La Gaceta Jurídica

Apuntes sobre la Reivindicación Marítima en la Constitución

(Parte IV)

Foto: es.althistory.wikia.com

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La Gaceta Jurídica / Alan E. Vargas Lima

00:00 / 10 de abril de 2012

8. Los caminos andados por Bolivia para conseguir su reintegración marítima (1)

Ciertamente, y a través de la historia diplomática de nuestro país, se puede percibir una falta de coordinación y de engranaje de ideas que determine una tesis capaz de imponer el derecho que asiste a Bolivia para salir airosa de su enclaustramiento.

En este sentido, después de la Guerra del Pacífico, Bolivia quedó afectada víctima de la agresión –como consta por abundantes documentos históricos– debido a una campaña de conquista ejercitada por Chile con el ánimo de salvar su economía que estaba en bancarrota y asegurando su triunfo frente a un pueblo pacífico que se encontraba muy lejos de su Litoral, que fue defendido apenas por ínfimas guarniciones.

Sin embargo, el aumento de la población, el progreso, el desarrollo de relaciones comerciales a nivel internacional y la necesidad ineludible de vivir como Estado soberano demostraron que Bolivia debe recuperar uno de sus puertos para lograr el afianzamiento de los derechos fundamentales de todo Estado. De ahí que, una vez ocupado el Litoral boliviano por parte de las fuerzas chilenas, en el periodo que abarca desde el Pacto de Tregua de 1884 hasta el Tratado de 1904, los gobiernos de Bolivia procuraron recuperar un puerto en el Océano Pacífico.

Por el Pacto de Tregua firmado por el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Aniceto Vergara Albano, y de parte de Bolivia por los dos “Belisarios” (Belisario Salinas y Belisario Boeto) se estableció una tregua indefinida, quedando en poder de Chile todo el Litoral boliviano desde el paralelo 23º hasta la desembocadura del Río Loa en el Pacífico (2).

Esa era la realidad, y ante la imposición del conquistador, en un momento especial se suscribieron los Tratados de 1895, por los que Chile quedaba como dueño del Litoral boliviano y, en cambio, se dijo que cedería a Bolivia el puerto de Arica, en su defecto, la caleta Vítor u otra análoga y, además, una indemnización de cinco millones de pesos, estableciéndose la paz, amistad y normas para el comercio.

Esos acuerdos fueron suscritos por Luis Barros Borgoño, ministro de Relaciones Exteriores de Chile, y Heriberto Gutiérrez, Ministro Extraordinario y Enviado Plenipotenciario de Bolivia, en la ciudad de Santiago. Sin embargo, esos tratados no se cumplieron porque Chile no llegó a perfeccionarlos, debido principalmente al Protocolo de ese mismo año firmado por Gonzalo Matta y Emeterio Cano, en el que se declaraba que los Tratados de Paz y Amistad y Transferencia de territorios, constituían un “todo indivisible” y que “la cesión definitiva del Litoral de Bolivia a favor de Chile quedaría sin efecto si Chile no entregase a Bolivia, dentro de un término de dos años, el puerto en la costa del Pacífico”. Al respecto, el Congreso chileno dejó pendiente la aprobación respectiva. Así se llegó al momento de la suscripción del Tratado de 1904. El Gobierno de Chile, con la amenaza de la fuerza, o sea una nueva guerra, la polonización de Bolivia y el ultimátum de su Ministro en Bolivia, Abraham Koning, quien decía, entre otras cosas: “No podemos esperar más. El gobierno y el pueblo de Chile consideran que han esperado con paciencia”. Las rentas de la Aduana de Arica, que correspondían a Bolivia, quedaban en poder de Chile en un 65 por ciento y el pueblo boliviano sufría la más penosa depresión económica.

Ante esa situación, el gobierno de Chile impuso el Tratado de 1904, que fue firmado en La Paz por Emilio Bello Codecido, de parte de Chile, y Alberto Gutiérrez por Bolivia. Por este Tratado, Bolivia cedió su litoral, además de ciertas regiones mineralógicas como la de Chilcaya, ocupadas por las fuerzas militares de Chile con posterioridad a la Guerra del Pacífico. Como indemnización, Chile entregaba a Bolivia trescientas mil libras esterlinas y la construcción del ferrocarril Arica-La Paz.

Ante lo sucedido, y una vez consumada la conquista, el pueblo boliviano alzó vibrante su voz de protesta y los distintos gobiernos bolivianos trataron de buscar un camino para conseguir la recuperación de un puerto. Varios procedimientos se han intentado, aunque en forma indecisa y dudosa, ocasionando situaciones inciertas que han retardado la solución de este problema internacional (3).

9. Premisas fundamentales sobre el tema marítimo

Indudablemente, se ha generado abundante bibliografía, tanto en Chile como en Bolivia, respecto a la invasión del Litoral boliviano y la consecuente Guerra del Pacífico, así como sobre las funestas secuelas que esto ha dejado en Bolivia.

De ahí que, en base a los elementos históricos anteriormente detallados, es posible –siguiendo el criterio de Wálter Montenegro– sentar algunas premisas en las que deben fundarse el razonamiento y las conclusiones a las que se pueda llegar, hoy o mañana, sobre este tema tan importante:

a) El Litoral sobre el Pacífico, que Bolivia reclama, fue boliviano aún en sus antecedentes prehistóricos, desde los tiempos del Imperio Incaico

En este sentido, la famosa y recurrente tesis chilena de que Bolivia nunca tuvo litoral (4) ha sido totalmente rebatida por falaz e inconsistente, ello principalmente a través de las obras de Edgar Oblitas Fernández, en su Historia Secreta de la Guerra del Pacífico, y de Juan Siles Guevara, Ensayo Crítico sobre Chile y Bolivia (5).

Por ello, al margen del enrevesamiento de los títulos coloniales, los hechos demuestran que si el Litoral (158.000 km2) no hubiese sido boliviano, entonces, no se justifica que Chile hubiera negociado su apropiación por la vía diplomática antes de la Guerra del Pacífico, como efectivamente lo hizo.

Si no fuera así, ¿qué explicación tendrían los Tratados que tan laboriosamente obtuvo de Bolivia en 1866 y 1874? y ¿por qué Chile habría negociado la salida de

Bolivia al mar en 1895 y en tantas otras oportunidades? Cabe hacer notar que esta situación también fue reactualizada con la suscripción de la famosa Agenda de los trece puntos entre Chile y Bolivia. 

Sobre este aspecto, se debe considerar que nadie pondría en trance de negociación la propiedad de algo que posee con un título verdaderamente incuestionable (6) (y se debe agregar también que un Tratado exigido por la fuerza a un país vencido no puede ser considerado título suficiente).

b) La guerra de 1879 fue una guerra de conquista motivada por las ingentes riquezas (guano, salitre y, más tarde, cobre, plata y otros minerales) que guardaba el litoral boliviano.

Entre otras muchas que podrían citarse, está la confirmación definitiva de que el litoral boliviano fue conquistado por Chile, la expresó el plenipotenciario chileno Abrahan Konig, quien, en una memorable nota oficial dirigida a la Cancillería boliviana en agosto del año 1900, dijo textualmente:

“Es un error muy esparcido y que se repite diariamente en la prensa y en la calle, el opinar que Bolivia tiene derecho a exigir un puerto en compensación de su litoral. No hay tal cosa. Chile ha ocupado el litoral y se ha apoderado de él con el mismo título con que Alemania anexó al Imperio la Alsacia y la Lorena; con el mismo título con que los Estados Unidos de la América del Norte han tomado a Puerto Rico. Nuestros derechos nacen de la victoria, la ley suprema de las naciones. Que el litoral es rico y que vale millones, eso ya lo sabíamos. Lo guardamos porque vale; que si nada valiera no habría interés en su conservación.

Terminada la guerra, la nación vencedora impone sus condiciones y exige el pago de los gastos ocasionados. Bolivia fue vencida, no tenía con qué pagar, y entregó el Litoral. Esta entrega es indefinida, por tiempo indefinido, así lo dice el Pacto de Tregua: fue una entrega absoluta, incondicional y perpetua. En consecuencia Chile no debe nada, no está obligado a nada, mucho menos a la cesión de una zona de terreno y de un puerto. (…)” (7) (los subrayados me corresponden).

Se debe recordar también que ésta es (y ha sido siempre) la posición reiterada que el Gobierno de Chile ha expresado y reafirmado a través de sus gobernantes, desde hace más de cien años hasta el presente, así como en diversas instancias internacionales.

Que el litoral era boliviano, Chile lo sabe, así como también conoce y sabe que el Pacto de Tregua de 1884, y el Tratado de Paz de 1904 fueron documentos suscritos por Bolivia en su condición de país vencido, obligado a aceptar las condiciones del vencedor. Ciertamente, no hay en la historia de la humanidad tratado suscrito después de una contienda en que la nación perdedora logre pactar una paz justa, y fue así como se suscribieron ambos documentos. Frente a estos hechos hubo oposición en Bolivia y se emitieron votos disidentes en minoría al ser sometido el Tratado al Congreso Nacional, sin embargo, ello no altera el hecho de que ese documento fue ratificado por el ente legislativo. Así, por ejemplo, el artículo II del Tratado de Paz indica: “Por el presente Tratado quedan reconocidos del dominio absoluto y perpetuo de Chile los territorios ocupados por éste en virtud del artículo 2º del Pacto de Tregua de 4 de abril de 1884” y, precisamente, esos territorios son los que formaban el litoral boliviano (8).

c) Lo ocurrido en el ámbito diplomático desde 1904 hasta el presente (negociaciones, gestiones, alegatos y contraalegatos, trámites confidenciales, etc.), no ha cambiado en nada la situacióN.

Con la pérdida del Litoral, Bolivia no solamente ha quedado despojada de su acceso soberano al mar, sino que ha perdido una enorme fuente de riquezas (9). Esas inmensas pérdidas han causado un profundo daño material a Bolivia, al que se podría añadir el lucro cesante relativo a la explotación de las riquezas de la superficie y el fondo del mar; y una profunda huella emocional cuya influencia, legítima en su esencia, pero negativa en su exceso, no se puede dejar de mencionar en estas premisas.

d) La naturaleza exclusivamente “bilateral” del problema de la mediterraneidad de Bolivia, constantemente alegada por Chile, no es tal, debido a que inevitablemente habrá una participación de Perú, por la existencia del Protocolo Complementario del Tratado chileno-peruano de 1929 (que puso fin a la guerra de 1879 entre esos dos países).

Según el cual: “los gobiernos de Chile y Perú no podrán, sin previo acuerdo entre ellos, ceder a una tercera potencia (Bolivia, desde luego)  la totalidad o parte de los territorios que, en conformidad con el Tratado de esta misma fecha, quedan bajo sus respectivas soberanías ni podrán, sin ese requisito, construir a través de ellos, nuevas líneas férreas internacionales”.

Este aspecto –según anota Montenegro– es muy importante, porque algunas de las soluciones más factibles para el problema de la salida de Bolivia al mar estarían situadas en los territorios afectados por el Protocolo que se acaba de mencionar. Por tanto, el problema se hace ya tripartito a partir de este punto. Y, finalmente, por fuerza de la creciente interdependencia político-económica de todos los componentes del mundo contemporáneo, y gracias a la permanente gestión de Bolivia ante los organismos internacionales para dejar constancia de este hecho, la salida de Bolivia al mar ha adquirido indudable dimensión e interés continentales, expresados en repetidas declaraciones de organismos internacionales.

e) Tan equivocada, como la noción de que el problema de la salida de Bolivia al mar es exclusivamente bilateral (entre Bolivia y Chile), es la de que los organismos internacionales (a nivel mundial, como la onu, o a nivel regional como la oea), que han declarado su interés en el problema, podrán resolverlo por sí mismos.

Eso, por supuesto –aclara Montenegro–, es imposible, puesto que no existe todavía en el mundo un tribunal de ésta índole, ni siquiera la Corte de Justicia Internacional de la Haya (el más alto de su especie) cuyas decisiones tengan fuerza ejecutiva.“Sin duda, habrá que pasar por una negociación directa con Chile, en la que posiblemente intervendrá Perú; y es probable que todo este procedimiento se desarrolle bajo los auspicios de la Organización de Estados Americanos y, por ende, Bolivia deberá estar preparada para sostener su causa en todas estas instancias del procedimiento” (Montenegro).

Por todo lo expuesto y considerando:

a) las razones de reparación de una injusticia de la que fue víctima Bolivia;

b) la necesidad práctica que tiene de contar con una salida al mar para facilitar su desarrollo económico-social;

c) la conveniencia de que Bolivia cuente con ese recurso para desempeñar mejor su papel en los esquemas de integración subregional y continental; y

d) el valor emocional que el pueblo boliviano asigna a este asunto, se puede afirmar –junto a Walter Montenegro– que Bolivia no cejará en su empeño de recuperar por la vía pacífica su acceso propio al Océano Pacífico; que, mientras no lo recupere, habrá un obstáculo permanente para las buenas relaciones y el desarrollo armónico de esta parte del continente; y que, por consiguiente, para beneficio de todas las partes afectadas, entre las que se incluye a la subregión andina, será deseable resolver satisfactoriamente este problema tan pronto como sea posible (10).

Continuará

NOTAS:

1. Este acápite también se basa en la obra: La Reintegración Marítima de Bolivia, escrita por BAL-DEMAR (Carlos Alberto Salinas Baldivieso) en 1966.

2. “Los rendimientos de la Aduana de Arica –puerto natural de Bolivia– quedaron afectados en esta forma: 25% para el servicio aduanero y 75% para Bolivia. De este 75% se dividió 40avas partes para la administración chilena (indemnización a chilenos perjudicados por la guerra), el resto 35% se entregaría a Bolivia. En una palabra, Bolivia recibiría solamente el 35% de los únicos ingresos para sostener su economía, como pueda y hasta cuando pueda. El litoral quedaría en poder de Chile indefinidamente” (BAL-DEMAR).

3. Los distintos caminos seguidos por Bolivia para conseguir su reintegración marítima han sido Gestiones Directas, Circulares a las Cancillerías, Mediación de Estados Unidos, inclusive, y la Exposición de la Demanda Marítima ante Congresos y Conferencias Internacionales, todo lo cual se encuentra resumido de manera precisa, en la obra: La Reintegración Marítima de Bolivia, escrita por BAL-DEMAR (Carlos Alberto Salinas Baldivieso), en 1966.

4. “La escuela chilena que sostiene esta pueril tesis, sin embargo, no es tan nueva ni tan antigua. Data, como tenemos indicado, de los años en que Chile, con el apoyo del imperialismo británico, había resuelto apoderarse mediante la conquista armada de todo el litoral Boliviano. En puridad de verdad, la ocurrencia sui generis había ido madurando al compás sigiloso de los avances territoriales de Chile, hasta que Don Miguel Luis Amunátegui, un historiador ingenioso de singular facundia, decidió dar forma a la intrépida interpretación acomodada a los intereses de la conquista.

En base a las lucubraciones histórico-geográficas de este notable publicista chileno del siglo pasado, se ha ido elaborando la extravagante tesis que sostiene sin rubor alguno que Bolivia nunca tuvo mar y que siempre estuvo encerrada en sus montañas hasta 1825, en que “por un descuido” se dejaron arrebatar dichos territorios y que en 1879 no han hecho otra cosa que “reincorporar” a su soberanía lo que siempre fue de ellos; que la guerra de conquista contra Bolivia y el Perú no era tal, sino una simple acción de “reivindicación”. La tesis adolecía de una simpleza abrumadora.

Y, la impostura fue tomando cuerpo hasta llegar a nuestros días, al extremo que, hoy por hoy no hay títere en Chile que no repita esa versión. Desde la escuela primaria hasta la universidad se enseña tal aberración histórica sin el menor escrúpulo. Y, como ello demuestra que los vecinos transandinos hacen culto de la mentira, no es extraño que el propio Presidente de la Junta Militar, General Augusto Pinochet, apareciera cohonestando la falsía nada menos que en un libro destinado a servir de texto en los institutos militares de su país. En homenaje a tan alto personaje, que encarna estas ideas antibolivianas, y con el fin de establecer una diferencia clara con la historiografía seria de Chile que se ocupa del tema, vamos a bautizar esta corriente sui generis con el nombre de “pinochetista”, ya que hasta ahora, extrañamente, el improperio no tenía una denominación correcta. (…) Habida cuenta que el General Pinochet no es el autor de la tesis que sustenta en su libro como pretende hacer creer, es conveniente saber que ni siquiera aporta algo a ella. Es un simple copista de las versiones de Ríos Gallardo, Espinoza Moraga y Jaime Eyzaguirre y, en cierta medida, de Francisco A. Encina; quienes, a su vez, remozan y hacen suya la de Amunátegui como tenemos indicado.

Pero quizá la pieza más importante que sirve de verdadero sustento a las lucubraciones de Ríos Gallardo y Eyzaguirre, en especial, sea la famosa circular del Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, R. Errázuris Urmaneta, de 30 de septiembre de 1900, nota circular que tomando por armazón la invención Amunateguina llega a constituir la base del pinochetismo contemporáneo. (…) Desaparecido Eyzaguirre, ha quedado como heredero el General Pinochet, quien antes de asumir la presidencia en 1973 había publicado los libros sobre el tema. Las obras de Pinochet, destinadas a servir de texto de consulta en los institutos militares de su país pasaron desapercibidos por su ninguna importancia; pero su encumbramiento a la Primera Magistratura de Chile ha servido también para desempolvar sus libros y ponerlos de relieve a manera de rodearle de un aura intelectual. (…)”. OBLITAS FERNÁNDEZ, Edgar. Historia secreta de la Guerra del Pacífico (1879-1904). La Paz (Bolivia): Editorial Los Amigos del Libro, 2001. Págs. 4-5.

5. SILES GUEVARA, Juan. Ensayo Crítico sobre: “Chile y Bolivia. Esquema de un proceso diplomático”, de Jaime Eyzaguirre. La Paz, Bolivia: Centro de Estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Mayor de San Andrés, 1967.

6. “Bolivia tenía pues su propia, amplia, salida al mar. Nada menos que cuatrocientos kilómetros de costa sobre el Pacífico desde el grado 21.27’ de latitud Sur (desembocadura del río Loa) en el norte hasta el grado 27 (cabecera del valle de Copiapó) en el Sur”. Cfr. MONTENEGRO, Wálter. Oportunidades perdidas. Bolivia y el mar. La Paz-Cochabamba (Bolivia): Editorial Los Amigos del Libro, 1987. Pág. 12.

7. “Que Konig cometió una monumental indiscreción diplomática cuando declaró lo que antecede, es un hecho, pero ciertamente no estaba inventando nada y nunca fue oficialmente desmentido. Un tiempo después de su teutónico exabrupto fue retirado, y años después murió tranquilamente en Chile. Había dicho la verdad y no lo podían acusar ni menos condenar por ello”. MONTENEGRO, Walter. Oportunidades perdidas. Bolivia y el mar. Pág. 13.

8. “En este punto, es importante recordar que un tratado, como un instrumento básico del Derecho Internacional, solo puede ser modificado por acuerdo entre las partes, no por decisión unilateral. Esto es obvio, pero cabe recalcarlo porque no ha faltado alguna vez, en la histeria de una crisis política interna boliviana, la proposición (felizmente no acogida) de denunciar (desconocer) el Tratado de 1904; lo que habría significado volver a un virtual estado de guerra con Chile”. MONTENEGRO, Wálter. Oportunidades perdidas. Bolivia y el mar. Pág. 14.

9. “Con cifras cuidadosamente compiladas y verificadas por el historiador y diplomático Alfonso Crespo Rodas, el documento oficial (Informe) presentado por la Cancillería boliviana ante la IX Asamblea General de la Organización de Estados Americanos realizada en 1979 en La Paz, muestra impresionantes datos…”, respecto a lo que Chile ganó y Bolivia perdió como consecuencia de la Guerra del Pacífico, lo que puede verse en el Apéndice documental de la obra de Wálter Montenegro, que hemos citado y utilizado para desarrollar este acápite.

10. Cfr. MONTENEGRO, Wálter. Oportunidades perdidas. Bolivia y el mar. Pág. 16.

* Es abogado, responsable del Blog Jurídico: Tren Fugitivo Boliviano http://alanvargas4784.blogspot.com/

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