La Gaceta Jurídica

Apuntes sobre la Reivindicación Marítima en la Constitución

(Parte II)

La Gaceta Jurídica / Alan E. Vargas Lima

00:00 / 03 de abril de 2012

3. Antecedentes sobre el Desierto de Atacama y el Reino de Chile

Debemos señalar, que de acuerdo a los fundamentos expuestos en el Alegato Histórico sobre los Derechos de Bolivia al Pacífico (1) (que abarca tres grandes periodos: el Imperio Incaico antes de 1530, la Audiencia de Charcas de 1530 hasta 1825, y la República de 1825 hasta 1842), respecto a los antecedentes precolombinos del Desierto de Atacama, se ha puesto en evidencia que, geográficamente, el Desierto de Atacama se extendía de 80 a 100 leguas de costa, desde el río Loa hasta Copiapó, abrazando la tierra de mar a cordillera y que los dueños del desierto, en la prehistoria, fueron los Linka-Antai o atacameños, de tipo racial andino y que señorearon, principalmente, el territorio en que florecieron las grandes civilizaciones de los chullpas, los aymaras y los quechuas; sin embargo, en la época del Inca Túpac Yupanqui (siglo xv) los atacameños ya habían desaparecido como unidad étnica.

Por otro lado, también se ha puesto en evidencia que antes de verificarse la conquista incásica del Reino de Chile, el Desierto de Atacama era “res nullius”, es decir que no pertenecía al Imperio del Cuzco ni al país de los Araucos; empero, posteriormente, y producida la conquista de Chile por los Incas, el

Desierto de Atacama, perdiendo su carácter de tierra sin dueño, pasó a formar parte indisoluble del Tahuantinsuyo, entendiéndose por “Chile”, según los cronistas de Indias, a partir de Copiapó, habitado por una tribu de escaso o ningún desarrollo cultural, de origen diaguita, del norte argentino. Asimismo, se ha dado a conocer que la expresión “Chilli” era relativa solo al valle que riega el río Aconcagua, siendo extendida por los conquistadores peruanos hasta el primer pueblo que encontraron en su marcha hacia el sur, el de Copiapó, situado a la altura del Paralelo 27.

Finalmente, y desde que los Incas descubrieron y ocuparon el Desierto, que tomó su nombre del pueblecito de Atacama en el confín del Imperio, por Atacama se entendió en lo sucesivo, todo el inmenso despoblado, a lo largo y ancho de los dos caminos imperiales, el de la Costa, y el de la Sierra; he ahí la tradición y la situación jurídica del Desierto de Atacama que encontraron los españoles cuando arribaron a Perú y Chile.

Como se puede ver –y de acuerdo a las conclusiones a las que arribó Mario Gutiérrez en su Alegato Histórico–, el Desierto de Atacama perteneció al Imperio del Cuzco a título de dominio auténtico, pero luego pasó a integrar la circunscripción territorial de la Gobernación del Perú primero, y de la Audiencia de Charcas después, desde la Conquista española hasta la independencia. En efecto, el 21 de julio de 1529 Su Majestad le otorgó a Don Francisco Pizarro veinte (20) leguas de Costa, desde el pueblo de Tenempuela (que se llamó Santiago) hasta el pueblo de Chincha, y, posteriormente, el 4 de mayo de 1534 le fueron ampliadas setenta (70) leguas más de costa, llamándose  Gobernación de Nueva Castilla que se extendía desde los 1º 20’ hasta los 14º 05’ 43’’ de latitud sur.

Luego, por provisión de 21 de mayo de 1534, se le adjudicaron a Don Diego de Almagro 200 leguas de Costa, a continuación de la Gobernación de Pizarro, tomando el nombre de Gobernación de Nueva Toledo, y abarcando geográficamente sobre la Costa, el Desierto de Atacama, Tarapacá y Arica, hasta medio grado al sur de Cuzco (2).

Al año siguiente, por el Tratado de 12 de junio de 1535 celebrado con Pizarro, Almagro emprendió la conquista del Reino de Chile, situado en la Gobernación de Don Pedro de Mendoza, sin título oficial para esa empresa. Almagro castellanizó el vocablo “Chilli”, individualizando la futura nacionalidad chilena, y vuelto al Perú terminó sus días en 1538 en guerra con Pizarro por la posesión del Cuzco.

A raíz de este suceso histórico, la Nueva Toledo pasó a depender de la Gobernación de Pizarro, quien a su vez comisionó en abril de 1539 a Don Pedro de Valdivia para proseguir la conquista de Chile, abandonada por Almagro.

Años más tarde, en 1541, Francisco Pizarro fue asesinado por los almagristas, sumiendo a la Colonia en gran confusión, por lo que Don Pedro de la Gasca fue enviado por el Rey con poderes omnímodos para pacificarla.

Pedro de Valdivia regresó de Chile, y combatió contra el rebelde Gonzalo Pizarro, quien después de la batalla de Jaquijahuana fue ejecutado el 9 de abril de 1548. Posteriormente, el pacificador, Pedro de la Gasca premió los servicios de De Valdivia, nombrándole Gobernador de Chile por toda su vida, dicha gobernación fue bautizada con el nombre de Nueva Extremadura. Y como el límite meridional de la Nueva Toledo llegaba a los 25º 31’ 36’’, resulta que Pedro de la Gasca amplió su jurisdicción en 1º 28’’ 35’’ hasta Copiapó, y asimismo desmembró Copiapó de Atacama, señalando los límites de la Nueva Extremadura a las treinta (30) leguas de dicho pueblo, sobre un río (Río Salado) que era en realidad la línea divisoria entre el virreinato del Perú y Chile.

Los nombramientos de los sucesores de De Valdivia confirman el límite norte del Reino de Chile (Nueva Extremadura), fijado por La Gasca (3).

Al respecto, se debe considerar que la Audiencia de Charcas o de La Plata fue erigida por Felipe II el 4 de septiembre de 1559 sobre el territorio de la Nueva Toledo, que le fue segregado a la de Lima, por cuyo motivo nació con todo el amplio Litoral que a aquélla le correspondía, habiéndosele señalado todo el Distrito y jurisdicción de la ciudad de La Plata, con más cien leguas de tierra alrededor por cada parte, demarcación ésta que alcanzaba hasta el Océano Pacífico.

Asimismo, la Audiencia de Santiago, fundada el 17 de febrero de 1609 por orden de Felipe III, tuvo por distrito todo el reino de Chile, que histórica y geográficamente comenzaba en Copiapó.

4. La Recopilación de las Leyes de Indias

La famosa Recopilación de las Leyes de Indias, Código fundamental impreso y publicado en 1681 por orden de Carlos ii, en su Ley ix, Título xv, Libro ii, que trata de la Audiencia de la Plata, establece los siguientes límites: “por el septentrión (norte), con la Real Audiencia de Lima y Provincias no descubiertas; por el mediodía (sur) con la Real Audiencia de Chile; por el levante y poniente con los mares del Norte y del Sur y línea de la demarcación entre las Coronas de los reinos de Castilla y Portugal…”, es decir que Charcas lindaba con el Atlántico y el Pacífico.

La Ley v de la Recopilación, correspondiente a la Audiencia de Lima, pese a equívoca interpretaciones de los historiadores chilenos, reconoce la soberanía marítima de la Audiencia de Charcas al declarar que aquella limitaba por el mediodía con la de La Plata.

La Ley xiv de la Recopilación, dictada en 1573, por la cual se dividieron los términos del Cuzco entre las Audiencias de Lima y de Charcas, cercenó a esta última una parte de sus costas: la perteneciente al Distrito de Arequipa, quedando su jurisdicción marítima desde el Río Nombre de Dios o Tambopalla, después del cual seguían el Puerto de Ilo, Arica, Tarapacá, etc., hasta el Río de Santa Clara, a treinta leguas de Copiapó, límite entre Chile y Charcas.

Posteriormente se le quitaron a Charcas, a favor de la ciudad de los Reyes, las costas de Arica y Tarapacá, quedando el Río Loa como línea divisoria entre ambas Audiencias.

5. La Independencia del Alto Perú, hoy Bolivia

En el Alto Perú –según explica Mario Gutiérrez–, la lucha por la emancipación de América se inició cuando la Audiencia de Charcas se encontraba formando parte del Virreynato de Buenos Aires. Consolidada la independencia del Alto Perú, después de la “Guerra de los quince años”, tanto Lima como Buenos Aires, a cuyos virreinatos perteneció alternativamente la Audiencia de Charcas y cuyos ejércitos contribuyeron al afianzamiento de su causa, reconocieron la personalidad histórica (y jurídica) de la naciente República.

Una vez liberadas, las antiguas colonias españolas en América acordaron fijar como principio regulador de sus fronteras en su nueva estructura republicana los mismos límites que poseían bajo la Legislación de Indias. Así surgió la doctrina del “utti possidetis juris” de 1810, destinada a promover la armonía y favorecer la paz en el Continente sobre la base del arreglo jurídico de cualquier controversia territorial.

En virtud de aquella norma del derecho público americano, Bolivia, como heredera de la Audiencia de Charcas, nació a la vida independiente con dominio sobre todo el Litoral atacameño, desde el río Loa hasta el Paposo.

En efecto, después del proceso de liberación de la Guerra de la Independencia –nos aclara Botelho Gosálvez–, al ser establecido el territorio de los nuevos Estados bajo el principio del “utti possidetis” de 1810, la República Bolívar, que devino poco más tarde en República de Bolivia, comprendía toda la antigua jurisdicción de la Real Audiencia de Charcas, la cual, en lo que concierne a su litoral marítimo, fijaba la costa boliviana sobre el Pacífico desde el Río Loa por el norte, lindando con la Provincia Tarapacá de Perú, hasta el Río Salado por el sur, lindando con la República de Chile, es decir, hasta el extremo sur del Desierto de Atacama.

La costa boliviana tenía los siguientes puertos marítimos: Antofagasta, Mejillones, Cobija y Tocopilla; y las siguientes caletas: Gatico, Guanillos, Michilla, Tames, Gualaguala, Cobre y Paquica. El Departamento del Litoral o Atacama, con su capital Puerto La Mar, con que fue rebautizada la antigua Cobija, comprendía una extensión aproximada de 158.000 kilómetros cuadrados.

El mencionado estatuto del Litoral boliviano no fue jamás observado por Chile ni Perú; por el contrario, las Constituciones Políticas de Chile, correspondientes a los años 1822, 1823, 1828 y 1833, reconocieron en forma constante que el límite norte de Chile llegaba hasta el despoblado de Atacama.

El Informe de la Comisión Redactora de la Constitución Política chilena de 1828, señalaba: “La Nación chilena se extiende en un vasto territorio limitado al Norte por el Desierto de Atacama”. Así también, el 31 de enero de 1828, al señalarse por Ley la jurisdicción de las ocho provincias en que se dividía Chile, el Artículo 1 de la misma, indicaba así el alcance territorial de la subdivisión política en el norte:  “Primera Provincia: desde el despoblado de Atacama hasta la orilla norte del Río Chospa”.

De ahí que Bolivia, en uso de sus derechos soberanos, mantuvo una pacífica posesión de su territorio litoral autorizando la presencia de Cónsules extranjeros, proveyendo algunas obras públicas, administrando justicia, explotando la riqueza del suelo. Entre dichos actos jurisdiccionales se pueden mencionar los siguientes:

• Decreto de 28 de diciembre de 1825, firmado por el Libertador Simón Bolívar, disponiendo que en el Partido de Atacama el Puerto de Cobija sea habilitado como Puerto Mayor con el nombre de Puerto La Mar, en honor del General colombiano José La Mar, héroe de Ayacucho (4).

• Decreto de 30 de diciembre de 1832, del Presidente Andrés de Santa Cruz, estableciendo una fortaleza en Cobija, una batería de cañones en el camino a Gatico y otra en el Morro Blanco, sobre la bahía.

• Decreto de 17 de julio de 1839, de la Asamblea de Chuquisaca, puesto en vigor por el Doctor José Maria Serrano (Presidente de la misma), por el que se destina fondos para construir edificios públicos, muelles, aduana, faros, etc., en Puerto La Mar, o sea Cobija (5).

Años más tarde, y a raíz de la primera disputa de fronteras que sostuvo Bolivia con la República Argentina por la posesión de Tarija, le tocó al Libertador Simón Bolívar defender la soberanía altoperuana de Atacama frente a las pretensiones del General Arenales, cuyas milicias habían ocupado una parte del Desierto, como contingencia de la guerra emancipadora. Chile, entre tanto, conocedor como la Argentina que la provincia de Atacama correspondía a Potosí y, por consiguiente, a Bolivia, no formuló ningún reclamo.

Asimismo, los plenipotenciarios argentinos, Albear y Vélez, acreditados ante el Gobierno de Bolívar, declararon carecer de instrucciones para reclamar la provincia de Atacama y dijeron que les parecía que le tocaba correr la suerte del Departamento de Potosí.

Tarija, por decisión de su pueblo, secundando al Mariscal Sucre que reclamaba su restitución a Bolivia por seguridad geopolítica, fue reincorporada al seno de la patria por los legisladores de 1826. En definitiva, el año mismo de su independencia, Bolivia tomó posesión real de la costa de Atacama, sin oposición alguna.

Numerosas leyes y decretos de amplia publicidad atestiguan el ejercicio jurisdiccional de la República sobre ella, esa soberanía se expresó, asimismo, en el régimen constitucional del país y diversos actos administrativos respaldan igualmente el dominio nacional del Litoral.

Continuará

NOTAS:

1. Cfr. GUTIÉRREZ, Mario R. Alegato Histórico de los Derechos de Bolivia al Pacífico. Segunda Edición. La Paz (Bolivia): Artes Gráficas Don Bosco, 1979.

2. “Por efecto de la conquista ibérica de Perú por Francisco Pizarro, el Emperador Carlos V, mediante Capitulación de 26 de julio de 1526, adjudicó a dicho capitán doscientas leguas primero y setenta después (Provisión Real de 4 de mayo de 1534) que comprendían desde el pueblo indígena de Tenempuela o Santiago, en el norte, sobre el paralelo 1º 20’ latitud sud hasta el paralelo 14º 05’ 43’’ de la misma latitud. A este territorio se le llamó Gobernación de la Nueva Castilla o Castilla de Oro. Diego de Almagro, compañero de Pizarro desde el famoso Pacto de la Isla del Gallo, por Capitulación de 21 de mayo de 1534 obtuvo del monarca español doscientas leguas al sur del límite de la Nueva Castilla, que alcanzaban al paralelo 25º 31’ 26’’ latitud sur. Dicho territorio, que comprendía parte del actualmente boliviano, adoptó el nombre de Gobernación de Nueva Toledo”. BOTELHO GOSÁLVEZ, Raúl. Breve Historia del Litoral Boliviano. Colección LITORAL BOLIVIANO. La Paz (Bolivia), Biblioteca Popular Boliviana Última Hora, 1978. Pág. 12.

3. “A la terminación de la guerra civil desatada en Perú por pizarristas y almagristas, mediante providencias del Pacificador Don Pedro de la Gasca y en mérito de los plenos poderes de que éste se hallaba investido, otorgó el 23 de abril de 1548 al capitán Don Pedro de Valdivia, conquistador de Chile, un territorio que comenzaba en el paralelo 27º de latitud austral, más cien leguas de este a oeste, con lo cual quedó alterada la Real Provisión de Carlos V por la que se creó la Nueva Toledo, pues entre ambos territorios había un espacio de aproximadamente treinta leguas de res nullius entre el límite sur de la Nueva Toledo sobre el paralelo 25º y el paralelo 27º de la flamante Gobernación de Chile. Esta Provisión fue, sin embargo, rectificada por La Gasca al señalar como nuevo límite norte de Chile, al entonces Río Santa Clara, hoy el seco Río Salado, con lo que el límite chileno que empezaba en el Salado, con escasa diferencia de 45’’ del límite sur de la Nueva Toledo, ex Gobernación de Almagro”. BOTELHO GOSÁLVEZ, Raúl. Breve Historia del Litoral Boliviano. Colección LITORAL BOLIVIANO. Pág. 13.

4. “El Decreto del Libertador, de 28 de diciembre de 1825, erige Cobija como puerto mayor de las provincias del Alto Perú y le da el nombre de La Mar, en memoria del Mariscal don José La Mar, vencedor en Ayacucho; y en fecha 10 de septiembre de 1827, el Mariscal (Antonio José de) Sucre dictó cuidadosas medidas y auxilios estimulando la población de la provincia de Atacama, considerada siempre en sus límites tradicionales (del Paposo al Loa); y por último, en sus Decretos de 1 y 2 de junio de 1829, el Presidente (Andrés de) Santa Cruz erige el gobierno litoral de Cobija, sobre la antigua provincia de Atacama y, separándola del Departamento de Potosí, declara franco el puerto de Cobija, y expide varias disposiciones que afirman sin ninguna contradicción la soberanía boliviana sobre sus márgenes ya históricas del Pacífico”. SÁNCHEZ BUSTAMANTE, Daniel. Bolivia: Su estructura y sus derechos en el Pacífico. Tercera Edición. La Paz (Bolivia): Fondo Editorial de los Diputados, 2000. Pág. 86.

5. “En los registros del Partido Judicial del Distrito de Atacama constan numerosas concesiones de yacimientos de guano, otorgadas por la autoridad boliviana en beneficio de ciudadanos bolivianos y extranjeros, entre ellos varios chilenos. Esas concesiones fueron cedidas dentro de los límites territoriales plenamente reconocidos a Bolivia, entre el Río Loa y el Salado”. Cfr. BOTELHO GOSÁLVEZ, Raúl. Breve Historia del Litoral Boliviano. Colección LITORAL BOLIVIANO. Págs. 18-20.

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