La Gaceta Jurídica

En Bolivia rige la libertad de expresión

En defensa de Al-Azar

Se alentó daños contra las personas y se evitó la circulación de un medio de comunicación.

Se alentó daños contra las personas y se evitó la circulación de un medio de comunicación. Foto: runrun.es

Henry A. Pinto Dávalos

00:00 / 08 de abril de 2014

Las autoridades del departamento de Oruro y algunas organizaciones “vivas” de la sociedad civil orureña han levantado efusivamente su voz de protesta contra el matutino La Razón y, en particular, contra una caricatura publicada el 6 de marzo de 2014 por el artista Alejandro Salazar, más conocido como Al-Azar, a quien tuvimos en la llajta en una grata oportunidad hace un par de meses para deleitarnos con una recopilación genial de su mágico grafito.

Por esa publicación, su genio incomparable tuvo que enfrentar arengas, amenazas y agresiones de todo tipo, justamente por ejercer lo que mejor sabe hacer: usar el humor gráfico para promover la reflexión social.

En efecto, el delito de Al-Azar fue publicar en el matutino La Razón una caricatura donde se ve a cinco calaveras vestidas de diablos, entonando las notas de alguna diablada bajo un cartel que reza: “Bienvenidos al Carnaval de Oruro”, hecho suficiente para despertar la furia de todo el sentimiento orureño, convirtiendo un asunto tan trivial en un tema de verdadero orgullo regional, al punto tal que sus principales autoridades se pronunciaron públicamente.

En unos casos, como el gobernador Javier Tito Véliz, calificaron el arte referido como “material destructivo, dañino y malicioso”, en otros, como de la alcaldesa Rossío Pimentel amenazaron con tratar al artista con “desdén y descortesía”; finalmente, existieron groseras sindicaciones expresadas por la Federación Departamental de Cooperativas Mineras de Oruro, que no dudaron en lanzar una amenaza publica de “cerrar La Razón y de no permitir que se siga editando más ejemplares de su diario”, sin que las autoridades llamadas a hacerlo se hayan pronunciado al respecto.

Al presente, como ferviente seguidor de las obras de Al Azar –que cada domingo son publicadas en full color en la separata Animal Político de La Razón– tengo a bien criticar y elevar mi voz de protesta por la actitud chauvinista de las personalidades orureñas, quienes no sólo se han dado a la tarea de amenazar públicamente a un artista y un buen crítico de la realidad nacional, sino también de incitar a la comisión de ilícitos penales, atentando no sólo contra la integridad física de los personeros de La Razón en Oruro, sino impidiendo la libre comercialización de este matutino, seguramente amparados en la prepotencia expresada por los cooperativistas, que incluso amenazaron con expulsar al mismo matutino de la tierra del quirquincho, en una muestra de arrogancia e intolerancia.

La filósofa política Hannah Arendt, en su obra Imperialismo, Nacionalismo y Chauvinismo (The Review of Politics 7.4, octubre de 1945, página 457), al referirse al chauvunismo lo describe así: “El chauvinismo es un producto casi natural del concepto de Nación en la medida en que proviene directamente de la vieja idea de la ‘misión nacional’ (...) La misión nacional podría ser interpretada con precisión como la traída de luz a otros pueblos menos afortunados que, por cualquier razón, milagrosamente han sido abandonados por la historia sin una misión nacional. Mientras este concepto de chauvinismo no se desarrolló en la ideología y permaneció en el reino bastante vago del orgullo nacional o incluso nacionalista, con frecuencia causó un alto sentido de responsabilidad por el bienestar de los pueblos atrasados”.

Estas palabras bien podrían encajar en la actitud desplegada por las autoridades citadas, que, lejos de tomar con humor y sentido crítico el arte de Al-Azar, lo amenazaron, llegando incluso a atentar contra la sede de La Razón en una actitud que sólo demuestra un sentimiento etnocéntrico, paranoico y de narcisismo propio de una mentalidad patriotera que ya se reflejó anteriormente cuando otra presentadora de televisión fue enjuiciada –cual la Inquisición se tratase– por emitir un criterio sobre los olores de la tierra del poderoso San José, olvidando que en Bolivia aún rige la libertad de expresión y que, en su caso, existen cauces institucionales para zanjar estas diferencias. Qué pena por Oruro, por alentar este tipo de iniciativas.

Es catedrático de Ciencia Política de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS).

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