La Gaceta Jurídica

Apuntes sobre la Reivindicación Marítima en la Constitución

(Parte III)

Foto: gdp1879.blogspot.com

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La Razón / Alan E. Vargas Lima

00:00 / 06 de abril de 2012

6. La ambición chilena por el guano en la Provincia de Atacama

Como se ha señalado, la provincia de Atacama, con el puerto de Cobija como capital, fue erigida en Distrito Litoral, independiente de Potosí, con gobierno propio, en 1829, aumentándose de ésta manera el número de los departamentos de la República.

De ahí que los más reputados autores y varios documentos de alta jerarquía correspondientes a la época republicana revelan que Bolivia poseía con título legal el Litoral atacameño; la propia legislación chilena, empezando por sus primeras constituciones, excluyó el Desierto de Atacama del dominio de aquel país.

En este periodo no se registraron actos jurisdiccionales de Chile en el Desierto de Atacama, salvo por algunas explotaciones clandestinas de guano por parte de súbditos de aquella nación y que motivaron medidas disciplinarias de las autoridades bolivianas. Ni siquiera con ocasión de la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana (1) Chile alegó derechos sobre el territorio de Atacama.

Recién cuando la explotación del guano alcanzó un incremento considerable con el descubrimiento de grandes depósitos y la apertura del mercado europeo Chile optó por declarar, mediante Ley de 13 de octubre de 1842, de propiedad nacional las guaneras del Litoral atacameño desde Mejillones, lo que obligó al Gobierno de Bolivia a acreditar ante el Gobierno de “La Moneda” la Misión de Olañeta, con la expresa finalidad de protestar por aquella insólita medida y pedir su inmediata derogación (2).

Aquella invasión ilegal del territorio boliviano fue completada con la creación de la provincia de Atacama, lo que no figuraba en la geografía política de Chile hasta entonces. Con la dictación de esas dos leyes usurpadoras y la gestión de Olañeta quedó trabada la controversia diplomática entre ambos países, la misma que 37 años después se resolvió a favor de Chile, con la Guerra (de conquista) del Pacífico (3).

7. La premeditada invasión chilena y Tratados posteriores (4)

Es necesario poner en evidencia nuevamente la verdad irrebatible de que Chile, primero de manera furtiva (5) y luego en franca posición de ataque directo, invadió el territorio de Bolivia y la despojó de todo su Litoral. Al respecto, es útil reiterar que, conforme al uti possidetis juris de 1810, Bolivia se extendía por el sur hasta el paralelo 25º 37’ 09’’; asimismo, las constituciones chilenas ratificaban los límites altoperuanos al declarar que Chile se extendía desde el despoblado de Atacama hasta el Cabo de Hornos, y es que, precisamente, el mencionado despoblado de Atacama llegaba hasta los 25º 37’ 09’’, que fijaron las cédulas reales.

Se debe precisar que en 1842 empezó la agresión por parte de Chile, al declarar de propiedad nacional chilena las guaneras de Coquimbo, situadas al norte del paralelo 25º, y al año siguiente (1843) por primera vez aparece en la geografía chilena el nombre de Atacama para designar una de sus provincias. En 1846 la goleta Janequeo enarboló el pabellón de Chile en Atacama a los 23º 3’, después los chilenos se apoderaron de Mejillones, siendo arrojados por las fuerzas de Bolivia; aunque más tarde, la fragata Esmeralda, contando con mayores fuerzas, ocupó Mejillones (6).

Posteriormente, las protestas de Bolivia, y aún la defensa militar, fueron respondidas con ofertas, promesas incumplidas y, por último, constantes evasivas (como hasta ahora).

Por estas razones –según relata Carlos Alberto Salinas Baldivieso–, Bolivia siempre intentó y utilizó todos los medios posibles para lograr poner fin a esta desastrosa situación originada por el país vecino; sin embargo, el guano –que era la riqueza de gran cotización en ésa época– despertó la desenfrenada codicia de Chile.

Por su parte, el gobierno de Bolivia invitó al Gobierno chileno para suscribir un Tratado, inclusive ofreció sacrificar algo de sus intereses en procura de preservar la hermandad, pero Chile no quiso escuchar (7). Ante tal emergencia, el Congreso boliviano autorizó al Poder Ejecutivo para declarar la guerra en caso de que no se llegue a una solución compatible con la dignidad nacional (8).

En ese estado de inquietud, o más bien de incertidumbre, llegó Mariano Melgarejo al poder y la clase política chilena, con el objetivo de conseguir un Tratado a su antojo, halagó al tirano de Bolivia, hasta le hizo llegar el nombramiento de General de División de su ejército.

En 1866 se firmó un acuerdo oneroso para Bolivia, lo que se tradujo en la primera mutilación de su territorio al fijarse como límite de su territorio el paralelo 24º, estableciéndose además una comunidad de explotación en los paralelos 23º y 25º; “además de la mutilación inferida, Chile logra todo lo que deseaba… la carta blanca, una comunidad que le permita, con la razón del león, continuar su política tradicional” (BAL-DEMAR).

Vanos fueron los esfuerzos posteriores para deshacer o dejar sin efecto la famosa comunidad, porque Chile seguía avanzando hacia el norte. Así, en 1874 se consiguió un convenio que señalaba con carácter definitivo el paralelo 24º y mantenía la explotación solamente para el guano con carácter común. Además, Bolivia se comprometía a no gravar con nuevos impuestos –por el término de 25 años–, los capitales, las personas e industrias chilenas en la zona de la comunidad; cabe hacer notar que este convenio no ofrecía ventajas a Bolivia, sino que, por el contrario, complicaba el asunto, como esperaba Chile, constituyéndose posteriormente en uno de los pretextos para el inicio de la Guerra del Pacífico.

En efecto, la Compañía Salitrera de Antofagasta, que había obtenido sus derechos de los empresarios Ossa y Puelma, quienes recibieron la concesión en forma ilegal durante el gobierno de Melgarejo, deseaba regularizar su situación y obtuvo de Bolivia la ratificación de sus concesiones con la condición de pagar diez centavos por cada quintal de guano que exporte. Este hecho sirvió de base para declarar la guerra a Bolivia y extenderla a Perú.

Fue obviamente un pretexto porque la Compañía Salitrera de Antofagasta era una Sociedad Anónima (sin nacionalidad) y solo contaba con domicilio; por tanto, no se trataba de intereses puramente chilenos y en ningún caso se violaba el Tratado de 1874. Incluso, Bolivia quiso llevar el asunto ante un tribunal arbitral o someterlo a cualquier otro procedimiento pacífico, pero Chile ya había tomado su decisión y no quiso escuchar nada.

Como no podía ser de otra manera, la guerra fue adversa a los aliados, porque la superioridad del armamento y el número de fuerzas se impusieron. El afán pacifista de Bolivia fue arrollado y Perú compartió el infortunio. En 1883 se firmó el Tratado de Ancón, que fue impuesto por la fuerza, ya que el ejército chileno llegó hasta la capital misma de Perú, Lima. Así, el Litoral boliviano ocupado íntegramente por Chile no fue suficiente para obligar a Bolivia a firmar un Tratado de Paz. Por su parte, Perú tuvo que ceder ante el agresor, inclusive suscribió el Tratado de Ancón, cediendo Tarapacá y dejando Tacna y Arica como prenda en poder de Chile, sin que intervenga su aliado, conforme a lo pactado en el acuerdo de alianza.

Como se puede ver, el gobierno peruano intervenido en su misma capital se vio completamente a merced del ejército chileno. Las fuerzas de Bolivia se replegaron a sus montañas y allí se procuró reorganizar el ejército en espera del invasor; pero, éste no se atrevió a subir y en forma cautelosa pactó con Bolivia una tregua indefinida.

“Esta tregua tuvo que aceptarla el gobierno boliviano, porque después de una guerra adversa, por más patriotismo que se tenga, las consecuencias son funestas e imprevisibles, pero no se midieron los términos del contrato, que en el fondo importaban un estrangulamiento económico contra Bolivia, cuya consecuencia más tarde sería un tratado leonino, impuesto por la fuerza militar, la agresión económica, la amenaza de otra guerra y de una polonización” (BAL-DEMAR).

Así, ante esa presión despiadada, junto a una situación económica desesperante, frente a la brutalidad del Embajador de Chile en Bolivia, Abraham Koning, quien a voz en cuello manifestaba que sus derechos “nacen de la victoria, la ley suprema de las naciones…”, y también ante la indiferencia de los países vecinos y del decantado panamericanismo, que parecía ser solo un vínculo de palabras y de intereses de los más fuertes, “el gobierno de Bolivia tuvo que firmar --contra su voluntad-- el Tratado (“de Paz y Amistad”) de 1904, cediendo a Chile todo su litoral, para que este país le afloje la cuerda con que hasta entonces lo tenía estrangulado y así pueda Bolivia, por lo menos, respirar y volver a la vida” (BALDEMAR).

Continuará

NOTAS:

1. “Como es sabido, desde 1836 quedó establecida la Confederación Perú-Boliviana bajo el mando del Protector Mariscal Andrés de Santa Cruz y Calahumana, quien pretendía formar un poderoso Estado que sirviese de contrapeso a la Gran Colombia, a la Confederación Argentina y al Imperio de Brasil. El ideal crucista encontró la más enconada oposición por parte del ministro chileno Diego Portales, celoso del poder que veía crecer en el norte, como amenaza para la seguridad e independencia de su país, pues no concebía, dentro de su cerrado nacionalismo inspirado por los intereses de la oligarquía de ‘pelucones’ de Santiago, ninguna idea integracionista que permitiera el crecimiento de naciones fuertes en esta parte de América. Portales decidió hacer la guerra a la Confederación y envió contra ella un ejército al mando del Almirante Blanco Encalada, el cual, comprometida su posición militar en Paucarpata, hubo de retirarse después de firmar el Tratado de 17 de noviembre de 1837. (…) Asesinado Diego Portales en Quillota, Chile rechazó el Tratado de Paucarpata y se apresuró a enviar otra expedición contra la Confederación Perú-Boliviana que se hallaba resquebrajada por las disensiones internas y las ambiciones del General peruano Agustín Gamarra, y de otros militares bolivianos, como Velasco y Ballivián. Esta expedición, al mando de Manuel Bulnes, el 20 de enero de 1839 logró derrotar en Yungay al ejército de la Confederación, poniendo así fin a un grandioso proyecto que, en la medida del tiempo, hallaría justificadores en el propio seno del pueblo chileno, cuando allí se habla de integración sudamericana (…)”. Cfr. BOTELHO GOSÁLVEZ, Raúl. Breve Historia del Litoral Boliviano. Colección LITORAL BOLIVIANO. Págs. 20-21.

2. “En efecto, el descubrimiento de salitre y la naciente prosperidad peruana, a raíz de la explotación de las guaneras y calicheras de Tarapacá, incitaron a Chile a explorar los probables depósitos de guano y salitre de Atacama y, mediante Mensaje al Congreso, el Presidente de Chile, Don Manuel Bulnes, envió un proyecto de ley que fue aprobado el 31 de octubre de 1842, en el cual declaraba como propiedad nacional las guaneras de Coquimbo, del Desierto de Atacama e islas adyacentes. Casimiro Olañeta, Ministro boliviano en Santiago, fue encargado de formular una reclamación diplomática para que dicha ley, que legislaba sobre territorio de Bolivia, fuese derogada; la Cancillería de Chile respondió a Olañeta que estudiaría el asunto, pues no podía modificar leyes de la Nación.

El año 1844 Chile creó la Provincia de Atacama. Su intención consistía en establecer un medio de paralogización internacional, tomando en cuenta que dicho país nunca tuvo hasta entonces, dentro de su territorio, ninguna zona con aquel nombre que iba a confundirse con la antigua Atacama de Bolivia. Entre tanto, personas de nacionalidad chilena, quienes sacaban clandestinamente guano y salitre, vinieron efectuando incursiones furtivas al litoral boliviano. En 1843, fue apresado por las autoridades bolivianas de Cobija el barco chileno Rumena, sorprendido infraganti en la tarea de recoger ilegalmente guano en el lugar denominado Orejas de Mar; en 1846 la goleta chilena Janequeo izó la bandera chilena en la Punta de Angamos, situada a los 23º 3’. Ante la reclamación del representante diplomático boliviano en Chile, Joaquín Aguirre, el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Manuel Montt, rechazo por inexacta la reclamación sin mencionar siquiera que Angamos fuera territorio chileno, como de rigor correspondía hacerlo si Chile hubiese sido soberano de aquella región. (…)”. Cfr. BOTELHO GOSÁLVEZ, Raúl. Breve Historia del Litoral Boliviano. Colección LITORAL BOLIVIANO. Págs. 21-22.

3. El despojo consumado del Litoral hizo nacer en Chile la conciencia de la justicia y el derecho que le asisten a Bolivia para integrarse al mar; así surgió el Tratado de Transferencia de Territorio de 1895 por el cual Chile se obliga a entregar a Bolivia, en la forma y extensión que adquiera, los territorios de Tacna y Arica, y en todo caso una caleta análoga a la Vítor, capaz de satisfacer ampliamente las necesidades y el porvenir de su industria y comercio. Sin embargo, posteriormente la ambición se apoderó de los gobernantes chilenos, olvidando deliberadamente la deuda contraída con Bolivia, que en su lugar es amenazada a través de la Nota del Ministro Koning de 1900, sucumbiendo entre la debilidad de la nación y la prepotencia de Chile, al firmar el Tratado de 1904, por el que renunció a su costa legendaria, siendo dicho Tratado un instrumento viciado por la fuerza, la ilegalidad y la injusticia, que no representa un ajuste definitivo de paz entre las dos naciones. Cfr. GUTIÉRREZ, Mario R. Alegato Histórico de los Derechos de Bolivia al Pacífico. Págs. 261-264.

4. Este acápite está basado en la obra La Reintegración Marítima de Bolivia, escrita por un profesor boliviano de Derecho Internacional, con el seudónimo de BAL-DEMAR (Carlos Alberto Salinas Baldivieso). La Paz (Bolivia): Premio Simón I. Patiño a la Cultura, Concurso 1965. Empresa Editora Universo, 1966.

5. “La atracción del salitre, unida a la circunstancia de que Bolivia contaba con escasa población en el Departamento del Litoral, y reducidos medios para hacer prevalecer su autoridad, permitió a numerosos contingentes de aventureros y trabajadores chilenos, a internarse en aquel territorio para explotarlo, sin permiso de las legítimas autoridades bolivianas. Esta suerte de invasión pacífica, al ser denunciada ante el Gobierno de La Moneda, permitió al Canciller responder al representante boliviano que no había llegado a su noticia la perpetración de aquel abuso, y que había dado las órdenes necesarias para contenerlo. (…)”. Cfr. BOTELHO GOSÁLVEZ, Raúl. Breve Historia del Litoral Boliviano. Colección LITORAL BOLIVIANO. Pág. 22.

6. “Diez años más tarde, en 1857 la fragata Esmeralda de la Armada de Chile, se apoderó de Mejillones mediante desembarco armado; el capitán de la nave ordenó que todos los empresarios que allí explotaban el salitre fuesen a recabar autorización a Valparaíso. En forma simultánea, el Intendente chileno designado por los ocupantes, mediante una Ordenanza decretó la anexión de Mejillones al Departamento de Caldera. Ante tan abierta violación del territorio boliviano, los industriales extranjeros que trabajaban legalmente, al amparo de las autoridades bolivianas, pidieron garantías al Prefecto de Cobija, manifestando que desde hacía tres años explotaban esos minerales sin la menor contradicción, vendiendo sus metales en Valparaíso, trayendo de allí y de otros puntos de la costa de Chile, víveres, gente de trabajo y maquinaria en los buques fletados para el transporte de metales a Europa y los Estados americanos. El prefecto de Cobija, carente de medios de fuerza, se limitó a informar al Gobierno y a protestar por la ocupación de Mejillones. (…)”. Cfr. BOTELHO GOSÁLVEZ, Raúl. Breve Historia del Litoral Boliviano. Colección LITORAL BOLIVIANO. Pág. 23.

7. “En 1860, Bolivia acreditó en Chile a José María Santiváñez, quien debía entenderse con el negociador chileno Francisco Javier Ovalle, pero ante las excusas de éste para tratar la cuestión de fondo, es decir la línea de frontera, Santiváñez propuso como límite entre Bolivia y Chile el paralelo 25º, y después el paralelo 24º30’ y que sean comunes a ambos Estados todos los puertos y bahías comprendidos entre los paralelos 24º y 26º; ambas proposiciones fueron rechazadas por Chile, quien insistió en el paralelo 23º como límite y el condominio de la bahía de Mejillones. Ante el virtual fracaso de la negociación, Bolivia propuso como último recurso el arbitraje jurídico, el cual también fue rechazado por Chile. El plenipotenciario boliviano presentó una formal protesta por las dilaciones impuestas por La Moneda para zanjar el asunto de límites y eludir el arbitraje. La respuesta chilena le fue entregada dos días antes de que Santiváñez abandonase Santiago, cuando ya había anunciado la presentación de sus cartas de retiro. Esa respuesta tampoco era constructiva. (…)”. Cfr. BOTELHO GOSÁLVEZ, Raúl. Breve Historia del Litoral Boliviano. Colección LITORAL BOLIVIANO. Pág. 24.

8. “Frente a esta política de Chile, encaminada a consolidar su sistemática ocupación de territorio boliviano, en 1863, reunido el Congreso boliviano en Oruro, dictó el 5 de junio una Ley autorizando al Ejecutivo a declarar la guerra a Chile, siempre que agotados los medios de la diplomacia no obtuviera la reivindicación del territorio usurpado o una solución pacífica, compatible con la dignidad nacional. Esta Ley fue fruto de la documentada exposición de títulos y derechos históricos de Bolivia al Litoral del Pacífico, hecha por el Canciller Rafael Bustillo. (…)”. Ibídem.

Es abogado, responsable del Blog Jurídico: Tren Fugitivo Boliviano http://alanvargas4784.blogspot.com/

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