La Gaceta Jurídica

Armonización apostólica

“Nació del deseo del Santo Padre de conocer mejor la posición jurídica y las actividades del Instituto para permitir una mejor armonización de éste con la misión de la Iglesia universal y de la Sede Apostólica…”

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 14 de enero de 2014

Como sabemos, la Iglesia Católica, las otras denominaciones de la cristiandad y todas las demás representaciones “terrenas” de las confesiones de fe se regulan mediante normativas propias con carácter de ley, con diferencias, provisiones específicas y características particulares, más en el primer caso, puesto que se trata de una congregación que conforma un Estado con territorio, gobierno y población conocido como Vaticano.

Según definiciones bibliográficas, desde su inicio la Iglesia católica tiene una organización propia que presenta un ordenamiento jurídico específico que constituye su sistema de Derecho conocido como Derecho canónico, nombre que se refiere a fuentes normativas principales, que son los cánones o acuerdos conciliares. Este sistema jurídico abarca sus propios tribunales, dos códigos completamente articulados e incluso con principios generales del derecho, una jurisprudencia y sus propios juristas.

Sin embargo, a través de la historia de esta iglesia se han sucedido reformas propiciadas en especial por la cabeza principal, es decir, los papas de diferentes tiempos, eventos que han sido mucho más notorios en el siglo XX y a principios de esta nueva centuria. Entre los momentos de mayores cambios se cuenta el Concilio Vaticano II, realizado entre 1962 y 1965, durante el pontificado de Juan XXIII, evento que abrió la Iglesia católica al mundo con importantes determinaciones.

En ese periodo, ese vicario del catolicismo fue considerado una persona diferente dentro su jerarquía, con sencillez y humildad extrema, así llevó a la iglesia más cerca de su feligresía, lo cual ahora es replicado nuevamente por Francisco I, el primer papa latinoamericano, quien desde los primeros días de su misión hay demostrado tendencias a la renovación de esta confesión de fe.

Entre sus primeras decisiones estuvo la de adoptar una vida más austera y no gozar de las comodidades que se tiene en el Vaticano, más adelante sorprendió con otras determinaciones sobre la relación iglesia-pueblo, al señalar “cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres”.

De acuerdo con Radio Vaticano, una de las principales señales de cambio en la Iglesia de parte de Francisco fue la creación del “G-8”, un consejo de ocho cardenales de todos los continentes, designados por el Papa, que tienen instrucciones de asesorarlo en la reforma de la curia y en el gobierno universal de la Iglesia.

Igualmente fue sorprendente la creación en junio pasado de una comisión especial para investigar al Instituto para las Obras de Religión (IOR), conocido como el “banco vaticano”, que estuvo envuelto en escándalos y sospechas de lavado de dinero. Esto “nació del deseo del Santo Padre de conocer mejor la posición jurídica y las actividades del Instituto para permitir una mejor armonización de éste con la misión de la Iglesia universal y de la Sede Apostólica, en el contexto más general de reformas que sea oportuno realizar de parte de las instituciones que dan auxilio a la Sede Apostólica”, indicó un comunicado.

Ahora la iglesia y el papa se embarcan en un nuevo cambio que es el de las jerarquías, pues el sucesor de Pedro ha suprimido el título de Monseñor para tener una congregación menos elitista, confiriendo sólo el título de “Capellán de Su Santidad” a los sacerdotes seculares mayores de 65 años que lo merezcan. Así, esta nueva etapa de renovación del catolicismo es muy notable.

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