La Gaceta Jurídica

La Carta Magna de 1215

A ocho siglos de emisión

El documento es tomado como la primera referencia para la regulación del poder hasta la actualidad.

El documento es tomado como la primera referencia para la regulación del poder hasta la actualidad. Foto: share.america.gov

Roberto C. Suárez

00:00 / 19 de mayo de 2015

El 15 de junio de 1215 el rey Juan sin Tierra (originalmente Sans-Terre, en francés, o Lackland, en inglés) reconoció libertades a una clase distinguida de hombres de su reino mediante el documento que pasaría a la historia como la Carta Magna (en latín, Magna charta libertatum, Carta magna de las libertades).

Sesenta y tres artículos aseguraron los derechos feudales a la aristocracia frente al poder del rey y, si bien no fue la primera carta en su especie, reconoció derechos que los súbditos ya ejercían, benefició a pocas personas y fue anulada en apenas diez semanas, aunque fue restaurada parcialmente en 1216, 1217 y 1225.

A su vez, la Carta Magna fue continuadora de importantes avances en la materia a la hora de reconocer derechos y privilegios, los cuales ya se conocían en Europa e incluso en Ingla- terra, como los Decreta y Constitución de León de 1188 y la Constitutio Feudis de Lombardía de 1037 y, en la propia Inglaterra, la Carta de Coronación de 1100, los Assizes de Clarendon de 1166, la Carta sobre Libertad de la Iglesia de 1214, la Carta “desconocida” y los Artículos de los Barones de 1215.

La Carta Magna pretendía que el rey Juan, conocido por sus arbitrariedades, confirmara los derechos ya reconocidos por sus antecesores, com- prometiéndose a respetar los fueros e inmunidades de la nobleza y a no disponer la muerte ni la prisión de los nobles ni la confiscación de sus bienes, mientras aquellos no fuesen juzgados por “sus iguales”.

Entonces, ¿a quiénes beneficiaria este reconocimiento?

Por supuesto, solamente a los “freemen” (hombres libres), los cuales representaban la séptima parte de la población. Ahora bien, ¿cuál es el leitmotiv de tamaña trascendencia?

En primer término, es uno de los antecedentes de los regímenes políticos modernos en los cuales el poder del monarca o presidente se ve acotado o limitado por un consejo, senado, congreso, parlamento o asamblea, ideas germinales en donde abrevará después el constitucionalismo clásico.

Sin duda, algunos de estos privilegios fueron quiritarios de su tiempo, pero otros, por el contrario, adquirieron validez perpetua.

Entre ellos los de carácter adjetivo o procesal, tales como la protección judicial que no puede ser negada o retrasada, la proscripción del arresto indefinido o sin pruebas, la exigencia de un juicio de pares previo a la condena o privación de bienes, la gratuidad de los procesos, la inembargabilidad de las herramientas de labranza, el nombramiento de autoridades que conozcan y obedezcan el Derecho y la radicación de los juicios en el territorio respectivo.

Entre los reconocimientos vinculados a asuntos penales encontramos la proporcionalidad del castigo o, incluso, respecto de cuestiones económicas tales como la fijación de tributos con acuerdo del consejo común del Reino, la libre circulación de los mercaderes y la indemnización de los dominios expropiados.

El reconocimiento de este tipo de derechos también fue tributario de un rey débil. Recordemos que con la muerte de Enrique II en 1189, la sucesión quedo para su hijo Ricardo “Corazón de León”, quien paso la mayor parte de su reinado combatiendo fuera de Inglaterra, a éste lo sucedió su hermano menor Juan “Sin Tierra” en 1199.

En sus primeros años de reinado, Juan se enfrentó al rey Felipe II de Francia y perdió todos sus dominios franceses, incluida Normandía, con lo cual finalizó el Imperio Angevino.

También se enfrentó al papa Inocencio III, por lo que fue excomulgado en 1209, tras lo cual se vio obligado a gobernar como vasallo pontificio.

Sus intentos por recuperar Normandía fueron en vano y sufrió una nueva derrota a manos del rey Felipe en la célebre batalla de Bouvines, en 1214, evento que no hizo más que agravar su impopularidad, no solo frente a los barones, sino frente al pueblo raso, a quien acosaba con una política fiscal desmedida, cargada de crueldades y arbitrariedades.

Concretamente, fue en enero de 1215 cuando un grupo de barones le exigió una carta de libertades como un resguardo contra la conducta abusiva del rey. El documento fue redactado por los propios barones y puesto a su consideración y aprobación. La negativa del rey impactó en la fidelidad de los nobles, quienes se levantaron en armas contra Juan y marcharon a Londres para asaltar y tomar la ciudad en mayo de 1215.

Ante el desborde de los acontecimientos el rey acordó con sus contrincantes en Runnymede, prado del Río Támesis, que el 15 de junio se llevaría adelante las negociaciones que concluyeron el 19 de junio, cuando los barones renovaron sus juramentos de obediencia al Rey, de la mano de la concesión real universalmente conocida.

En la actualidad sobreviven cuatro copias de la Carta Magna, dos están en la British Library, mientras las otras pueden ser vistas en los archivos catedralicios de Lincoln y de Salisbury. Ocho siglos después, se han transformado en un icono de la reivindicación de los derechos del hombre ante el abuso del poder.

Es abogado e investigador argentino.

Tomado de: textoslegalesantiguos.blogspot.com

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