La Gaceta Jurídica

Código de Familia occidental o Código de las Familias nacional

El Señor Justicia

Carlos Conde Calle

14:34 / 05 de junio de 2016

Indiscutiblemente el Código de las Familias, Ley 603, está en plena vigencia. Sin embargo, como hipótesis, el nuevo sistema jurídico familiar responde a modelos teóricos occidentales, aunque en la forma se interpele posiciones nacionalistas. Dicho de otro modo, bajo el rótulo de Código de las Familias, que tiene su correlato al Socialismo Comunitario, se reafirma posiciones jurídicas universales, occidentales y hasta liberales.

El Postmodernismo está de moda (aunque algunos sostienen que está en declive) y, por tanto, es el hilo conductor de las transformaciones jurídicas. Se asienta en el relativismo cultural; en la preeminencia de los particularismos frente a lo universal; pero, fundamentalmente, no se acepta el principio de la RAZÓN científica. Su base epistémica es lo PLURAL, esto es que existen otros saberes, aun cuando no sean verificables científicamente.

El Postmodernismo preconiza las emociones, pasiones y sentimientos. Por tanto, en la medida en que el De- recho de Familia responde a la civilización occidental, el Código de Familias responde a lo particular (no universal). Eso no es todo, existe afán obsesivo de llevar esta área del conocimiento científico del ámbito privado al público.

Empecemos por lo último, un conjunto de teóricos, desde Antonio Cicu, atribuye a la familia el espacio público con desdén del ámbito privado. Sin excepción, los intelectuales autóctonos repiten acríticamente esta postura. Pero el Derecho de Familia es parte del Derecho Privado. Con ese fin, apelaré a un par de autores.

Guillermo Borda, en su Manual de Derecho de Familia, sostiene que “la tesis de Cicu no nos parece aceptable. Por lo pronto, juzgamos que tiene un apoyo falso (...). A nuestro juicio, la pretensión de desglosar la familia del derecho privado importa un desconcertante contrasentido. Pues, ¿puede concebirse algo más privado, más hondamente humano, que la familia, en cuyo seno el hombre nace, vive, ama, sufre y muere? ¿Dónde, sino en ella, puede refugiarse la privacidad?

Es sintomático que los únicos países en que el Código de la Familia se ha segregado de lo Civil sean Rusia, Yugoeslava, Bulgaria y Checoslovaquia y que en la Alemania Nacionalsocialista la ley del 6 de junio de 1938 reformará el Código Civil en materia de matrimonio por razones públicas y porque el matrimonio tiene una importancia más na- cional que individual”.

Con similares conceptos se expide Eduardo Zanonni en su Manual de Derecho de Familia, que sostiene que “si el derecho de familia es, en razón de la materia, parte del derecho civil, NO ES POSIBLE CONSIDERAR QUE PERTENECE AL DERECHO PÚBLICO, ya que las  relaciones familiares no vinculan los sujetos con el Estado como sujeto de derecho público. Se trata de relaciones entre las personas, derivadas de su vínculo conyugal o de su parentesco”.

Para dejar claro este acápite, el civilista César Belluscio, en su Manual de Derecho de Familia, afirma: “entiendo que las opciones de Díaz de Guijarro, Borda, Gustavino, acumulan argumentos suficientes para hacer ver con claridad que el derecho de familia continúa siendo parte integrante del Derecho Civil”. Y, por tanto, del Derecho Privado.

El otro elemento, no menos importante, es el nombre. Los posmodernistas pretenden mostrarnos que el Código de Familia responde a la razón occidental, en tanto que el Código de las Familias dice tener relación con el antiuniversalismo, es decir, la primacía de los particularismos.

Es más, esta corriente, muy de mo- da, pretende mostrarnos que es posible crear un sistema jurídico propio. En nuestro caso, han entrado categorías como interculturalidad y descolonización. Otra variable es la despatriarcalización, como ideologema postmoderno. Por tanto, se ha bautizado al nuevo instrumento jurídico como Código de las Familias. La consecuencia científica sería la designación de esta área del conocimiento como DERECHO DE LAS FAMILIAS.

En la práctica, ¿qué ocurre? Primero, el proyectista de este Código en ninguna parte de su trabajo explica las razones científicas de estos cambios. En la página 130 del LIBRO AZUL (Proyecto Morales 2000-2013) dice que el antiguo sistema tiene “un incipiente enfoque de género y generacional, sostiene sesgos de una visión patriarcal y de una moral religiosa heredada del Derecho Canónico. Es depositaria de prácticas coloniales, DEJA DE UN LADO LA REALIDAD INTERCULTURAL de la sociedad boliviana” (sic).

Ninguno de estos principios es explicado y no se observa instituciones propias de nuestras culturas. Lo que si existe es incorporación de algunos ar- tículos que desarmonizan el conjunto del código. Es más, el nuevo código tiene una aberración intelectual: en la parte sustantiva termina como la institución del matrimonio; cuando el Có- digo de Familia comienza, como es lógico, con el tratamiento del matrimonio.

El proyectista, Freddy Huaraz Murillo, no explica ni justifica esta mudanza. Si se actuaba con precisión, se hubiese incorporado otras familias distintas a la nuclear.

Así, por ejemplo, se conoce las familias monoparental, ensamblada o del mismo sexo. Si hubiera consecuencia, se habría regulado  estas organizaciones familiares para justificar el rótulo de Código de las Familias, en plural.

Pero vayamos a la práctica. El ar-tículo 1 del Código de las Familias sostiene que el código “regula los derechos de las familias, las relaciones familiares y los derechos, deberes y obligaciones de sus integrantes, sin discriminación ni distinción alguna”.

Al parecer, la fuente son el artículo 1 y el 3 del Código de Familia. Así tenemos que “las relaciones familiares se establecen y regulan por el presente Código Boliviano de Familia”. A su vez, el artículo 3 señala que “los miembros de la familia gozan de trabajo jurídico igualitario y compatible con la dignidad humana”.

¿Hay alguna diferencia? No. Aunque no son iguales, se parecen; ambos responden a la cultura familiar occidental. La diferencia tal vez se encuentre en el uso del plural, es decir, familias y familia. El pensamiento racionalista es de lo individual; en tanto que lo plural, a veces, nos remite a la idea de lo colectivo; holísticamente hablando, es la pluralidad, el colectivo que aprisiona al uno, al individuo.

Luego, el artículo 2 del Código de las Familias afirma que “las familias, desde la pluralidad, se conforman por personas naturales que deben interactuar de la manera equitativa y armoniosa y se unen por relaciones afectivas, emocionales y de parentesco, por consanguinidad, adopción, afinidad y otras formas por un periodo indefinido de tiempo protegido por el Estado (...)”.

La redacción en el Código de Familia es más precisa cuando sostiene que “la familia, el matrimonio y la maternidad gozan de la protección del Estado. Esta protección se hace afectiva por el presente Código. (...) La Familia se halla también protegida por las instituciones que se organicen para ese fin”.

¿Porque el actual código excluyo a órganos privados? Sin embargo, hubiera sido prudente que Huaraz Murillo consulte el Anteproyecto de Código de Familia, dejado el 2002 por Velia Guachilla. Este Anteproyecto tiene la siguiente redacción: “la familia, el matrimonio, LAS UNIONES LIBRES, la maternidad, EL NIÑO, LA NIÑA Y EL ADOLECENTE GOZAN DE PROTECCIÓN DEL ESTADO...”.

Por otro lado, el artículo 7 del Código de las Familias regula el Orden Público y dice: “las instituciones reguladas en éste Código son de orden público y de interés social, es nulo cualquier acto de renuncia o que establezca lo contrario por voluntad de las y los particulares, salvo en los casos expresamente permitidos por éste código”.

El Código de Familia de 1972, así como el Anteproyecto de Velia Guachilla tienen este texto: “Las normas de derecho de familia son de orden público y no pueden renunciarse por voluntad de los particulares, bajo pena de nulidad, salvo en los casos expresamente permitidos por Ley”.

¿Dónde están las diferencias conceptuales? Más parecen de forma que de fondo. Provisionalmente, podemos sostener que sus diferencias son muy pequeñas; aunque los nombres parecen mostrar lo contrario. El Código de las Familias debía ser proyectado por el autor del título; como es otro, sigue una línea más o menos liberal.

Es experto en Derecho Privado.

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