La Gaceta Jurídica

Complementariedad de escenarios en la estrategia marítima

¿Cuál es el mejor escenario para desplegar la estrategia marítima boliviana?, ¿el bilateral, el trilateral o el multilateral? El presente análisis pretende establecer la necesidad de una política exterior integral y complementaria de los diferentes escenarios en que debe desplegarse la estrategia marítima boliviana.

La demanda interpuesta contra Chile ante la CIJ no excluye escenarios igualmente importantes.

La demanda interpuesta contra Chile ante la CIJ no excluye escenarios igualmente importantes. Foto: carlosdmesa.com

Ariel Flores

00:00 / 06 de septiembre de 2015

A partir del Tratado de Paz y Amistad de 1904, todos los gobiernos y las diversas estrategias oficiales que se desple- garon para recuperar el acceso libre, útil y soberano hacia el Océano Pacífico han transitado por tres escenarios diferentes: bilateral, trilateral y multilateral.

En función a la línea ideológica o la coyuntura política, todos los gobiernos constitucionales o los detentadores del poder político han aspirado, cada uno desde su propia concepción de posibilidades, concretar el objetivo permanente e irrenunciable de recuperar nuestra cualidad marítima.

Los diferentes contextos en los que se han desplegado las estrategias marítimas han sido sintetizados en una pequeña pero importante obra titulada: “Memorándum sobre el Mar” del distinguido político, diplomático y parlamentario Valentín Abecia Baldiviezo.

En dicho trabajo se describe el tránsito que las negociaciones boliviano-chilenas tuvieron a lo largo de más de un siglo en estos tres diferentes escenarios o “vertientes”, como señala nuestro autor.

El primer escenario, el bilateral, fue utilizado por Bolivia con mucha frecuencia y, se expresa esto en una larga historia, con o sin relaciones diplomáticas, llevada a cabo por diferentes gobiernos bolivianos y chilenos desde el día siguiente a la firma del Tratado de Paz y Amistad, aquel 20 de octubre de 1904.

Entre lo más sobresaliente se destacan las negociaciones del “Abrazo de Charaña” (1976), durante la presidencia de Hugo Banzer; el “enfoque fresco” (1988), en el cuarto mandato de Víctor Paz Estenssoro, y el último y reciente acercamiento entre los presidentes Morales y Bachelet (2006-2010) con la “Agenda de los 13 puntos”.

El segundo escenario, el trilateral, incluye a Perú como “tercero en la disputa” y tiene su confirmación con el Tratado de 1929 firmado entre este país y Chile, cuando este último Estado le endosó al primero la llave de cualquier negociación sobre los territorios vinculados a los tres países.

En ese sentido, el involucramiento de Perú es una condición sine qua non en una posible solución que afecte directamente el Tratado de Paz y Amistad de 1904.

El tercer escenario o vertiente es el multilateral. Éste tiene su mejor momento, de acuerdo a muchos estudiosos, en la aprobación de la Resolución de la Asamblea General de la oea N° AG/426 del 31 de octubre de 1979, que declara “…de interés hemisférico permanente encontrar una solución justa y equitativa que proporcione a Bolivia acceso soberano y útil al océano Pacífico para consolidar una paz estable que estimule el progreso económico y social en el área de América directamente afectada por las consecuencias del enclaustramiento de Bolivia”.

Esto convirtió el conflicto bilateral en un asunto de interés permanente para los países del continente sudamericano.

Retorno a lo bilateral

Han pasado 36 años desde la aprobación de aquella hasta ahora insuperable resolución y, considerando el 42 Periodo de Sesiones de la oea en Tiquipaya, Cochabamba, en la cual, tras la intervención de los cancilleres de Bolivia, Chile y varios ministros y jefes de delegación, se afirmó que ambos gobiernos (de Bolivia y Chile) deben reanudar, lo más pronto posible, el diálogo y la negociación “bilateral” para encontrar una solución pacífica. Así regresó el asunto al escenario bilateral.

Lo cierto es que la resolución de 1979, al igual que muchas otras de similar importancia, no ha significado un acercamiento más o menos sustancial a la solución de nuestra histórica demanda, pero tampoco es menos cierto que se percibe con mayor hondura en la opinión pública internacional la existencia de un conflicto irresuelto y lacerante para la sociedad internacional, un conflicto que amenaza la paz internacional y la convivencia pacífica.

Ahora bien, frente a este vaivén de posiciones y la vulnerabilidad que tienen los actores en los diferentes escenarios, cabe replantearse nuevamente la cuestión: ¿Cuál es el mejor escenario para desplegar la estrategia marítima boliviana?

De inicio debe afirmarse que ninguno de estos tres escenarios asegura, por sí mismo, de forma individual o separada, resultados positivos o certeros, ninguno garantiza ni constituye una vía única.

Ni las negociaciones bilaterales ni la buena voluntad de Perú o las magníficas resoluciones emitidas por organismos internacionales han sido suficientes para conseguir o, al menos, acercarnos a una solución viable. En rigor, todas las estrategias desplegadas en diferentes gobiernos han fracasado en todos los escenarios. 

Por tanto, creemos que la actual política exterior boliviana, la que lleva adelante el presidente Evo Morales Ayma, así como la estrategia de reivindicación marítima no debería apresurarse a descartar el diálogo bilateral sobre la Agenda de los 13 Puntos, inicialmente aceptada por el Gobierno de Chile (2006- 2010), en cuya amplitud de temas no se reduce ni excluye el conflicto marítimo. Tampoco se debe desestimar por completo el involucramiento de Perú ni la posibilidad de fomentar el desarrollo de una solución trilateral que tarde o temprano se tendrá que afrontar mientras se encuentre vigente el Protocolo Complementario de 1929.

Además, no es posible quedarse con la satisfacción de denunciar la causa marítima en diferentes escenarios y foros multilaterales, ya que el multilateralismo, entendido como un espacio de diálogo, convergencia o articulación de perspectivas entre una multiplicidad de Estados (subregional, regional o global), coadyuva a la causa principal dependiendo de la voluntad política de alianzas circunstanciales.

El tema en La Haya

Por supuesto, limitarse únicamente a un escenario de actuación jurisdiccional, como es el caso de la demanda interpuesta contra Chile ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya (cij) tampoco nos ofrece una garantía que pueda, por sí misma, justificar la exclusión de los otros escenarios o vertientes igualmente importantes.

El reconocido internacionalista boliviano Fernando Salazar Paredes, en su obra Bolivia y Chile: Desatando nudos, señaló con mucha visión que “el problema es bilateral, su solución resulta trilateral y lo multilateral resulta apenas coadyuvante… El abocarse totalmente a lo multilateral no es conducente a la solución del enclaustramiento geográfico de Bolivia. Ni la oea, ni Naciones Unidas, ni ningún otro organismo internacional va a dar solución al problema…”

Un todo complementario

Entonces, lo ideal parece ser asumir los tres escenarios descritos como un todo integral y complementario en el que se pueda desplegar la estrategia marítima boliviana, ya que toda estrategia debe tener a mano varias opciones y no partir de una única fórmula, en este caso de un único escenario. 

En ese sentido, las actividades y acciones que pudieran acompañar el éxito de la estrategia boliviana, por ejemplo la divulgación e información oficial de la causa marítima en diferentes países y continentes, los discursos emitidos por las principales autoridades gubernamentales, los planteamientos que pudieran surgir de conflictos relacionados con la demanda marítima interpuesta ante la cij, entre otros, deben estar pensadas y formuladas considerando la especificidad del escenario, sea bilateral, trilateral o multilateral, pero, principalmente, en función del objetivo central.

La estrategia marítima boliviana ha demostrado ser coherente con el objetivo irrenunciable e imprescriptible que le ofrezca al país un acceso libre, útil y soberano al océano Pacífico.

Despliegue de esfuerzos

En esa misma línea es urgente prestar especial atención a todos los escenarios posibles en los que se deba promover o defender la estrategia marítima y desarrollar acciones específicas en cada una de ellas de forma integral y complementaria.

Concentrar los esfuerzos y los recursos en un solo ámbito o escenario podría ser un error. Es preciso y necesario desplegar esfuerzos y recursos en todos los escenarios que coadyuven al éxito del objetivo, que es la causa principal.    

Esta labor exige una actitud activa, antes que pasiva, y propositiva, antes que reactiva, en los tres escenarios que, aunque diferentes, son complementarios.

*Es abogado y profesor universitario.

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