La Gaceta Jurídica

Cebras y vialidad

…reflexionando sobre nuestra realidad en este y otros temas, falta mucho para que nuestro proceder y actitudes sean de consideración con las otras personas y reflejen respeto hacia nosotros mismos en demostración de la calidad de seres humanos.

La Gaceta Jurídica / Editorial

00:00 / 22 de noviembre de 2013

Una de las falencias mayores en la aplicación y respeto de la normativa que existe en el país se encuentra, sin duda, en el ámbito de la circulación vial y tráfico de vehículos en las ciudades. Problema que se hace evidente durante las 24 horas y en todas las modalidades de transporte motorizado, vale decir público y privado, y en la manera de comportarse de los conductores y peatones.

Esta álgida situación ha provocado que en diversos niveles institucionales, en especial alcaldías, se busque mecanismos y maneras de impartir formación y educación vial a la población, lo que ha derivado en uno de los programas de mayor sostenibilidad hasta el momento, como es el de las “cebras de educación vial” en la sede de gobierno, que esta semana han cumplido 12 años de labor permanente.

Al respecto, es necesario valorar que la iniciativa es replicada en otras ciudades de Bolivia, entre ellas Oruro y Tarija, y que, a través del flamante programa “Cebras sin fronteras”, la labor será llevada a países como México, Colombia y Argentina, entre otros. Si bien la experiencia merece gran valoración y respeto por la persistencia, la voluntad de sus miembros y la creatividad de actividades ligadas a este objetivo de enriquecer o generar cultura ciudadana de respeto y convivencia basada en la consideración entre habitantes, se debe hacer algunas puntualizaciones críticas sobre los resultados.

En este sentido, es fundamental tomar en cuenta la poca voluntad que existe por parte del gremio de los transportistas, puesto que no es posible que en 12 años de insistente actividad de las cebras no se haya podido aprender las normas básicas y el significado de señales horizontales y verticales y continúe la actitud arbitraria. En este caso, es casi hiriente preguntarse si ¿existe alguna limitación para comprender? De igual modo, la crítica corresponde también a los propietarios de vehículos particulares, quienes cuentan con ventajas en su formación educativa y personal y mayor acceso a información acerca de la vida en otras latitudes, por lo que es lamentable la falta de reparo para respetar semáforos y otras señales de tráfico en las calles.

Pese a la labor sacrificada de las cebras, las ciudades todavía tienen vehículos estacionados sobre las aceras, detenidos sobre los pasos de peatón, acelerando con luz amarilla, parando en doble fila, tocando bocina, invadiendo carriles, estacionados en puntos no permitidos y muchas otras irregularidades. Por otra parte, es indudable que los conductores parecen tratar de respetar las reglas sólo cuando estos amistosos personajes de educación vial se encuentran cerca, pero todo cambia cuando no es así, lo que demuestra que las facultades humanas no están desarrolladas lo suficiente como para actuar de manera razonada y reflexiva sin presión cercana.

Sin llegar a las comparaciones (pues es evidente que este comportamiento inconsciente también se reproduce en otras partes del mundo, por ello buscan instaurar el programa de cebras) pero reflexionando sobre nuestra realidad en este y otros temas, falta mucho para que nuestro proceder y actitudes sean de consideración con las otras personas y reflejen respeto hacia nosotros mismos en demostración de la calidad de seres humanos. Por eso es loable el trabajo esforzado e incansable de las cebras viales.

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