La Gaceta Jurídica

La Bandera como símbolo nacional y su regulación normativa

Apunte legal

Alan E. Vargas Lima

00:00 / 02 de septiembre de 2014

"Afinidad, fidelidad, defensa: he ahí los tres impulsos esenciales del patriotismo. Los tres, para permanecer juntos y certeros como haz de saetas que se aprontan a la tensión del arco; los tres, para manifestarse a los ojos creyentes del pueblo como la alta idea que se torna visible en la imagen y el símbolo; los tres se levantaron y ondearon en las tres franjas de la bandera” (1).

Teniendo en mente este pensamiento, hoy comparto algunas inquietudes a quienes son bolivianos(as) nacidos en esta tierra, que sienten orgullo por esta patria y los símbolos que la representan.

El pasado agosto, en una de las redes sociales, una amiga ‘tuitera’ boliviana (@mivozmipalabra) decía: “Cuando la ves ondear, te da un no sé qué en el corazón, hermosa tricolor. #Bolivia”; a lo cual, después de ‘retuitear’, inmediatamente repliqué (@alanvargas4784): “Es que todos tus sueños y esperanzas en esta tierra se funden en esa bandera... #Bolivia”.

Y es que para muchos de nosotros es realmente indescriptible el sentimiento que nos llena el corazón, cuando escuchamos entonar nuestro Himno Nacional o, simplemente, cuando vemos ondear nuestra Bandera nacional al compás del viento en plena Plaza Murillo (o en cualquier otro sitio público).

Y no sólo eso, sino que, actualmente, también podemos observar a la Whipala (2) como símbolo representativo de todos aquellos pueblos indígena originario campesinos que habitan esta tierra desde tiempos inmemoriales, como nos lo recuerda nuestra misma Constitución.

Entonces, cabe preguntarse: ¿Cuál ha sido el tratamiento legal que se le ha dado a nuestros símbolos patrios? ¿Es que acaso su regulación legal se agota en un Decreto de Carlos Mesa (@carlosdmesag), además de lo que dice la cpe, y nada más? Por ello, creí conveniente realizar una revisión cronológica de la normativa, según su orden de aparición.

La tricolor nacional, como la conocemos ahora, tiene su remoto antecedente en aquella Ley de 5 de noviembre de 1851, cuando la Convención Nacional reunida en la ciudad de Oruro, dispuso lo siguiente: “Los colores de que consta el pabellón nacional se colocarán de la manera siguiente: el punzó (rojo) en la parte superior, el amarillo al centro y el verde en la parte inferior, debiendo sustituirse a la moharra el Cóndor de Bolivia” y, asimismo, dispuso que en el Escudo de Armas se sustituya también el Cóndor de Bolivia en lugar del gorro frigio (en señal de libertad).

Desde aquel tiempo los símbolos nacionales no habían recibido ninguna modificación o revisión acerca de su estructura simbólica, ni mucho menos fueron objeto de un tratamiento normativo minucioso, lo que derivó en un uso indiscriminado de estos símbolos, incluyendo una tergiversación de su estructura y presentación en distintas instituciones y actos oficiales (especialmente del Escudo Nacional).

Tuvo que pasar más de un siglo, para que recién en 2004, durante el gobierno de Carlos Mesa, se pensara en uniformizar el uso de los símbolos nacionales y sus componentes, así como reglamentar su correcta utilización.

Con ese propósito surgió el Decreto Supremo Nº 27630 de 19 de julio de 2004, que en su primer artículo dispone expresamente lo siguiente:

“La Bandera de la República de Bolivia consta de tres franjas horizontales de igual ancho y dimensiones, colocadas en este orden: una color rojo en la parte superior, una color amarillo en el centro y una color verde en la parte inferior. La franja color rojo representa la sangre derramada por nuestros héroes para el nacimiento y preservación de la República. La de color amarillo representa nuestras riquezas y recursos naturales. La de color verde representa la riqueza de nuestra naturaleza y la esperanza. Como un valor principal de nuestra sociedad”.

Asimismo, este Decreto contiene disposiciones específicas acerca de la proporción y dimensiones de la bandera, sus colores específicos (dejando en el pasado el “punzó” sustituyéndolo por rojo) y las formas de uso en las instituciones públicas. Por otro lado, especifica también la forma de presentación, estructura y componentes del Escudo Nacional, su proporción y dimensiones y sus colores.

Aunque el Decreto se agota en tales disposiciones, fue una buena decisión asumida por un gobierno para reglamentar el uso y componentes de nuestros principales símbolos nacionales, aunque lamentablemente no consideró la estructura “multiétnica y pluricultural” de la República de Bolivia, conforme ya lo había señalado la Constitución Política reformada en 1994.

Años más tarde fue la Constitución boliviana puesta en vigencia el 7 de febrero de 2009 la que, además de declarar que Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, dispuso expresamente –acaso por primera vez– que los símbolos del Estado son  la bandera tricolor rojo, amarillo y verde; el himno boliviano; el escudo de armas; la wiphala; la escarapela; la flor de la kantuta y la flor del patujú”; una disposición acertadamente incorporada en el texto constitucional, como debió ser de rigor en todos nuestros textos constitucionales, los cuales omitieron referirse al tema.

En observancia de esta disposición constitucional se emitió el Decreto Supremo Nº 0241 de 5 de agosto de 2009, que tiene por objeto normar las características y el uso de los Símbolos del Estado Plurinacional de acuerdo a lo establecido en el parágrafo II del artículo 6 de la Constitución Política del Estado, señalando entre sus objetivos esenciales: “a) Sistematizar las disposiciones relativas a las características y uso de los Símbolos del Estado para su mejor difusión y socialización; b) Poner en valor los Símbolos del Estado en la conciencia del pueblo boliviano y fomentar el orgullo de su identidad; c) Establecer las características, normas de uso y protocolo de los Símbolos del Estado; d) Señalar las instancias nacionales, departamentales, municipales y locales responsables del protocolo de los Símbolos del Estado”.

Entonces, la virtud de este decreto consiste precisamente en haber reglamentado el uso de los símbolos nacionales en su totalidad, dado que incluye, además, al himno boliviano, la whipala, la escarapela, la kantuta y el patujú, que antes de ahora sólo eran conocidos nominalmente (y muy utilizados en fechas cívicas) sin haberse rescatado el valor simbólico de nuestra nacionalidad, que los mismos llevan en su esencia.

Notas

1. Guido Villa-Gómez. Teoría de la Bandera. La Paz, Bolivia: Biblioteca del Oficial Boliviano. Volumen XII. Empresa Editora Universo, 1974. Pág. 6.

2. El arqueólogo e historiador boliviano don Max Portugal, menciona que en las faldas del cerro Phasan Kallani Pati, en las cercanías de Copacabana, existe una roca llamada Banderani, donde aún se puede distinguir una pictografía semejante a las descubiertas en Tiwanacu, representando signos escalonados separados por una línea eje que los divide en dos partes. Se deduce, con fundamento, que esa figura sería imagen de la antiquísima bandera del Kollasuyo: Whipala (en lengua aymara o colla), la misma que está compuesta por una serie de cuadriláteros de distintos colores, muy semejantes en su composición gráfica a un tablero de ajedrez. Cfr. Eduardo Ocampo Moscoso. Historia de la Bandera Nacional (primer premio en el concurso convocado en la República, de acuerdo a la Ley de 17 de diciembre de 1952). Cochabamba, Bolivia, Imprenta Universitaria, 1954. Pág. 38.

Es abogado maestrante en Derecho Constitucional (UMSA) y responsable del blog jurídico Tren Fugitivo Boliviano: http://alanvargas4784.blogspot.com

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