o no para la consecución de noticias. Sabemos, por lo menos así nos dice la realidad, que el ojo de los titulares del derecho a la información son los periodistas. Éstos se ocupan de ver y recoger la información. Para ese fin deben valerse de métodos que deben ser idóneos, es decir que no pueden apelar a métodos dudosos y peor engañar a las fuentes de la información. A veces, el periodista se cree el gran justiciero y que, cual fiscal, debe buscar todo tipo de pruebas sin importar cómo.

Aquí vemos una antinomia, en tanto que, por ejemplo, jueces y fiscales deben regir sus actos con normas positivas como el artículo 13 del Código de Procedimiento Penal (cpp) que dice: “los elementos de prueba sólo tendrán valor si han sido obtenidos por medios lícitos y no tendrá valor la prueba mediante torturas, malos tratos, coacciones, amenazas, engaños o violación de los derechos fundamentales de las personas...”.

Al amable lector le pido disculpas por citar una norma jurídica en una columna ética, pero lo hago para comprender el hecho del que escribimos. El periodista, como cualquier ciudadano, ¿PUEDE ENGAÑAR A SUS FUENTES? Nos adelantamos a responder QUE NO. ¿Qué ocurre en los hechos? Puede suceder que una periodista para conseguir una primicia ingresa a un Hospital haciéndose pasar por enfermera; el periodista para saber cuál es el comportamiento de las meretrices se hace pasar por cliente; otros periodistas llaman desde el mismo medio al prostíbulo preguntando por los costos; o, para “luchar” contra supuestos hechos de corrupción, suelen hacerse pasar por funcionarios; también puede haber periodistas que colocan grabadoras escondidas.

La fuente no sabe que le están grabando y, por supuesto, el periodista se regodea porque “está logrando una buena nota”. Si los fiscales no deben ENGAÑAR a las partes, ¿por qué al periodista se le acepta que engañe a sus fuentes? Podemos citar innumerables casos donde la fuente es engañada. Empecemos por citar el Código de Ética de la Confederación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia. Este código adopta como principios “PARA OBTENER NOTICIAS, fotografías, imágenes o documentos LOS PERIODISTAS SOLAMENTE PODRAN USAR MEDIOS QUE SEAN JUSTOS, HONESTOS Y RAZONABLES”. Esto quiere decir que nadie debe ser fotografiado sin su consentimiento y tampoco se puede publicar esas fotos no autorizadas.

Cuando el periodista decida, en el mal llamado periodismo de investigación (que otros llaman seudoperiodismo), basar sus denuncias en recortes de prensa o fotocopias dolosamente obtenidas, está actuando DESHONESTAMENTE y, por supuesto, los métodos que utiliza son INJUSTOS. El Código de Ética de la Asociación de Periodistas de La Paz sostiene que es deber de todo periodista “rechazar y denunciar todo intento de (…) coacción y OTRAS PRÁCTICAS que tienden a distorsionar o DESVIRTUAR LA INFORMACIÓN”. Al mismo tiempo, el Estatuto Orgánico del Periodista, artículo 17, establece que “el periodista está obligado a ser VERAZ, HONESTO Y ECUÁNIME EN EL EJERCICIO DE LA PROFESIÓN...” En el artículo 18 el periodista está obligado de respaldar la información que divulga CON TESTIMONIOS FEHACIENTES, que avalen su veracidad”.

Lo que quiere decir que, si maneja documentos, éstos deben ser LEGALES y, fundamentalmente, VERAZMENTE obtenidos, sin apelar a engaños y subterfugios o que se coluda con la fuente para hacer daño a un tercero. Puede ser que un tercero, de mala fe, entrega fotocopias al periodista y éste, sin consultar al contrario, publica noticias, demasiado parciales. Desde el ámbito deontológico se expide lo siguiente: “NO DEBEN difundir informaciones falsas ni tendenciosas (…) acudir al sensacionalismo (…) 3. Engañar, presionar, mediante persecución o amenaza a sus fuentes ni recurrir a dispositivos no autorizados para obtener información”. Todo está claro, el periodista, por nada del mundo, debe engañar a sus fuentes; no puede ni debe amenazarlos.

Eugene Goodwin, en su libro Por un periodismo independiente, dice: “¿Cómo pueden los periódicos luchar por la honestidad y la integridad, cuando ellos mismos son menos honestos en sus procedimientos? Cuando los policías pasan por periodistas si nos fastidian y con justa razón. Por tanto, ¿por qué debemos pretender algo que no somos?”, ¿por qué el periodista pretende hacerse pasar por policía?

Cuando el periodista engaña a la fuente, como falta ética, debe ser procesado en los tribunales de Ética. De acuerdo a nuestra autora, lo que en el fondo ocurre es que el periodista realiza una falsa actuación, “el reportaje encubre todo, supone algún grado de falsa actuación del periodista ante sus fuentes”.

Imagínese que después de un accidente con pacientes en el hospital, la institución médica resguarda la intimidad de las personas y cierra sus puertas y no permite el ingreso de nadie, excepto familiares. Si el periodista finge ser pariente de una de las víctimas e ingresa al hospital en esa calidad, logrará una buena nota, pero sus métodos son deshonestos.

* Es abogado experto en Derecho de la Información.

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