La Gaceta Jurídica

Código de la Unesco y principios de la tarea del periodista

El Señor Justicia

Carlos Conde Calle

00:00 / 01 de agosto de 2014

A riesgo de ser repetitivo, en esta segunda parte –porque en la primera escribimos sobre DERECHO DE LA INFORMACIÓN– debemos afirmar que nuestros artículos tienen que ver con la ética; de manera que, procuramos, en lo posible, no mezclar con el Derecho (muy frecuente en algunos colegas que los hacen intercambiables).

El periodista cree que al sustentar la libertad de expresión tiene carta blanca para hacer lo que se le venga en gana. No. El periodista trabaja en un marco de leyes y normas éticas. Digamos, entonces, que los principios de ética sustentados por la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) rigen desde noviembre de 1983 y son desconocidos por los hombres y mujeres del conjunto de los medios de comunicación social.

Muchos autores, como Niceto Velásquez o Margarita Riviere, reflexionaron sobre este documento que es fuente de inspiración de los Códigos de Ética y, por supuesto, de Bolivia. Los fundamentos del mismo tienen como base la declaración de México de 1980.

El primer principio sostiene que el pueblo y las personas tienen derecho a RECIBIR UNA INFORMACIÓN OBJETIVA de la realidad por medio de una información...”. Esto quiere decir, para quienes sostienen que la objetividad no existe, que el periodista, como meta u objetivo final, debe buscar la objetividad, tal vez no lo logré completamente, pero debe realizar los esfuerzos para lograrlo.

Eso quiere decir que, al momento de informar, el periodista debe traducir los hechos con la mayor precisión, tal cual ocurrieron, dejando de lado y sin deslizar su opinión, como bien sostiene Riviere. Lo contrario sería una burda manipulación de los hechos que riñen con un periodismo serio. V. gr., un periodismo judicial, mal llamado de SEGURIDAD, no puede sustentarse únicamente en la víctima; peor aún, parcializarse con la víctima. Debe incluir en la nota a las otras partes, como el imputado, juez y fiscal y no tomar partido. Lo contrario, además de un periodismo irresponsable, es faltar a la objetividad.

El código de la Unesco, en su segundo principio dice: “la tarea primordial del periodista es proporcionar una información verídica y auténtica con la adhesión honesta a la realidad objetiva…” (sic). La Unesco insiste con la objetividad en el segundo principio porque, como dice Riviere, los HECHOS SON SAGRADOS Y LA OPINIÓN LIBRE.

Los periodistas sostienen que es muy difícil reunir todo el cuadro del hecho noticioso. Es cierto, no se puede ser enteramente objetivo, seguramente se nos escapará siempre alguna arista de la noticia, pero esto debe ser una misión de buena fe y no de mala fe, como suele ocurrir en muchos casos. Cuando el periodista, como cualquier ser humano, se conduele porque la víctima fue objeto de un horrendo crimen de violación, ¿cómo ser objetivo? Es difícil, pero no puede, no tiene, que dejarse guiar por sus sentimientos; debe dar cobertura al supuesto autor del delito sin prejuicios. Serán los tribunales o el fiscal quienes se encarguen de juzgarlo. Cuando el periodista cumple el rol de Juez, manipula la información y, por supuesto, deja de ser objetivo.

El tercer principio establece que el periodista es responsable social. Debe medir las consecuencias de los hechos que informa; V. gr., de un accidente de tránsito debe manejar con precisión sobre la identidad de muertos y heridos. No puede, en el titular y contenido de la información, presentar a alguine como culpable, porque, todo ciudadano es inocente mientras no se le pruebe su culpabilidad. Esa tarea le corresponde al juzgador y no al periodista. No puede afirmar que un Banco entró en crisis cuando los hechos dicen lo contrario. Esta noticia afecta a toda la comunidad y no sólo a la entidad bancaria.

El cuarto principio –que debería leer Héctor Arce, quien sigue un proceso penal a dos periodistas de La Razón– sostiene “el derecho del periodista a abstenerse de trabajar en contra de sus convicciones o de revelar sus fuentes de información (...) el derecho del periodista a abstenerse de trabajar en contra de sus convicciones o de revelar sus fuentes de información (…)” De aquí deducimos que NINGUNA AUTORIDAD JUDICIAL PUEDE ORDENAR AL PERIODISTA A REVELAR LA IDENTIDAD DE LA FUENTE, lo contrario supone una falta ética.

El quinto principio establece que debemos permitir el acceso del público y, además, que lo cual incluye la obligación de la corrección y del derecho de réplica. Así, Riveire interpreta al principio como la posibilidad de practicar el PLURALISMO como un desafío. Los periodistas nos equivocamos y ni siquiera nos disculpamos por el error, especialmente los que trabajan en televisión. La autora dice que no debemos convertirnos en esclavos de las fuentes, el periodista siempre debe tomar la iniciativa.

El sexto principio es fundamental y, de alguna manera, está en todos los códigos de ética de nuestro país. Veamos: “Respeto a la vida privada y la dignidad del hombre. –(...) la protección de los derechos y a la reputación del otro–, así como las leyes sobre la difamación, la calumnia, la injuria y LA INSINUACIÓN MALICIOSA son PARTE INTEGRANTE DE LAS NORMAS PROFESIONALES DEL PERIODISTA”.

Parece una obviedad, sin embargo, tenemos conductores de televisión que calumnian, difaman e injurian. Se erigen en jueces, dueños de la verdad absoluta. V. gr., a un supuesto delincuente se le adjudica todo tipo de epítetos (como el desalmado, ratero y otros). Todas las noches, en medios presuntamente serios, se debate impunemente temas íntimos y privados.

El principio siete establece el “respeto del interés público”. Debemos respetar al interés nacional, no podemos hacer causa común con los enemigos del país (léase Chile); debemos ser respetuosos de orden público y las buenas costumbres.

El principio ocho subraya que debemos respetar los valores unipersonales. El verdadero periodista defiende los valores universales del humanismo, en particular la paz, la DEMOCRACIA, los derechos del hombre...” Los medios no pueden fomentar valores despóticos ni autoritarios; debe ser un mentor de la democracia pluralista; debe saber que su tarea es la libertad de expresión, pero con responsabilidad. Debe ser un celoso defensor de los derechos humanos.

Los principios nueve y diez sostienen que todo periodista debe trabajar porque en el mundo se elimine la guerra y toda forma de violencia social y política; así como la proposición de un nuevo orden mundial de la información. Esto último se vincula con el informe Sean McBride, esto es luchar porque no haya asimetrías en el flujo de noticias entre países desarrollados y subdesarrollados.

Existe un par de principios propuestos por Margarita Riviere que la Unesco debiera incorporar, consiste en lo siguiente: a) el deber de formación, esto es que cada día los periodistas deben lograr una mayor cualificación y deben estudiar algunas otras aéreas del conocimiento científico; v. gr., si la fuente es “seguridad”, estudiar Derecho.

b) Deber de humildad, debemos tomar conciencia de que los medios constituyen un auténtico poder y no podemos abusar de él. Contrariamen- te, vemos en nuestra televisión, conductores y presentadores soberbios que se creen portadores de la verdad absoluta, se constituyen en jueces que pueden condenar a cualquier persona (aun sin pruebas).

El deber de humildad nos dice que el respeto al televidente y al lector es  fundamental, porque nosotros tenemos una ventaja comparativa del que no podemos abusar.

Es experto en Derecho de la Información.

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