La Gaceta Jurídica

Bolivia y Chile: los imperativos de una nueva época

(Parte final)

Foto: aspb.gob.bo

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La Gaceta Jurídica / Alberto A. Zalles

00:00 / 26 de febrero de 2013

Después de la guerra, y a pesar de su resultado militar, ambos países, formalmente a través de los tratados e informalmente a través del intercambio comercial, debieron aceptar la funcionalidad que sus intereses económicos mutuos y sus intercambios humanos otorgaban al territorio.

Chile necesitaba “chilenizar” la región, integrarla al dominio de su Estado, sin dejar de implicarse en el tránsito de las mercancías desde y hacia su vecino. Bolivia, por su parte, debía, al menos, preservar el libre tránsito comercial en ese territorio, lo cual explica su preocupación por la construcción del ferrocarril Antofagasta-Uyuni y Arica-La Paz.

Fue así como, luego del Tratado de paz de 1904, ambos países cumplieron, cada uno a su manera, sus objetivos económicos y comerciales y contribuyeron así a un estilo regional de desarrollo influido por los dos centros de decisión económica nacional: Santiago y La Paz.

Intercambio y desarrollo

Con el tiempo, sin embargo, diversos factores colaboraron para convertir esa región en un espacio moderno y autónomo, con identidad propia, y dejar atrás la situación de enclave del siglo xix. A partir de 1950, la ocupación de los territorios del norte de Atacama se transformó al compás de los intercambios humanos y comerciales fronterizos que generaron un vigoroso desarrollo.

En síntesis, los cambios internos en las sociedades de ambos países influyeron notablemente en la formación de una zona económica y cultural que, poco a poco, fue adquiriendo carácter transnacional. La estabilidad institucional de Chile le permitió desplegar una modernización fundada en el desarrollo infraestructural.

Así, por ejemplo, la convicción con la cual construyó y promocionó la Carretera Panamericana (1) redimensionó la significación de su frontera norte y su vinculación con los mercados de Perú y Bolivia. A esto se sumó la declaración oficial, en 1953, de Arica como “zona aduanera libre”, un proyecto librecambista de vanguardia y pionero en Sudamérica.

Bolivia, por su parte, enfrentó los cambios políticos y demográficos generados por la revolución de 1952, que impactaron directamente en los procesos migratorios y en la expansión de sus mercados interno y externo. La población indígena boliviana, mayoritaria en el país, obtuvo desde 1952 la libertad de tránsito en el territorio e inició su plena incorporación como consumidor.

Esto definió una nueva dinámica fronteriza, los puestos aduaneros florecieron con el pequeño comercio legal y con el contrabando, actividades que movilizaron a los bolivianos hacia las rutas costeñas. Desde entonces, Charaña, Visviri, Arica y Antofagasta se volvieron lugares familiares para el común de los ciudadanos de Bolivia.

Nudo articulador

Un nuevo periodo histórico clave para esta región comenzó en 1973 con el proyecto neoliberal de Pinochet, que se sumó a la emergencia de Brasil como potencia económica y al ascenso de las economías asiáticas. Fue en este contexto que comenzó a tomar fuerza la idea de los corredores interocéanicos, uno de los cuales sitúa a Bolivia como principal nudo articulador. El norte de Chile apareció así como un territorio de comercio transnacional propio de la globalización.

Desde la perspectiva chilena, el proyecto neoliberal implicó la puesta en marcha de una política comercial abierta. Como parte de esta estrategia se creó la Zona Franca de Iquique y después se avanzó en la privatización de la gestión del puerto de Arica. Para Bolivia, los puertos del norte atacameño y la Zona Franca de Iquique constituyen verdaderos pilares del comercio exterior.

Esta importancia queda clara si se recuerda que Bolivia es el primer comprador en esta zona franca y que en 2004 gastó allí 283 millones de dólares. Por otra parte, es interesante observar que el puerto de Arica creció a partir de su rol como puerta de ingreso hacia Brasil para el tráfico mercantil proveniente de Asia, y viceversa.

Además, es evidente que la vocación exógena de Arica se funda en la escasa distancia que la separa de los principales centros económicos bolivianos, mucho más próximos que Santiago. Entre Arica y Santiago hay 2.075 kilómetros, pero entre Arica y La Paz solo 487, y entre Arica y Santa Cruz, 1.102. Es evidente, entonces, que la estrategia chilena de establecer una moderna infraestructura económica tiene como objetivo construir una plataforma de negocios, un punto de encuentro para las florecientes economías de Brasil y de Asia.

La demografía

El otro aspecto importante, además del comercial, es el demográfico, por lo cual exponemos algunos datos que muestran la realidad del intercambio y las relaciones bilaterales. En primer lugar, en lo que se refiere al flujo turístico, 134.709 bolivianos visitaron las regiones chilenas I y II en 2004, según el Anuario de Turismo del Gobierno de Chile, editado por el Instituto Nacional de Estadísticas (2).

Hay que tener en cuenta que bajo la categoría de turistas se inscriben los ciudadanos bolivianos que cruzan la frontera para comerciar en los puertos del Pacífico. Evidentemente, la aspiración boliviana de obtener una presencia en el Pacífico sigue viva.

En segundo lugar, el norte chileno se revela, según datos del periodo 1992 - 2002, como un polo de atracción laboral para los bolivianos. Así, por ejemplo, sus valles acogen mano de obra temporal extranjera que cruza la frontera para trabajar en el sector agrícola. En ese sentido, no son casuales las primeras reacciones de la clase política chilena, el senador Jaime Orpis, por ejemplo, demandó “la regulación del ingreso de trabajadores” y señaló que anualmente las actividades agrícolas de los valles de Arica emplean a alrededor de 10.000 extranjeros (3).

En ese periodo, “la inmigración internacional habría sido más importante que la emigración, configurándose para este decenio un nuevo escenario sobre las migraciones internacionales en Chile” (4). En la última década, se establecieron en ese país alrededor de 125.000 latinoamericanos, de los cuales 10.919 son bolivianos (5).

Parece obvio que estas condiciones económicas han renovado la ocupación en la región, o quizás han reactivado las continuidades geográficas e históricas sobre la base de las cuales se modifican y se autorregulan las sociedades. La realidad demográfica y comercial parece más vigorosa que la intangibilidad de los tratados defendida por Chile o el sentimentalismo reivindicativo de Bolivia.

La costa atacameña constituye hoy un territorio transnacional que puede prestarse como un espacio para la creación de nuevas relaciones bilaterales, en las cuales el espíritu de paz y libertad y los intercambios económicos y culturales primen sobre las concepciones de soberanía y geopolítica propias de los Estados-nación del siglo xix.

Reflexiones finales

Bolivia, en el contexto de las reformas estructurales que está llevando a cabo y que prometen una mayor integración social y una renovada cohesión nacional, tiene la oportunidad de proyectar una estrategia diplomática moderna y de largo plazo, orientada no sólo a mostrar avances en su reivindicación marítima, sino también a adquirir un rol protagónico en la integración regional.

Chile, en virtud de su estabilidad política, su deseo de cambiar su estilo aislacionista y las expectativas que ha creado en la comunidad internacional, puede constituirse en un Estado “faro” para América Latina. Puede ser la punta de lanza para avanzar más allá del simple interés comercial y de la buena convivencia entre vecinos.

Esto implica liderar iniciativas de inversión confederadas que fomenten el desarrollo industrial, tecnológico y de conocimiento, condiciones sin las cuales la economía de la región no podrá romper la dependencia. Esto supone dejar atrás el estilo insular de su diplomacia y considerar una nueva orientación en sus relaciones con Bolivia.

Ahora bien, así como Chile ha dado grandes pasos en su inserción económica internacional y ha logrado que su población disfrute de un creciente bienestar gracias a la estabilidad de su sistema institucional, no es menos cierto que Bolivia, uno de los países de la región más fragmentados cultural, geográfica y étnicamente, ha avanzado en su desarrollo ciudadano, en su esfuerzo por cohesionar una compleja y diversa realidad e integrar a los indígenas a su élite dirigente.

El actual proceso que atraviesa la política boliviana expresa la consolidación de la construcción democrática, la vigencia de los derechos humanos y la amplia inclusión ciudadana.

Finalmente, el tercer actor en el conflicto, Perú, debe considerarse parte esencial de la problemática, ya que Arica constituye un polo económico que involucra comercialmente a muchos de sus ciudadanos. Solo así, con el esfuerzo de los tres países, podrán superarse las diferencias del pasado y se alcanzará una solución consensuada y de largo plazo a un problema que ya lleva demasiado tiempo sin resolverse.

Comentarios

(*) En rigor de verdad, debe observarse que dicho ridículo “corredor”, sin puerto propio ni soberano, en un lugar inhóspito y donde tampoco es factible la construcción de uno, no es ninguna solución al enclaustramiento marítimo de Bolivia. Ha sido una añagaza estratégica chilena para hacer pisar el palito al Estado boliviano, de modo que, primeramente, éste se olvide para siempre de reclamar sus justos y legítimos derechos irrenunciables e imprescriptibles en los puertos ancestrales de Antofagasta, Mejillones, Cobija y Tocopilla y, al mismo tiempo, fue un nuevo intento de desmembrar más territorio a su vecino en zonas riquísimas en agua dulce, geotermia y otros recursos, además de convencer a Bolivia de hacer partícipe, sin condiciones, a Chile de su riqueza gasífera.

(**) Por algunos escritores, políticos y diplomáticos chilenófilos.

(***) No convencen los anuncios con promesas halagadoras de enclaves, muelles autónomos o corredores sin puerto soberano, porque para los bolivianos PUERTO significa acceso al Pacífico propio, útil y soberano, tal como siempre fue antes de la invasión chilena de 1879. No se aceptan enclaves sometidos a servidumbre, así fuese en el mismo puerto de Mejillones, bella bahía boliviana, porque en el malhadado tratado chileno de 1904 no se ha firmado ninguna transferencia de propiedad; el nefasto documento sólo habla de “dominio”.

NOTAS:

1. La Carretera Panamericana se inició como un gran proyecto acordado por los Estados americanos en una conferencia de 1923.

2. En el mismo periodo, según la fuente citada, 32.353 turistas chilenos visitaron Bolivia.

3. Ver La Tercera, Arica, 28/05/2006.

4. Instituto Nacional de Estadísticas de Chile y CEPAL. Chile: Proyecciones y estimaciones de población 1950-2050, INE, Santiago, s.f., p. 21.

5. Instituto Nacional de Estadísticas de Chile. Censo 2002. Síntesis de resultados, INE, Santiago, 2003, p. 18.

Es sociólogo boliviano, investigador y consultor independiente, especialista en análisis sociopolítico de América Latina y problemas del desarrollo.

Comentarios finales del ingeniero Jorge Zambrana, quien, además, trabajó en la recopilación de artículos referentes al tema. [email protected]

Tomado de: Revista IDEI Nº 55, febrero de 2013.

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